Estudian si se está generando un gran sismo en la brecha de Guerrero | La Crónica de Hoy
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Estudian si se está generando un gran sismo en la brecha de Guerrero

Científicos de México y Japón investigarán si se acumula energía en esa región temporal. Podría haber movimiento asísmico que relaje el deslizamiento tectónico y no genere terremotos

Estudian si se está generando un gran sismo en la brecha de Guerrero | La Crónica de Hoy

Antes del 19 de septiembre de 1985, los sismólogos y científicos de México y el mundo analizaban la llamada “brecha” o gap de Michoacán, ubicada en la zona de subducción entre la placa de Cocos y Guerrero. Este tipo de brechas no se refieren a un espacio físico o una abertura en la tierra, sino a un espacio en el tiempo. Después del terremoto de aquel año, la brecha de Michoacán “desapareció”.

Desde hace algunos años, los científicos esperan la ocurrencia de un sismo de grandes magnitudes, originado en la “brecha de Guerrero”, ubicada en entre Acapulco y Zihuatanejo, donde se acumularía energía que al ser liberada lo desencadenaría o… tal vez no.

El último reporte que se tiene sobre un gran sismo en esa región es de 1911, señala Raúl Valenzuela, investigador del Departamento del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM, el cual no habría sido registrado con un sismógrafo —hacía sólo algunos años antes cuando se inventó y no se tenían en la región—, sino con reportes históricos. “Tampoco es una garantía absoluta de que el epicentro fuera ahí”.

Tomando en cuenta que ese gran sismo habría ocurrido hace 106 años, el científico explica que  sería un periodo “lo suficientemente largo, como para hacernos temer que un sismo importante se generará en la región”. No obstante, añade, antes de 1911 se desconoce cuándo ocurrió uno anterior, por lo que no se puede predecir si el intervalo de recurrencia de un gran sismo en la brecha de Guerrero es de cada 100, 200, 300, 400 años o más.

Los científicos no cuentan con datos estadísticos suficientes para incluso determinar si existen tales intervalos de recurrencia. Sin embargo, de existir y si se acumula energía en esa brecha temporal, hay una forma de medirla mediante una investigación conjunta entre México y Japón, que determinaría con un poco más de certidumbre si ese gran sismo ocurriría… o no. 

MOVIMIENTOS ASÍSMICOS. Miguel Ángel Santoyo, sismólogo del Instituto de Geofísica, Unidad Michoacán, de la UNAM, señala que existe la posibilidad de que en esa zona específica de subducción se acumule energía suficiente como para producir un sismo grande, pero podría no suceder”. Estudios recientes, añade, han descubierto la ocurrencia de deslizamientos “asísmicos” en la brecha de Guerrero, es decir, un deslizamiento entre las placas de Cocos y Norteamericana que ocurre tan lentamente que no produce sismos, pero sí relaja esfuerzos tectónicos.

“Un sismo se produce cuando ese deslizamiento ocurre en algunos pocos segundos; por otra parte, un deslizamiento asísmico se generaría a lo largo de dos o tres meses, liberando la misma cantidad de energía gradualmente. Ahora investigaremos si ese deslizamiento asísmico realmente está relajando los esfuerzos en la brecha de Guerrero, o si efectivamente se incrementa”.

Para dicha investigación, añade, el Instituto de Geofísica de la UNAM, Conacyt, Cenapred, la Universidad de Kyoto y las agencias japonesas de Cooperación Internacional y de Ciencia y Tecnología, han puesto en marcha un proyecto dentro de la Alianza para la Investigación en Ciencia y Tecnología para el Desarrollo Sostenible (SATREPS, sus siglas en inglés) de Japón.

Santoyo refiere que desde el año pasado el consorcio ha establecido, entre otras líneas de investigación, estudiar los peligros de sismos y tsunamis en la costa de Guerrero. “Este proyecto se enfocará al estudio del peligro sísmico debido a los deslizamientos asísmicos y sismos en zonas cercanas de la brecha de Guerrero”.

Para ello se instalarán diversos instrumentos de medición en el fondo del mar y en tierra para medir la sismicidad de la región, así como sus desplazamientos, mediante técnicas de GPS (Sistema de Posicionamiento Global) muy avanzadas y de alta precisión, así como técnicas avanzadas de medición del movimiento entre las placas de Cocos y Norteamericana y sismógrafos de banda ancha de frecuencia. La instalación de estos instrumentos comenzaría en noviembre.

“Con ello sabremos si se acumula energía de deformación en la zona de la brecha y de ser así, a su vez si hay la suficiente energía acumulada para producir un gran terremoto o no: quizá ese deslizamiento asísmico relaja todo el esfuerzo y ese sismo ocurrirá hasta dentro de mil años, aunque no lo sabemos”.

SEPTIEMBRE 2017. Por su parte, Raúl Valenzuela enfatiza que los recientes sismos del 7 y 19 de septiembre no tienen relación alguna con la brecha de Guerrero, puesto que son regiones muy alejadas. Incluso si hubiera algún vínculo, dice, la diferencia entre un gran sismo —magnitud 8— libera 30 veces más energía que uno de 7, entonces se necesitarían muchos sismos como el que tuvo origen en Morelos para liberar uno como el que se esperaría de la brecha de Guerrero, por citar un ejemplo. “Eso no sólo es improbable, sino que además no sería nada agradable”.

El científico recordó que la información temporal que tienen los científicos sobre los sismos que han ocurrido en México es poca, con respecto a la historia sísmica de hace millones de años, por lo cual no se pueden predecir. “Por ello, si existe una brecha de Guerrero, hasta ahora es imposible predecir si ocurriría un gran sismo en los próximos 10 minutos, 10 años o 100”. Por ello, siempre hay que estar preparados.

 

 

Más de 5 mil réplicas desde el 7 de septiembre

Desde la ocurrencia del sismo de magnitud 8.2 el pasado 7 de septiembre, el SSN ha registrado más de 5 mil réplicas (sismos de magnitudes menores en la región epicentral).
Al igual que cualquier sismo, las réplicas no se pueden predecir.
La actividad sísmica que se está viviendo en el istmo y ­golfo de Tehuantepec está relacionada con el sismo del 7 de septiembre de magnitud 8.2. No hay evidencias de actividad volcánica en la región.
Los sismos pequeños pueden ser percibidos localmente como un “jalón” y estar acompañados de sonidos.

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