Adiós, Mancera

David Gutiérrez Fuentes

Desde antes del sismo, Mancera estaba destinado a ser un sacrificado político de esa farsa protopriista llamada Frente Ciudadano en la que se dieron cita las cúpulas tribales del PRD y el PAN, para armar candidaturas a modo que le dieran continuismo al modelo de Peña Nieto. La idea de ese Frankestein Ciudadano era darle un barniz democrático al repartidero de puestos de elección popular y más tarde, en caso de resultar beneficiados en las urnas, a los cargos públicos en las secretarías. Por su natural antipatía, por despreciar el oficio político con frases rosa mexicano como el color de su marca: “Cinco años de hechos, no de política” y por sus innegables nexos con el cártel inmobiliario del cual más que capo es un pésimo operador, a Mancera se le iba a dar un premio de consolación, como la fiscalía encargada de combatir la corrupción, y para Anaya, previo arreglo entre las tribus panistas, estaría destinada la candidatura presidencial. Mientras tanto, la dueña del departamento en Miami daba brinquitos y alzaba la mano para quedarse con la candidatura de Chilangolandia. Pues bien, si antes del sismo esos sueños de opio levantaron muchas cejas, después de la tragedia que afectó a varios estados, es obvio que además de la popularidad del presidente que sigue en picada, el Frankestein Ciudadano sufrió una embestida en Morelos y en Chilangolandia.

Primer acto: tiembla no es broma

A menos de dos horas de capitalizar la tragedia del 85, la Tierra decidió conmemorar a su manera y le regaló a Mancera, a sus secuaces en la ALDF, en la Seduvi, en el Invea y en la Secretaría de Desarrollo Económico, operarios todos del cartel inmobiliario que se ha venido denunciando desde que Ebrard nos gobernaba, un sismo de 7.1 grados. Una “sacudidita” (comparada con el sismo del 85) que acabó con la vida de más de dos centenares de personas y cuyas secuelas paralizaron al gobierno de la Ciudad de México. Y mientras la ciudadanía se encargaba de realizar su chamba, el sismo enterró bajo toneladas de escombros las aspiraciones presidenciales de Mancera: ¿o de veras cree que todavía es posible dejar el cargo para jugar a la no política como lo ha venido haciendo?

Segundo acto: qué mala suerte

Al paso de los días, las evidencias de la corrupción inmobiliaria que financiaría las campañas de varios de los candidatos del Frankestein Ciudadano, se siguen apilando. La más grotesca de todas ellas fue la caída del sistema del SEDUVI. Durante años, numerosas instituciones ciudadanas denunciaron la opacidad del gobierno de Mancera no sólo por esconder el Atlas de Riesgo de la Ciudad de México, bajo el argumento mendaz de que se vendría abajo el negocio de la construcción, sino por el sistemático ocultamiento de los expedientes que permitieron la edificación de torres, complejos habitacionales y plazas comerciales violando las normas de construcción. Algunos de estos edificios se vinieron abajo y otros sencillamente resultaron inhabitables. Mucha gente perdió en menos de un minuto su patrimonio. Casi ninguno de los departamentos que se vinieron abajo o tuvieron que desalojarse, fueron de interés social, aunque varios se edificaron bajo esa figura amparada en la Norma 26, que en realidad se hizo para violar las leyes y reglamentaciones.

Tercer acto: para muestra un botón

El enriquecimiento de varios sinvergüenzas que antes del sismo aspiraban con regresar a gobernar delegaciones o seguir siendo jueces y parte de este jugoso negocio se puede ejemplificar de manera muy clara mediante Simón Neumann, exsecretario de Seduvi y actual asesor de Mancera para los Cetrams, quien de acuerdo a la Silla Rota, se encargó de vender a través de la Promotora Inmobiliaria Dekah, la friolera de 168 departamentos en un edificio en Delegación Gustavo a Madero que tuvo que ser desalojado. Y como se lava las manos él, se la han lavado cientos de funcionarios de todas las estructuras que conforman el cartel inmobiliario: “Simón Neumann aseguró que la constructora es Desarrolladora Vertical Home sólo contrató a Dekah para comercializar el edificio. ‘Estuvimos involucrados en la venta, pero no somos responsables de su construcción.’” Y ante la natural pregunta sobre quiénes eran los dueños, sencillamente respondió: “No sé, son varias gentes, no recuerdo”. ¿Qué tal?

Pero hay más. Cuando el equipo de investigaciones especiales de la Silla Rota le pregunta si su promotora presta atención a la normatividad de las empresas constructoras que promueve, responde con las muletillas de rigor del cartel: “Hay documentos legales para construir, tienen su manifestación, la normatividad habla de tener responsables, director responsable de obra, toda esa documentación la enseñaron, pero no somos responsables para nada.”

En otras palabras: Adiós, Mancera.

dgfuentes@gmail.com

 

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