La afrenta del Frente

Wilfrido Perea Curiel

La semana pasada el INE validó la documentación que había presentado en la víspera el denominado Frente Ciudadano por México, conformado, hasta el momento por el PAN, PRD y MC. Es decir, legalmente habemus Frente opositor, ya quedó registrado ante la autoridad electoral, falta ver si políticamente hablando puede fraguar.

La idea de tal alineación de fuerzas opositoras siempre ha sido recibida con escepticismo. Particularmente por la diferencias ideológicas e históricas que median entre Acción Nacional y el sol azteca. Cabe recordar que con las siglas del PRD, en 2006 y 2012, AMLO buscó la Presidencia de la República. No obstante lo anterior, las dirigencias de ambos partidos han trabajado con vehemencia en este proyecto al grado de materializarlo, al menos en el papel.

Barrales y Anaya convergen en este propósito porque lo observan como una suerte de plataforma para sus respectivas aspiraciones políticas. Obviamente hay sectores de sus partidos que han reaccionado airadamente en contra de lo que les parece una idea descabellada, orientada más por la mezquinad que caracteriza a la clase política, que por una auténtica edificación de ciudadanía. Previsiblemente en ambas formaciones habrá merma, distinguidos cuadros de izquierda y derecha no acompañarán la empresa frentista. Pese a todos estos obstáculos, el Frente ha avanzado, es ya una realidad y se convertirá en un protagonista de la venidera elección presidencial, aunque sus posibilidades aún son inciertas.

En primer lugar, hay que destacar que el membrete ciudadano del Frente no es del todo pertinente. Es para pronto, una iniciativa partidista, particularmente impulsada desde la cúpula de algunos institutos políticos, ni siquiera se puede decir que responde al ánimo de sus militantes. Su lógica es vertical y para nada capilar o surgida desde la base. Pretende un mero reacomodo de actores en el poder, en lugar de impulsar una revisión profunda a las insuficiencias de la democracia mexicana.

El referido Frente, está construido para ser un contrapeso al PRI y al propio AMLO, su visión es de corto plazo, se enfoca en el 2018 y no propone, hasta el momento, la construcción de un nuevo pacto social.

El pragmatismo que lo inspira no va a caer bien en una ciudadanía altamente indignada con todo el sistema de partidos y ahora movilizada a partir de los sismos del 7 y 19 de septiembre. En el Frente tampoco entienden que no entienden. El dolor y la desgracia son factores que ya incidieron en el tablero político del país, en realidad la ruta hacia el 2018 ya cambió. El Frente opositor se erigió para una coyuntura y circunstancia que ha sido rebasada.

El grueso de los partidos, en ceguera total, no alcanzan a ver lo que está sucediendo, son insensibles para observar que ellos son el objeto de la animadversión. La sociedad mexicana observa con hastío su pretensión de engañar con un Frente Ciudadano que no es tal, o bien, con una subasta de “generosidad” con los recursos que les dio el propio pueblo de México. Son patéticos.

Apenas obtenido su registro, el llamado pomposamente Frente Ciudadano por México, ya muestra grietas. Parece tan sólido como uno de esos condominios recientemente vendidos por desarrolladores fraudulentos como antisísmicos y derruidos por el movimiento telúrico, apenas a unos meses de haber sido entregados. Es decir, el Frente precisa un peritaje de resistencia de estructura y materiales. En perspectiva se ve ladeado.

Las flaquezas del Frente surgieron cuando se tuvo que abordar el pequeño detalle del proceso de selección de su candidato. Ahí terminó su compromiso ciudadano y por México y surgieron todo tipo de pronunciamientos encontrados. Que si el abanderado necesariamente debe ser panista por el peso del blanquiazul, que si elección abierta a la sociedad, que si en el PAN no se contempla un proceso abierto. Miserias y flaquezas expuestas. Los partidos hace mucho tiempo que le dieron la espalda a la sociedad y ésta hace mucho tiempo dejó de verlos como vehículos para expresar sus demandas. Desencuentro total sin posibilidad de entendimiento.

pereawilfrido@me.com

 

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