Sensible, solidario... ¡México, qué grande eres! - Fernando de las Fuentes | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 25 de Septiembre, 2017
Sensible, solidario... ¡México, qué grande eres! | La Crónica de Hoy

Sensible, solidario... ¡México, qué grande eres!

Fernando de las Fuentes

Lo esencial de la formación humana

es convertirse en un ser espiritual.

Martin Heidegger

Días de pena y orgullo en México, sentimientos compatibles sólo cuando por la tragedia el alma humana se engrandece para responder con empatía, solidaridad, compasión, fraternidad, generosidad y valentía.

¡México, qué espíritu tan grande tienes! Fuimos uno y fuimos ese pueblo que estamos amando más que nunca, ese cuya sensibilidad volcada al servicio quisiéramos que se prolongara en el tiempo indefinidamente. Pero la historia nos ha demostrado que si no hacemos algo conscientemente, para que ello suceda, lamentablemente volveremos a involucionar.

Y esta tristísima experiencia nos prueba que aquello que necesitamos depende principalmente de que queramos dárnoslo, no sólo como personas (ése es sólo el principio), sino como colectivo, en esa comunión en que hemos estado estos días.

¿Por dónde deberíamos empezar?, me parece que ha quedado claro: sensibilización. Si los seres humanos en general optamos, tanto ante el confort, como ante la desgracia, por endurecer el corazón —el órgano vital no sólo del cuerpo, sino del alma—, es porque no sabemos qué hacer con la sensibilidad. Nos asusta porque nos hace sentir vulnerables, y ante la vulnerabilidad el miedo nos anuncia el peligro del dolor infligido por otros.

Tan arraigado está ese temor en nosotros, que hemos construido poderosas creencias para reforzarlo, con especial énfasis en lo que a los varones se refiere. Si un hombre es sensible, se le niega la posibilidad de triunfar en los ámbitos que involucran poder y liderazgo (justo donde más sensibilidad se necesita hoy en día); si es vulnerable, se le considera débil.

Pero la vulnerabilidad no es debilidad y la sensibilidad no discapacita. Antes lo contrario. La sensibilidad es el “cable” etérico que conecta al cuerpo con el alma y al alma con el espíritu; por tanto, educada y bien orientada, es nuestra fortaleza; volcada al servicio, nuestra satisfacción personal y el sano orgullo colectivo. La vulnerabilidad, por su parte, es lo que nos permite la comunión con nuestros semejantes.

Sensibilizarnos es espiritualizarnos y espiritualizar todo aquello que pensamos, queremos y hacemos. Debemos educarnos para ello, en nuestras casas, entre nosotros, los que optamos por unirnos en lugar de no hacer nada o incluso cometer tropelías; todos los que estamos guardando luto. Somos muchos, millones, que hoy nos abrazamos con el alma.

Sensibilizarnos por voluntad y no por acontecimientos; no sólo respecto de otros seres humanos, sino de la naturaleza. Cuando Mahatma Gandhi dijo que una civilización puede ser juzgada por la forma en que trata a sus animales, se refería justamente a esto, a la sensibilidad.

Una civilización más sensible es una civilización avanzada en conciencia y, por tanto, en acción, en convivencia y en cultura. La sensibilidad no se tiene sólo para unos aspectos y para otros no. Es universal y omnicomprensiva. Otra cosa es que nuestras creencias la hayan restringido a determinadas categorías.

Quien se da permiso de ser sensible ama el arte, la belleza, al planeta (que hoy está empeñado en sensibilizarnos), a los animales, las plantas y todo cuanto existe. Empatiza, se solidariza, sirve. Por eso es que las vías para la sensibilización son el amor, la ternura, la compasión, la generosidad, la gratitud, el perdón, la risa. Todo aquello que nos hace sentir bien y en armonía con nosotros mismos. Eso es lo que nos traerá la paz interior.

No permitamos que en su natural curiosidad nuestros niños maltraten animales o incluso plantas, se burlen de sus compañeros o sean destructivos y descuidados con sus objetos personales. No permitamos a nuestros adolescentes ser crueles con otros, desconsiderados con nosotros, eufóricos en sus diversiones, desobedientes en sus obligaciones.

No nos permitamos a nosotros mismos ser indiferentes ante ello. No nos dejemos llevar por el odio y el rencor. Privilegiemos el orden y la cortesía, la honestidad y la solidaridad. Así podremos tener a diario el México que tanto amamos.

delasfuentesopina@gmail.com

 

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