Trump, digno Homo sapiens contemporáneo - Leopoldo Mendívil | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 03 de Octubre, 2017
Trump, digno Homo sapiens contemporáneo | La Crónica de Hoy

Trump, digno Homo sapiens contemporáneo

Leopoldo Mendívil

MTRO. EDUARDO MATOS  MOCTEZUMA,

ARQUEÓLOGO, ANTROPÓLOGO:

+Todos los hombres nacen iguales,

pero es la última vez que lo son

Abraham Lincoln

Yuval Noah Harari, autor de un libro maravilloso titulado Sapiens, de animales a dioses sobre el origen de la humanidad, donde la historia solo es una disciplina más que con la biología, la antropología, la paleontología y la economía nos descubre hasta los pequeños y los grandes errores que equivocaron el destino de nuestra raza.

Pero Sapiens da a sus lectores la llave maestra para entender a Donald Trump como el eslabón perdido de la raza humana, que ha venido a salvarla de sus propias equivocaciones…

Trump, en realidad, no fue hecho presidente por los votantes estadunidenses, sino elegido por fuerzas cósmicas que le dieron su origen germánico y luego su nacionalidad estadunidense; después lo prepararon para liderar a la potencia mundial y ahí está, comenzando apenas lo que será el nuevo destino de la Tierra.

Enseguida, estimadoi lector podrá usted reírse o tomar en serio lo que le he contado. Escoja usted luego de leer el siguiente trozo de Sapiens:

“A pesar de su proclamación de igualdad de todos los hombres, el orden imaginado que los americanos fundaron en 1776 también establecía una nueva jerarquía entre los hombres, que se beneficiaban de él, y las mujeres, a las que dejaba sin autoridad. Asimismo, creó una jerarquía entre los blancos, que gozaban de libertad, y los negros y los indios americanos, que eran considerados humanos de un tipo inferior y, por tanto, no compartían por igual los derechos de los hombres. Muchos de los que firmaron la Declaración de Independencia eran dueños de esclavos. Y no liberaron a sus esclavos después de firmar la Declaración ni se consideraban hipócritas. En su opinión, los derechos de los  hombres tenían poco que ver con los negros.

“El orden americano consagraba asimismo la jerarquía entre ricos y pobres. La mayoría de los americanos de la época no tenían ningún problema con la desigualdad causada por el hecho de que los padres  ricos transmitían su dinero y sus negocios a los hijos. En su opinión, la igualdad significaba simplemente que las mismas leyes eran de aplicación a ricos y pobres. No tenía nada que ver con los beneficios de desempleo, la educación integrada o el seguro de enfermedad. También la  libertad tenía connotaciones muy distintas de las que posee hoy. En 1776, esto no signifcaba que los que carecían de autoridad (ciertamente, no los negros o los indios, o, ¡Dios no lo quiera!, las mujeres) podían conseguirla y ejercerla. Quería decir, simplemente, que el Estado no podía, excepto en circunstancias inusuales, confiscar la propiedad privada de  un ciudadano o decirle qué hacer con ella. El orden americano, por tanto, defendía la jerarquía de la riqueza, que algunos creían que era ordenada por Dios y otros creían que representaba las leyes inmutables de la naturaleza. La naturaleza, se afirmaba, premiaba el mérito con la riqueza al tiempo que penalizaba la indolencia.

“Todas las distinciones mencionadas anteriormente (entre prersonas libres y esclavos, entre blancos y negros, entre ricos y pobres) se fundamentan en ficciones. Pero es  una regla de hierro  de la historia que toda jerarquía imaginada niega sus orígenes ficticios y afirma ser natural e inevitable. Por ejemplo, muchas personas que han considerado que la jerarquía de personas libres y esclavos es natural y correcta, aducían  que la esclavitud no era un invento humano. Hammurabi consideraba que la habían ordenado los dioses. Aristóteles afirmaba que los esclavos tenían una ‘naturaleza servil’, mientras que las personas libres tenían una ‘naturaleza libre’. Su nivel en la sociedad es simplemente un reflejo de su naturaleza innata.

“Si preguntamos a los supremacistas blancos acerca de la jerarquía racial, obtendremos una lección pseudocientífica sobre las diferencias biológicas entre las razas. Es probable que se nos diga que hay algo en la sangre o los genes de los caucásicos que hace que los blancos sean por naturaleza más inteligentes, más morales, más trabajadores. Si preguntamos a un capitalista empecinado sobre la jerarquía de las riquezas, es probable que oigamos que es el resultado  inevitable de diferencias objetivas en las capacidades individuales. Según esta idea, los ricos tienen más dinero porque son más capaces e inteligentes. Por eso a nadie debería preocuparle que los ricos reciban una mejor asistencia sanitaria, una mejor educación y una mejor nutrición. Los ricos merecen ricamente todas y cada una de las ventajas de que gozan…”

 

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