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Dan Premio Nobel a investigadores que develaron el reloj biológico

El descubrimiento de los estadunidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young explica “cómo adaptamos nuestro ritmo biológico a las revoluciones de la Tierra”

Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young durante una conferencia en la Universidad China de Hong Kong.

Los investigadores estadunidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young fueron seleccionados como ganadores del Premio Nobel de Medicina 2017.  La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo, Suecia, dijo que el premio les fue otorgado por sus “descubrimientos de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano” o lo que se conoce popularmente como el reloj biológico.

Este es el primero del conjunto de los seis premios Nobel que se anuncian, cada año, en la primera semana de octubre. El grupo de premios reconoce a las aportaciones más importantes en los campos de Medicina, Física, Química, Literatura, Paz y Economía. La ceremonia de entrega de los premios se llevará a cabo el 10 de diciembre de este año.

El mismo dictamen indica que “sus descubrimientos explican cómo las plantas, los animales y los seres humanos adaptan su ritmo biológico para que se sincronice con las revoluciones de la Tierra”. 

Sus investigaciones permitieron que “podamos echar un vistazo dentro de nuestro reloj biológico y dilucidar su funcionamiento interno”, explicó la institución. El reloj biológico es el responsable de que nos dé sueño por la noche e influye en nuestro humor, estado de alerta e incluso en nuestro riesgo de sufrir un paro cardiaco.

Rosbash y Hall iniciaron sus investigaciones sobre el sueño y el ritmo circadiano hace más de 30 años, en la Universidad de Brandeis, en Boston. Su punto inicial fue estudiar el ritmo circadiano de la Drosophila, la familia de la mosca de la fruta, en 1984. Ambos fueron los primeros en clonar el primer gen del ritmo circadiano de esta mosca.

A su vez, Michael Young ha investigado en la Universidad Rockefeller durante tres décadas la biología molecular y el carácter genético de los ritmos biológicos de la mosca de la fruta. Su papel fue crucial para establecer la relación entre los genes y el comportamiento, ya que sus estudios ayudaron a descubrir muchos de los grupos de genes y proteínas que regulan el ritmo biológico de este insecto, según explica la página web de la Fundación Gruber, de la Universidad de Yale.

SUEÑO Y SALUD. Después de conocerse el nombre de los ganadores, Carolina Escobar Briones, jefa de la sección académica de investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAMI), explicó que los estudios básicos de los médicos estadunidenses han impactado en la forma en cómo se estudia la salud en la actualidad: probaron que alteraciones en el ciclo día y noche de las célu0las pueden desencadenar problemas como el cáncer.

“Si una célula tiene alteraciones en sus genes reloj puede dividirse mal y generar tumores. El cáncer, por ejemplo, es una de las enfermedades que más preocupa y se ha demostrado que presenta una desregulación de los genes reloj”, añadió.

Al utilizar a las moscas de la fruta como modelo, los galardonados aislaron los genes reloj que codifican o fabrican proteínas que se acumulan en las células durante la noche y se degradan en el día, marcando los periodos de sueño y vigilia.

Con gran precisión, estos relojes internos permiten no sólo mantenerse despierto y atento, sino que marcan los ciclos de digestión, la producción de hormonas y el funcionamiento de cada una de las células del cuerpo, todo lo que permite la vida.

“Sabiendo que la mosca tenía estos genes, los galardonados buscaron genes similares u homólogos en los mamíferos, que al igual que en la mosca regulan cada una de las células del organismo”, expuso la profesora del Departamento de Anatomía de la Facultad de Medicina.

La profesora e investigadora universitaria indicó que gracias al trabajo de los galardonados, en la actualidad se sabe que dichos genes son los verdaderos coordinadores de la salud y sin ellos las células se vuelven poco eficientes, se enferman, se reparan mal y acumulan grasas o lípidos, pues no saben cuándo tener o no actividad.

“Si una persona que trabaja a las 3:00 de la mañana quiere comer en ese horario, sus ‘genes reloj’ le dicen que en realidad debe descansar, entonces su digestión no es buena, porque el cuerpo no está preparado para ello. Por eso, es importante seguir los ‘genes reloj’ y respetarlos”, dijo la universitaria.

El médico, ejemplificó, tiene que tomar en cuenta estas alteraciones para reconocer que los tratamientos deben ser diferentes si se dan de día o de noche. Esto abre otro concepto sobre la salud del ser humano: en función del horario, el ser humano se comporta de manera diferente y su organismo no procesa los estímulos como una constante.

De ahí que un bebé, por ejemplo, pueda presentar fiebre en la noche y al día siguiente estar mejor, pero en la noche vuelva a tener problemas de salud, pues es cuando los patógenos pueden afectarlo en mayor medida.

Entre los factores que alteran a estos genes, la investigadora destacó los cambios en los hábitos alimenticios, dormirse muy tarde o levantarse muy temprano, además de la privación completa del sueño.

Escobar Briones, quien conoce a Michael Rosbash, comentó que desde la UNAM se continúa revisando estos ciclos circadianos, pero en un modelo animal más avanzado: los ratones.

“Hemos demostrado que no dormir bien, tener actividad a deshoras o exponerse a la luz en la noche lleva a que los genes reloj en el cerebro pierdan su ciclo”.

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