Vida de Cuauhtémoc Cárdenas (VIII)

Edgardo Bermejo Mora

En la historia de las izquierdas en México el plural comprende a la enorme heterogeneidad de sus corrientes hay un acontecimiento cardinal al que aún no se le ha valorado con toda su importancia: la creación en agosto de 1961 del Movimiento de Liberación Nacional (MLN).

Es un momento clave en la construcción de la izquierda mexicana del siglo XX, y también lo es en la formación iniciática de quien a la postre habría de ser uno de sus dirigentes más destacados: Cuauhtémoc Cárdenas.

El grupo de intelectuales, académicos, periodistas, dirigentes populares, sindicalistas y funcionarios del ala liberal del Estado a los que logró convocar la figura tutelar del expresidente Cárdenas, significaba el encuentro más amplio hasta entonces logrado de las diversas expresiones de la izquierda mexicana, con excepción acaso de los comunistas y los lombardistas que se mantuvieron atentos, aunque sin renunciar a su ancestral sectarismo.

El antecedente inmediato del MLN fue la Conferencia  Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz, celebrada en la Ciudad de México en marzo de aquel año.

La división del mundo en dos grandes bloques enfrentados en los años más intensos de la Guerra Fría; el peligro de una guerra nuclear; la emergencia de los movimientos de autodeterminación en la periferia del mundo capitalista; pero sobre todo el triunfo de la Revolución Cubana, que vino a renovar la propia vocación antiimperialista de la izquierda latinoamericana; componían un cuadro particularmente favorable al reagrupamiento de las llamadas fuerzas progresistas que buscaban por primera vez comprender su entorno más allá del canon marxista ortodoxo de la vieja izquierda molecular.

Lázaro Cárdenas era quien mejor resumía este nuevo ímpetu, y se le consideraba por lo tanto un verdadero emblema internacional de lo que podríamos llamar la izquierda autodeterminacionista, no soviética, de la postguerra.

Tuvo capacidad de convocatoria a nivel latinoamericano, y lo tuvo también a nivel nacional. A esta iniciativa se fueron acercando grupos y corrientes que representaban la renovación de la izquierda en México, el punto de encuentro más cercano entre la  izquierda leninista, el antiimperialismo universitario, la disidencia ilustrada y el nacionalismo revolucionario.

Entre otros: Heberto Castillo, Rafael Galván, Víctor Flores Olea, Carlos Fuentes, Enrique González Pedrero, Manuel Marcúe Pardiñas, Narciso Bassols, Ignacio García Tréllez, Natalio Vázquez Pallares, Filomeno Mata, Francisco López Cámara, Pablo González Casanova,  Jorge Tamayo, Vicente Fuentes Díaz, y un grupo de economistas de severa educación marxista  que habría de dominar en la primera etapa del movimiento: Fernando Carmona, Jorge Carrión y Alonso Aguilar Monteverde.

Para Cuauhtémoc Cárdenas el MLN significó un periodo corto pero intenso que medió entre el regreso de Europa en 1959 y su incorporación definitiva al trabajo profesional como ingeniero en  1963, año que también coincide con el de su boda con Celeste Battel, del que, por otra parte, no es posible acceder a más detalles no sólo por el interés expreso en las remembranzas de Cárdenas por separar tajantemente su actuación pública de la esfera privada en la que también habita, sino también porque probablemente no significó una convulsión especial en su vida. Sus pasiones estaban en otra parte y en ese sentido el matrimonio era un punto más de la agenda de la vida, no una estación trepidante y febril que pudiera merecer una evocación más significativa en los años posteriores, en donde siempre ha procurado mantener con celo esta separación elemental.

Antes del surgimiento del MLN,  Cárdenas ya estaba familiarizado con esta nueva élite opositora que representaba el anverso de la moneda del mundo institucional con el que tuvo contacto desde la infancia. Acompañó a su padre a la primera conmemoración oficial del asalto al Cuartel Moncada en julio del 59 hay una foto memorable en la que podemos ver a Fidel Castro en pleno discurso ante miles de cubanos escoltados por los dos Cárdenas; asimismo colaboró de cerca en la organización de la Conferencia Latinoamericana del 61; y finalmente logró un puesto directivo en el MLN al que habrá de servir a todo lo largo de 1962.

Junto con Alonso Aguilar  viajó  a Nueva Delhi, a la reunión que sería el antecedente del Movimiento de Países No Alineados, pero sobre todo recorrieron México para encontrarse con la otra izquierda, la de los movimientos populares y los liderazgos regionales, como el de los campesinos de La Laguna, o el de Ramón Danzos Palomino en Sonora. Este otro sector  de la izquierda social muchos años después sería determinante en sus campañas presidenciales.

En la proclama fundacional del MLN se punga por la vigencia de la Constitución de 1917, la libertad de los presos políticos, la reforma agraria integral, la democracia sindical, el dominio público de los recursos nacionales, el reparto de la riqueza,  la solidaridad con Cuba, la paz y contra el imperialismo norteamericano; pero dejan pasar de largo lo que después sería la bandera central de todo movimiento opositor al régimen: la democracia política, el fin del cesarismo presidencialista y el monismo priista en la república sexenal.

 Tal era la frontera opositora del MLN porque era también la de su guía moral: el General Cárdenas. Era, en ese sentido, un movimiento lisiado en su programa de lucha, y condenado a desaparecer, no tanto por esta insuficiencia programática, sino porque finalmente se contaminó del mal que ha enfermado por décadas a nuestra izquierda: una combinación letal de protagonismos desbordados y divisionismo febril.

Heberto Castillo, su viejo maestro de la Universidad que expresamente le pidió conocer a su padre en aquellos años, llegó a tener una relación muy estrecha con el General y con el tiempo aprovechó esta cercanía para intentar desplazar al grupo de Alonso Aguilar en la dirección del Movimiento. Finalmente lo consiguió pero no le sirvió de mucho, al  mismo tiempo los sectores más entusiastas del MLN pugnaban por abrirse a la competencia electoral en oposición al PRI.

Los cardenistas no cedieron a la presión “electorera” y ese fue el principio de la debacle y la desaparición del que sería el primer esfuerzo significativo de unidad de la izquierda mexicana, antecedente directo y visible de la unificación partidista de la izquierda en 1981 y 1987, así como de la formación del Frente Democrático Nacional de 1988, y por lo tanto representa un periodo crucial en la formación de Cuauhtémoc Cárdenas y de la corriente política a la que representa.


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