El orgullo de ser mexicanos - Gilberto Guevara Niebla | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 26 de Septiembre, 2017
El orgullo de ser mexicanos | La Crónica de Hoy

El orgullo de ser mexicanos

Gilberto Guevara Niebla

El sismo del día 19 fue una experiencia extrema, nos reveló de golpe nuestra vulnerabilidad, y nos colocó, inopinadamente, ante la perspectiva de nuestra propia muerte. Cada uno de nosotros tuvo, al menos por un instante, la visión del apocalipsis; en un punto nos asomamos al abismo y a la oscuridad infinita.

Fueron segundos de incertidumbre y terror que acabaron de súbito con la rutina de nuestras vidas y nos hicieron descubrir que, más allá de nuestro ego, había fuerzas que imperaban sobre nosotros. En ese momento vimos a nuestro lado, no a nuestros compañeros, sino a otros seres desvalidos y estupefactos que exhibían también su fragilidad.

No eran colegas: eran hermanos y hermanas que participaban del miedo colectivo. Este nuevo sentimiento de fraternidad nos llevó a abrazarnos mutuamente, como niños y, de alguna manera, regresamos a nuestra infancia. Nos olvidamos de envidias, resentimientos, enojos, discordias y volvimos a ser lo que deberíamos de ser siempre: hermanos.

Pasado el sismo, se reveló ante nosotros el espectáculo del desastre, el terror masivo, las muertes, los derrumbes, los desórdenes, las lágrimas y los gritos de ayuda y de desesperación. Un escenario de caos urbano y de absoluto desconcierto en el que decenas de miles de personas se volcaron a las calles sin saber exactamente lo que debían hacer.

Las comunicaciones fallaron, en las primeras horas sobrevino el desconcierto de la ciudad, pero poco a poco el miedo y la anarquía cedieron el paso a la conciencia inteligente de lo que había pasado. Una vez más, la Ciudad de México fue golpeada por el destino y una vez más la población, encabezada por los jóvenes, comenzó a levantarse.

Las redes, antes tan criticadas, comenzaron a funcionar y a movilizar ejércitos de muchachos y muchachas que acudieron a prestar ayuda donde se necesitaba. Los adultos observamos, con orgullo, a nuestros hijos. Junto al dolor de las muertes y de las lesiones, nació un movimiento desinteresado, incondicional, de solidaridad y de ayuda humanitaria.

Ante el sismo, hay que reconocerlo, todos los sectores sociales se unieron para prestar ayuda: las clases trabajadoras, las clases medias, los empresarios, los medios de comunicación, la UNAM, el Poli, las demás universidades, los organismos de la sociedad civil, los colegios profesionales, etc. Los gobernantes hicieron lo propio. Hay que reconocer, sin embargo, que Los Topos, el Ejército y la Marina tuvieron un desempeño sobresaliente y encomiable.

Este fue —es— un momento en el que todos nos sentimos orgullosos de ser mexicanos. Ante el espectáculo de la muerte y la desolación los mexicanos reaccionamos con humildad, con generosidad, con civismo, con entrega y con humanidad. Eso, dijo alguien, hace grande a México y muchos deseamos que esta experiencia inolvidable sea un patrón de conducta que oriente en el futuro nuestra convivencia.

 

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