Ayotzinapa: Emblema de la impunidad - Isidro H. Cisneros | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 25 de Septiembre, 2017
Ayotzinapa: Emblema de la impunidad | La Crónica de Hoy

Ayotzinapa: Emblema de la impunidad

Isidro H. Cisneros

Entre el 26 y 27 de septiembre de 2014, cuarenta y tres estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa fueron víctimas del delito de desaparición forzada. Han pasado tres años y aún se ignora lo ocurrido a cabalidad. Al asesinato de activistas sociales, periodistas y defensores de los derechos humanos, debemos sumar la desaparición de civiles. Sobre lo ocurrido existen distintas hipótesis, pero lo único cierto es que, a pesar de que funcionarios van y vienen, la impunidad prevalece como un grave problema de México. La impunidad representa un crimen sin castigo, es una excepción de condena y una forma de escapar de la justicia. Cuando la impunidad reina soberana, como acontece en nuestros días, representa la negación a las víctimas de la reparación del daño e indica ausencia de un Estado de derecho. Además, un componente de la corrupción política es aquel proceder institucional donde prevalece el punto de vista y el interés particular del grupo que gobierna por encima de cualquier otra consideración.

Estos infaustos hechos deben hacernos reflexionar sobre la manera en que el orden democrático procesa el disenso. La manifestación del desacuerdo favorece la legitimidad de la elite en el poder, la libre expresión de las personas y la convivencia social tolerante y pacífica. El Estado —para decirlo con el jurista y politólogo Luigi Ferrajoli— es el usufructuario del monopolio legítimo de la violencia, pero este monopolio en los sistemas democráticos tiene sus límites. Cuando la fuerza no sirve para disuadir, entonces pierde su razón de ser. La violencia es un tipo de interacción humana que deliberadamente provoca daño físico o psicológico a un individuo o una comunidad. La violencia produce destrucción del tejido social, polarización, odio y resentimiento, así como deseos de venganza. Inicia con actitudes violatorias de los derechos y culmina con agresiones y asesinatos.

El malestar social producido por el caso Ayotzinapa derivó en una profunda crisis de legalidad que ha conducido a una crisis de legitimidad del sistema político en su conjunto. De un lado, crisis de legalidad por el continuo afirmarse de la impunidad, y del otro, crisis de legitimidad porque a la pérdida de consenso le sigue la persistencia inestable y la ingobernabilidad. México requiere urgentemente de una cultura de la legalidad que haga funcionar al Estado como máquina organizada para la imposición del ordenamiento jurídico.

Politólogos, juristas y sociólogos coinciden en afirmar que existe crisis de gobernabilidad cuando se presenta la pérdida del consenso. No habiendo mejor modo de demostrarlo que la obediencia continua y efectivamente concedida. Sin este consenso, ningún Estado tiene la posibilidad de condicionar las conductas sociales. El Estado constitucional de derecho que urge, debe fundarse en una activa cultura de la legalidad. La crisis de inseguridad, corrupción e impunidad sólo puede combatirse con el imperio de la ley. El desarrollo de la cultura política es una condición para el florecimiento de la cultura de la legalidad. Si la cultura política permite la consecución y el goce de mayores prerrogativas para el ciudadano, la cultura de la legalidad conlleva a la preservación de las mismas, es decir, a la consolidación de un orden social democrático de calidad.

isidroh.cisneros@gmail.com

@isidrohcisneros

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