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Reyna “era una mujer de 10, apasionada de sus hijos, cariñosa y fan de José José”

Incineración. El cuerpo de Reyna, última rescatada de los escombros en el Rébsamen, fue cremado ayer en la funeraria J. García López de Tlalpan. Trabajaba en la casa de la directora, que vivía en el interior del plantel. La Marina se hizo cargo de los gastos funerarios

El cuerpo de María Reyna Dávila Martínez fue recuperado la noche del domingo.

La “mujer de 10” fue la última rescatada de los escombros del colegio Enrique Rébsamen, en Coapa… Su nombre: María Reyna Dávila Martínez, de 45 años, y quien trabajaba de manera directa para la maestra Mónica García Villegas, dueña de la escuela.

Desde hace más de 10 años era intendente en la casa de la profesora, ubicaba al interior de las instalaciones escolares, en el edificio derrumbado.

La noche del domingo fue identificada por su esposo, Gregorio Mosqueda, quien siempre mantuvo la esperanza de encontrarla con vida. Jamás se movió del montón de cascajo. Desde ahí, describió a su compañera como “una mujer de diez, apasionada de sus hijos, cariñosa, romántica y fan de las canciones de José José, espléndida cocinera y especialista en postres”.

El cuerpo de Reyna fue cremado ayer al mediodía, en la funeraria J. García López de Tlalpan.

“Llevaba casado con ella 16 años y fui un hombre feliz, doy gracias a Dios de haber compartido mi vida con ella, de que haya sido la madre de mis dos hijos”, dijo Gregorio, acompañado de familiares y de sus compañeros de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), donde trabaja en el área de mantenimiento eléctrico.

Gregorio Junior, de 15 años, y Valentina, de 13, eran consolados por sus abuelos, tíos y primos… Valentina cursaba el segundo de secundaria en el Rébsamen, pero durante el terremoto logró ponerse a salvo.

“Mis chavos están destrozados. No lo pueden creer… Es como una pesadilla de la que quisiéramos despertar. Me tocará sacarlos adelante y lo haré en honor de mi mujer. Es una promesa”, expresaba Gregorio como para sí.

La vio con vida, por última vez, a las 6:30 de la mañana de aquel martes 19.

“Fui a dejarlas a la escuela, a ella y a la niña. Sólo recuerdo que le di un beso y me dijo: que tengas un gran día, mi amor. Nos llamamos en un rato”.

RÉBSAMEN, AUSENTE. Los gastos funerarios fueron absorbidos por la Secretaría de Marina. No hubo ningún apoyo del colegio, ni presencial ni económico.

—¿Y la directora Mónica? —se le preguntó al esposo.

—No he tenido contacto con ella, se perdió.

—Pero si Reyna trabajaba en su casa…

—Sí, pero no ha aparecido. Ninguna autoridad escolar lo ha hecho. Todo lo pagó la Marina.

—Llevaba más de 10 años trabajando ahí…

—Primero voy a recibir las cenizas de mi esposa y llevarlas a casa. Ya después me ocuparé de otras cosas. No sé cómo vamos a quedar con la escuela, se verá en unos días, ya cuando estemos más tranquilos, pero espero que no la olviden, fue muy entregada a la directora.

Hace unos días, Crónica tuvo la oportunidad de charlar con la maestra García Villegas.

—¿Qué va a pasar con Reyna? —preguntó el reportero.

—¿Qué Reyna? –contestó ella—. Es que hay muchas Reynas…

—La que trabajaba para usted en su casa.

—No puedo decir nada por ahora…

A esa Reyna, la romántica, muchos ayer le obsequiaron flores y le dedicaron canciones de José José…

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