Otros saldos de los sismos

Ulises Lara López

Los sismos del pasado 7 y 19 de septiembre pusieron de relieve muchos temas delicados en la agenda nacional que van desde la disputa protagonizada por los partidos políticos sobre quienes aportan más a los damnificados, pasando por la preocupación compartida sobre el destino de las diferentes aportaciones hasta la indignación y hartazgos sociales del demagógico discurso de los medios masivos de comunicación. En ese marco los daños en las estructuras de 10 mil escuelas de nivel básico son un problema que va más allá de la remoción de escombros y reconstrucción de aulas y laboratorios, porque lo que se ha puesto al descubierto son los entornos con una esctructura social y económica débil en la procuración de los elementos necesarios para cubrir las necesidades de los niños y adolecentes en amplias regiones de México.

En el caso de la capital del país, se pusieron al descubierto una serie de debilidades en torno a las llamadas escuelas particulares. Empezaré por compatir los datos sobre las colegiaturas que Profeco da a conocer en su portal de internet. Nos dice que desde el año de 1990 se ha multiplicado esta oferta educativa y por tanto cuenta con una matrícula cada vez más grande de alumnos dentro del área metropolitana. La colegiatura está estratificada de acuerdo a las diferentes delegaciones y de acuerdo a las capacidades económicas de cada zona, de tal suerte que las colegiaturas anualizadas en Iztapalapa, Nezahualcoyotl, Tultitlan, Valle de Chalco y Coacalco, son en promedio 20 mil pesos más baratas que en Coyoacán, Benito Juárez, Tlalpan, Naucalpan de Juárez, Álvaro Obregón y Cuajimalpa, sólo en nivel primaria, sin contar los 8 mil pesos, de diferencia que representa mantener a un estudiante en nivel secundaria, ni con otros servicios asociados a estos establecimientos educativos como son el transporte escolar, uniformes, clases especiales, útiles escolares e inscripciones.

Si bien existe el estímulo fiscal anual de la Secretaría de Administración Tributaria desde 2012 para deducibilidad de colegiaturas, esta tiene límites y no inlcuye muchos de los otros gastos. Ahora que ha conlcuido la emergencia y seguramente se revisaran los programas de internos de protección civil y nuevas adecuaciones a las reglas de construcción y seguridad de los planteles escolares, surgen algunas interrogantes. Durante mucho tiempo las ventajas de las escuelas particuares respecto a las públicas fueron los horarios ampliados y la enseñanza del idioma inglés, después la computación y más recientemente el uso de TICs y mejores instalaciones. Toda vez que se ha evidenciado que para muchos dueños de las escuelas su principal objetivo es el negocio y que, para elevar sus utilidades ofrecen un sinnúmero de elementos con los que ofrecen mejorar la calidad educativa valdría la pena preguntarle a nuestras autoridades si la seguridad de los planteles será un nuevo componente en costo de las colegiaturas o si les permitirán que forme parte de la oferta de educación privada que sus establecimientos cuentan con seguros, personal especializado en prevención y programas permanentes de simulacros con equipos y recursos.

Sabemos que todas las escuelas públicas han sido revisadas o estan en proceso de revisión, entre ellas las 1,216 escuelas privadas deberán contar con su dictamen técnico para continuar sus actividades. Nos enteramos que en el multicitado caso del Colegio Enrique Rebsamen, la SEP le revocó sus permisos de operación, en un acto que puede ser visto como de justicia, para mí, sólo deja más interrogantes, podemos suponer que los padres de famiia buscaran otros espacios para que sus hijos continúen sus estudios y cada uno decidira como arregla los pagos de colegiaturas y servicios. Por su parte los trabajadores administrativos y docentes tendrán que iniciar procedimientos laborales, en virtud que ha desaparecido su fuente de trabajo, pero eso no lo sabemos ya que no existe claridad sobre las previsiones para estos casos.

 

 

 

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