Definitivamente no da tiempo

Marielena Hoyo Bastien

Mi pésame y un cariñoso abrazo a
Luis Cárdenas, por la muerte
de su señor padre.

 

Hace ya tiempo celebraba en este mismo espacio,

muy emocionada, la existencia del perrito CITLA

como fiel guardián del volcán Citlaltépetl, asimismo

 conocido como Pico de Orizaba, la montaña más alta

de México, y lugar donde a posteriori, el can también

se convertiría, por decisión propia, en el guía de sus

innumerables expedicionarios, a los que se les unía

por tramos hasta cerciorarse de su seguro andar por

la cumbre. Me sobreexcitó tanto el caso y el aprecio

que se le manifestaba al chucho, que se me quedó

fuertemente grabado en el corazón pensándolo como

un ángel eterno. Sin embargo, el pasado jueves se dio

a conocer su partida, al parecer a consecuencia de un

tumor en el hígado y cuestiones de corazón grande.

Se le calcularon 14 años de edad, y gracias a que fue

tan querido y considerado como uno de los suyos, y de

entre ellos de los mejores, el Club Alpino Mexicano le

organizó un entierro con honores, quedando su cuerpo

físico sepultado en el que fue su hogar adoptivo,

y donde su espíritu, en adelante, será leyenda.

 

Y… en medio de todo el desastre y la tristeza en que seguimos a raíz del seísmo… llamó mi atención que una vez determinada la imposibilidad de encontrar personas vivas entre los escombros, debido al tiempo transcurrido, se hubiesen dado más rescates de animales, ahora incidentales, pero hechos que con todo el dolor que las pérdidas humanas representan, fueron celebrados ampliamente por propios y extraños. Ver salir vivas a esas criaturas era una esperanza. Entender que a pesar de sus diversas lesiones, deshidratados y enormemente asustados, aún así habían luchado por sobrevivir, fue motivo suficiente para imaginar que los seres queridos podrían correr con la misma suerte. Así fue que se dieron los casos del perro Max y de la perrita Camila, pero, de entre esas angustiantes y riesgosas situaciones, se me reventó de ternura el alma al escuchar a los rescatistas —profesionales y voluntarios— celebrar con porras la sobrevida de esa variada fauna que fueron detectando. Eso, sin duda, habla de un respeto absoluto por la vida; de la inmensa valoración de la misma, y de un cambio de actitud frente a los animales no humanos, impensable para el 85. En lo personal, ver esas manos tan compasivas y fuertes acariciar a las criaturas y luego, observar a sus rescatadores abrazarlas y buscar su resguardo seguro, incluso dándoles antes un beso, serán para mí imágenes imborrables que no terminaré de agradecer a bomberos, topos, militares, marinos y ciudadanos, más escenario, que por otra parte, me dejó un hecho por concluido…

Que tras el brevísimo lapso que se da entre el sonido de la alarma sísmica y el jalón del movimiento telúrico, definitivamente es imposible poner en práctica las recomendaciones que nos fueron compartidas hace ya tiempo, durante el SEMINARIO INTERNACIONAL PARA LA PROTECCIÓN ANIMAL EN LA GESTIÓN INTEGRAL DEL RIESGO, organizado por la Secretaría de Gobernación, el Sistema Nacional de Protección Civil, el CENAPRED y la World Animal Protection. Muchos expertos participaron, y sus exposiciones nos abrieron una baraja de posibilidades para intentar poner a salvo a nuestros animales durante eventos catastróficos, pero la verdad es que… al menos para los temblores… apenas si hay tiempo de persignarse, por lo que deberá trabajarse EL TEMA de manera más eficaz y sobre todo realista. Mientras eso acontece…

No quiero despedir el texto… sin recordar que hoy se celebra el DÍA MUNDIAL DE LOS ANIMALES. Sin pronunciarme a favor del homenaje que se pretende —construyendo un monumento— para los binomios rescatistas y, sin agradecerle a mi querido Refugio Franciscano, al mando ahora de Gina Rivara, el haber recibido a varios perritos dañados física y/o emocionalmente por el terremoto, algunos ahora sin hogar o delicadamente heridos como ANGELITO, que a fin de cuentas no resistió.

Igualmente, reconozco el apoyo que para dos rescates, desgraciadamente infructuosos, nos proporcionaron Ernesto Canto, Director General de Prevención del Delito de la Secretaría de Seguridad Pública de la CDMX, y como tal, responsable de la Brigada de Vigilancia Animal, y el Encargado Operativo del cuerpo referido, oficial Carmelo Hernández Salazar.

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