Dos escenarios para salir de la crisis catalana... y uno para empeorarla

Fran Ruiz

1.- Declaración unilateral de independencia

Se trataría del peor escenario para una salida a la crisis, pero es muy probable, dada la huída hacia adelante en la que se ha embarcado el presidente catalán, Carles Puigdemont.

El próximo lunes, el president Puigdemont presentará en el Parlament catalán los resultados del referéndum del pasado 1 de octubre. Ayer advirtió que “actuará” en base a esos resultados, que fueron de un 90% de votos a favor del “Sí”, aunque (conviene aclarar) la mitad de los catalanes no acudió a votar.

En caso de que el presidente catalán apriete el “botón nuclear” y anuncie una declaración unilateral de independencia, como le exige la izquierda radical anticapitalista, dejaría el campo libre para que el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, active su propio “botón nuclear”, el temido Artículo 155 de la Constitución Española, que anula el autogobierno del que gozan las diferentes regiones españolas. Hasta ahora, ningún gobierno español ha recurrido a esa medida extrema, que podría llevar a la cárcel al presidente catalán, Carles Puigdemont, por sedición, y que generaría graves disturbios en Cataluña y un enfrentamiento civil de impredecibles consecuencias.

2.- Elecciones anticipadas en Cataluña

Se trata de una solución que gana peso entre muchos catalanes, partidarios o no de romper con España, que no ven claro cómo se puede declarar la independencia con una consulta ilegalizada por el Tribunal Constitucional y en la que no participó la mitad de los catalanes. Ayer, El Periódico de Catalunya dedicó su portada a reclamar nuevas elecciones autonómicas, alegando, entre otras cosas, los peligros de la unilateralidad, sobre todo después de escuchar cómo todas las cancillerías internacionales han anunciado que no reconocerán un Estado catalán surgido desde la ilegalidad y enfrentado con España, que es una democracia consolidada.

En caso de que en las elecciones adelantadas los partidos independentistas lograsen una mayoría absoluta clara —no como ocurrió en las últimas elecciones de 2015, cuando los separatistas ganaron por mayoría absoluta, pero no en número de votos—, Puigdemont y sus aliados tendrían más fuerza interna y más apoyo internacional para forzar una negociación con Madrid.

Por el contrario, en caso de que se produjese de nuevo un virtual empate entre separatistas y unionistas, sería el gobierno del PP en Madrid el que probablemente se negaría a negociar, dejando la solución a la crisis en una suerte de impasse, muy perjudicial, para la estabilidad política social y económica de España y particularmente de Cataluña.

Llegados a esta parálisis, habría que esperar a que se convocasen elecciones en España y ver si se forma un nuevo gobierno, más proclive a negociar que el actual de centroderecha. La combinación más factible sería una alianza entre el PSOE, de Pedro Sánchez; Podemos, liderado por Pablo Iglesias; y formaciones minoritarias, como los nacionalistas vascos.

3.- Negociar con Madrid

La opción por la que apuestan la práctica totalidad de las cancillerías internacionales es que las partes enfrentadas se sienten a negociar una salida a la crisis más grave en España desde la dictadura franquista, aunque todas y cada una han coincidido en lo mismo: las negociaciones tiene que producirse dentro de la legalidad de la Constitución Española. En otras palabras, el presidente catalán debe eliminar ya la amenaza de declarar, tan pronto como la semana que viene, la independencia de Cataluña.

¿Qué se puede negociar? Hay dos opciones. La primera, un nuevo encaje de la singularidad catalana en el Estado español, que podría llegar mediante el reconocimiento de Cataluña como una nación, que viniera acompañado de un nuevo Estatuto de autonomía que le diera a Barcelona más poderes. La segunda, pactar un referéndum de independencia vinculante, como hicieron Escocia y Quebec, con sus respectivos gobiernos centrales británico y canadiense, que lo permitieron, a cambio de reservarse el derecho a imponer las condiciones. Pero, de momento, esta última posibilidad de salir de la crisis se ve tan lejana como el fin de las obras eternas de la Sagrada Familia de Barcelona. Habrá que esperar al lunes a ver qué pasa.

fransink@outlook.com

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