Lo mejor y lo peor de México

Manuel Gómez Granados

La más importante certeza relativa a los efectos de los terremotos del 7, el 19 y el 23 de septiembre de este año es que han sacado a flote lo mejor y lo peor de México. Entre lo mejor, la manera en que se repitieron en las calles de la ciudad las muestras de solidaridad, que ocurrieron también en 1957 y 1985, así como en otros terremotos y huracanes ocurridos en México. La solidaridad no es algo nuevo, ha sido una constante de nuestra historia. Qué bueno que no se haya perdido y que ahora sea más eficaz gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Entre lo peor está la manera abusiva, absurda, en que la clase política de nuestro país insiste en aprovechar incluso los peores momentos de nuestra vida en común para enriquecerse o para lucrar con la adversidad. La repulsa a algunos gobernantes ha sido un pequeño castigo, un manazo, que apenas logra expresar qué tan cansados estamos con el uso político de las ayudas por parte de personajes como Graco Ramírez, gobernador de Morelos, o de la presidenta municipal de Juchitán, Oaxaca, Gloria Sánchez, así como con la ineptitud de otros, como en el caso de José Luis Castillejos, alcalde de Tonalá, Chiapas. Otro hecho lamentable es el ataque del que fueron objeto personas que llevaban ayuda, acopiada por parroquias de la Ciudad de México a Oaxaca. Este ataque, ocurrido el miércoles 27, es peor porque apenas el día anterior ocurrió, también en Oaxaca, una amarga confrontación entre militares y la Policía Federal Preventiva, que escoltaba a guanajuatenses que llevaban ayuda al istmo.

Entre lo peor está el que poco más de 250 mil personas han perdido casi por completo su patrimonio. En el caso de las zonas rurales de los estados de Chiapas, México, Morelos, Oaxaca y Puebla, hablamos de poco más de 70 mil viviendas devastadas, pero también hay quienes en la Ciudad de México lo han perdido todo. En la capital, la corrupción hermana las historias del colegio Enrique Rébsamen, los edificios del Canadá Building Group en Emiliano Zapata 56, y muy probablemente los sitios de Chimalpopoca y Álvaro Obregón 286, entre otros. En el estado de Puebla, se desperdiciaron 13 millones de pesos que deberían haberse dedicado a reforzar estructuras de escuelas en Chiautla, Izúcar, Tochimilco y la capital del estado en 2016, que no resistieron la furia del terremoto por razones que a nadie le quedan claras, como tampoco queda claro por qué el Estado de México resultó ser la entidad con el segundo mayor contingente de escuelas que deberán ser totalmente reconstruidas con 192, después de las 267 de Oaxaca.

Ha sido muy bueno que, en la capital, el terremoto del 19 de septiembre de 2017 no haya sido tan devastador como el de 1985, que fue 32 veces más poderoso que el de 2017. Por ello, debería preocuparnos que no se cumpla con los reglamentos de construcciones y que, lejos de endurecer las normas, Miguel Ángel Mancera tuviera planeado relajarla en un acto programado para la tarde del 19 de septiembre de este año; las normas deben ser más estrictas y la vigilancia mayor, sobre todo, en obras públicas, como la Línea 12 del Metro que, gracias a las tropelías en su construcción, seguirá en reparaciones por cuatro semanas más.

Sería bueno también que quienes toman decisiones, observen el enojo que prevalece en el ánimo social y eviten provocar más discordia y desconfianza, que es el peor de los venenos para la democracia.

manuelggranados@gmail.com

 

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