Del simulacro a la realidad en 2 horas - Juan Manuel Asai | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 20 de Septiembre, 2017
Del simulacro a la realidad en 2 horas | La Crónica de Hoy

Del simulacro a la realidad en 2 horas

Juan Manuel Asai

2017.—Pensaba, como muchos colegas, dedicar mi colaboración de hoy a recordar el gran sismo del 19 de septiembre de 1985. Y en una de esas jugadas irónicas de la vida, otro gran sismo golpea la ciudad el día de la efeméride, justo un par de horas después de que se realizó un simulacro de sismo a nivel nacional. Todavía en las dependencias públicas y también las privadas, la gente de protección civil portaba sus chalecos de colores luminosos para dirigir los desalojos. Todavía había letreros para ubicar a los contingentes en las zonas de seguridad alrededor de las oficinas, pero en un par de horas todo lo que se hizo durante el simulacro tuvo que hacerse en la realidad. Hay cosas que no tienen explicación. Ésta es una de ésas.

Fue un sismo tan fuerte como el otro, pero creo que se notó en las calles que el tiempo no ha pasado en vano. Los requisitos para construir edificios grandes muestran que está bien ser más exigentes. Los edificios colapsados son los que estaban mal hechos desde antes de 1985, como ese de San Antonio Abad o los de Lucerna. Quiero subrayarlo, los edificios nuevos, construidos después del sismo del 85, aguantaron mucho mejor.

1985.—Sobre ese temblor de más de tres décadas escribí: Aquella mañana, en escasos 90 segundos, las cosas cambiaron. El temblor comenzó en la desembocadura del Río Balsas, frente a las costas de Michoacán y Guerrero. A 400 kilómetros de distancia, el suelo arcilloso del Distrito Federal potenció las ondas destructivas y sobrevino la catástrofe.

Para la Ciudad de México, el sismo del 19 de septiembre de 1985 representa un antes y un después. No era, claro está, el primer temblor que los capitalinos sentían. Por eso mucha gente imaginó que las cosas no pasarían de un susto y quizá de un poco de yeso desprendido. Cuando nos dimos cuenta de que estábamos ante un terremoto distinto, para muchos fue demasiado tarde. Cientos de edificios, entre ellos multifamiliares, escuelas y hospitales, no resistieron y colapsaron, conformando un escenario dantesco. Quien lo vio no lo podrá olvidar. La mortandad fue inmensa.

Las cifras oficiosas nunca pasaron de diez mil víctimas, pero otras fuentes sostienen que murieron 40 mil. El parque de béisbol del Seguro Social de la colonia Narvarte, donde ahora hay una plaza comercial, fue utilizado como morgue para depositar cadáveres entre bolsas de hielo. Hombres rudos, curtidos en la adversidad, se desmoronaron ante la magnitud de la herida. Las autoridades federales y las capitalinas quedaron rebasadas de inmediato. No había programa gubernamental para procesar un evento de esa magnitud. De hecho, ni siquiera había discurso.

En las primeras horas, en un arranque de patrioterismo silvestre, se rechazó la ayuda del exterior, diciendo que nosotros podíamos solos. La verdad es que el mundo se nos vino encima y no pudimos. Brotaron de manera natural liderazgos sociales que después se convirtieron en políticos. Con el paso de los años, varios de ellos bajo las siglas del PRD, se integraron al gobierno de la ciudad. Las carreras exitosas en la ciudad de Manuel Camacho y Marcelo Ebrard arrancaron con las tareas de reconstrucción.

Ese sismo, el de 1985, tuvo un fuerte impacto político. Dentro de pocas horas podremos calibrar el impacto político del nuevo sismo y si los políticos estuvieron a la altura.

jasaicamacho@yahoo.com

@soycamachojuan

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