La reforma de las normales - Gilberto Guevara Niebla | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 19 de Septiembre, 2017
La reforma de las normales | La Crónica de Hoy

La reforma de las normales

Gilberto Guevara Niebla

Como cualquier institución universitaria, las escuelas normales deben cumplir tres funciones fundamentales: docencia, investigación y difusión cultural. Para atender esta triple misión, estas escuelas deben fortalecer su organización académica y autoimponerse una filosofía de calidad, superación, trabajo, rigor, disciplina y crítica.

En este orden de discurso, hay quien piensa que las escuelas normales deben ser autónomas, como las universidades públicas. Pero éste es un asunto muy delicado. La autonomía es una sanción a la libertad de cátedra y una separación institucional respecto del Estado, principios que no son evidentemente aplicables en este caso; no olvidemos que la profesión de maestro de educación básica no es una profesión libre como la del médico o la del abogado.

La profesión docente, por el contrario, está atada a la educación pública y a los principios y mecanismos que la regulan; es, por lo mismo, una profesión de Estado, lo cual no significa que sea una profesión sujeta necesariamente a prácticas burocráticas, rígidas y verticales. Por el contrario, aunque la profesión docente sostiene un compromiso ético e intelectual con la educación pública, al mismo tiempo se nutre del saber pedagógico universal y de la cultura en todas sus vertientes y formas.

Pero la dirección de las escuelas normales tampoco debe seguir totalmente en manos de la burocracia educativa de los estados o de la decisión de los líderes sindicales. El interés académico debe privar sobre el interés político, por lo mismo, pienso que debe crearse un sistema de selección académica para directores, similar al que se pretende establecer para los maestros.

Las escuelas normales deben ser dirigidas por los líderes académicos de la comunidad normalista. Por añadidura, las normales deben dotarse de un sistema colegiado de gobierno académico, un consejo académico, integrado por los maestros más destacados de cada área. Insisto: los maestros. Lo que no puede hacerse, so peligro de volver vulnerable el proyecto de renovación normalista en su conjunto, es dejar en manos de los estudiantes el destino de las escuelas.

Por otro lado, existe consenso en torno al propósito de asegurar que los maestros de las normales sean los mejores maestros de México y para lograr tal propósito se está creando un mecanismo de concursos de oposición que pretende asegurar que las plazas docentes de las normales se otorguen a los aspirantes mejor calificados.

La sociedad y la cultura contemporáneas están en continua y acelerada transformación, por lo mismo, las escuelas normales deben ser instituciones flexibles e innovadoras. La flexibilidad y la innovación se pueden facilitar vinculando la investigación con la docencia, facilitando el intercambio con otras instituciones —nacionales y extranjeras—, y adoptando una filosofía que estimule la crítica académica.

Hay que acabar con el conservadurismo que priva en las escuelas normales, despojarlas de su estructura de gestión vertical y burocrática, eliminar su inmovilismo y encerramiento. Todos sabemos que las normales son instituciones endogámicas, en el sentido no sólo de que su personal académico se integra en gran parte con egresados de la misma institución, sino también en el sentido de que se abren poco a las influencias externas y que en ellas prevalecen y dominan prácticas de autoconsumo intelectual.

Las escuelas normales deben abrirse al conocimiento pedagógico que se produce en el mundo y estar en permanente diálogo con otras instituciones de carácter universitario. Por ejemplo, es de sumo interés que se inviten académicos de excelencia (mexicanos o extranjeros) a desempeñar en sus instalaciones años sabáticos o estancias temporales o que los convoquen para que ofrezcan conferencias o pequeños cursos o seminarios sobre sus temas de especialidad.

Lo anterior supone, desde luego, que aumente significativamente el personal académico de tiempo completo y que la investigación educativa se constituya en una actividad sustantiva. Todo esto en una atmósfera de seriedad, respeto, crítica y diálogo inteligente. Las escuelas normales deben estar animadas por un espíritu permanente de superación y de excelencia y dejar atrás las inercias que las mantenían en el estancamiento.

 

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