La réplica social - Wilfrido Perea Curiel | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 26 de Septiembre, 2017
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La réplica social

Wilfrido Perea Curiel

Desde hace muchas décadas, México ha sido un país particularmente ingrato con sus jóvenes, quienes se han tornado los nuevos olvidados, se les ha relegado y, en el colmo de las injusticias, se les ha enjuiciado de no ser suficientemente participativos y no estar comprometidos con su sociedad.

Hoy esa juventud ha dado la cara por todos, removiendo con sus manos los escombros, le ha mostrado al mundo lo que son capaces de hacer los mexicanos. No se les debe meramente un reconocimiento, se precisa su revaloración social. Estos jóvenes son un verdadero orgullo y la energía que han desatado ya no la detiene nadie.

De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2015 México alcanzó una cifra récord de 30 millones en el segmento poblacional que va de los 15 a los 29 años. Nunca como ahora el país ha tenido tal número de jóvenes.

El total de jóvenes que asiste a la escuela es de 10.1 millones de personas (32.9 por ciento). En general, no asistir a la escuela se vuelve un rasgo muy particular de los jóvenes conforme avanza su edad. Sólo como ejemplo, en su primer concurso de ingreso de 2017, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) aceptó a sólo 12 mil 472 jóvenes, de los 144 mil 61 que presentaron tal examen.

En 2015, México se convirtió en el país con la tasa más alta de mortalidad infantil y adolescente con 95.6 muertes por cada 100 mil adolescentes de 15 a 19 años de edad, de acuerdo con el Mapa de Violencia de Julio Jacobo Waiselfisz.

De los 23 mil homicidios registrados en 2016, la mitad eran jóvenes. Una investigación realizada por el Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), revela que el 40 por ciento de la población encarcelada tiene entre 18 y 30 años.

En México el 22.1 por ciento de los jóvenes son ninis, es decir, no estudian y tampoco trabajan. Entre los países de la OCDE, el promedio es de 14.6 por ciento.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), al primer trimestre de 2017, 15 millones de jóvenes se encuentran ocupados; de ellos, 60.6 por ciento (9 millones) lo está en el sector informal.

En nuestro país, dos de cada cinco jóvenes que han terminado una carrera universitaria se encuentran desempleados. El salario promedio de los jóvenes profesionistas, en su primer empleo, ronda apenas los 6 mil 870 pesos, para los estudiantes de preparatoria que han decidido incorporarse al mercado laboral es de 5 mil 300 pesos y, todavía más desolador, los jóvenes con Bachillerato trunco reciben en promedio 4 mil 308 pesos al mes. Sobra decir que con ese ingreso no pueden proyectar nada.

En contraste con lo anterior, el presupuesto al Instituto Mexicano de la Juventud (Imjuve) en 2016 fue de apenas 350 mdp. Para este 2017, en medio de los recortes presupuestales se contrajo a 298 mdp y para el 2018 el Imjuve tendrá una ligera recuperación que asciende a 311 mdp, de los cuales, 70 millones se destinan a los sueldos de su burocracia.

Es muy complicado que en estas condiciones la juventud crea en las instituciones, en su país, en su gobierno. No es que los jóvenes sean apáticos, hay que entenderlos desde otra perspectiva; lo que sucede es que les genera una enorme flojera el sistema en su conjunto. Hay que reconocer una deuda histórica para con ellos, México les ha dado la espalda. En respuesta, esos muchachos han inundado las calles de esperanza y coraje. Desde cada campamento, en cada piedra que mueven, en cada espontánea iniciativa, la juventud le frota en la cara a la sociedad que pese a que no los comprende ni les brinda oportunidades, ellos serán quienes con generosidad reconstruirán el país entero. Sin duda, quedará en buenas manos. Encarnan lo mejor de nosotros, están hartos de tanta tontería, han tomado las calles y van a hacerse sentir en los años venideros.

pereawilfrido@me.com

 

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