Sin rencores - Fernando de las Fuentes | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 09 de Octubre, 2017

(Primera parte)

La ira desaparecerá tan pronto como los pensamientos de rencor sean olvidados

John Dryden

Si queremos explicarnos por qué “el hombre es el lobo del hombre” y el depredador más sanguinario del planeta, no hay más que buscar en nosotros mismos. Somos el campo experimental por excelencia de nuestras investigaciones en materia de conducta humana.

Sígame en este minúsculo viaje interior para que se convenza: seguramente se ha resentido usted con alguien, alguna vez en su vida. Es decir, vivió una experiencia en la que fue herido, y posteriormente la recicló en varias ocasiones, dándole vueltas al asunto, determinando y reforzando la idea de que fue víctima de una injusticia.

Si ya tiene ese resentimiento de nuevo a flor de piel, vea cómo está indeleblemente acompañado por la necesidad de resarcimiento. Ahora, ¿cuándo fue herido?, ¿cuál es su resentimiento más antiguo?, ¿puede la persona que lo hirió resarcir el daño actualmente?, ¿estaría dispuesta?, ¿mostró en algún momento contrición?, ¿se dio siquiera cuenta de cuánto dolor le causó?

Cuando responda a estas preguntas se dará cuenta de que sus principales resentimientos provienen de su infancia, que la persona que lo hirió está muerta o no quiere resarcirle daño alguno, porque no está arrepentida o simplemente fue malvada o ni siquiera se dio cuenta del perjuicio causado.

Ahora sabe por qué hay gente tan enojada, iracunda, vaya, agresiva a la menor provocación, y desconfiada. Aunque ya no relaciona estos sentimientos con aquél episodio, sigue exigiendo ser resarcida y se siente con derecho a reclamar y avasallar a otros. Ya no ve quién se la hizo, sino quién se la paga.

Eso es lo que le pasa a la humanidad a grandes rasgos. Son mucho más los resentidos que los que perdonan. Muchos más los que evaden el dolor del alma herida y se instalan en el ego humillado.

Aquí está la sutileza que hace la diferencia: el dolor es una cuestión del alma, la humillación del ego. El alma perdona, el ego aplasta a todo el que se relacione con nosotros y acepte la deuda ajena.

El resentimiento es tan grande como fue la ofensa primera, la injusticia original, pero después se alimenta de cualquier conducta ajena que no cumpla nuestras expectativas, y entonces nos volvemos rencorosos, es decir, incapaces de perdonar, tenazmente resentidos, hostiles, explosivos, demandantes, quejumbrosos, gritones, criticones y amargados.

Pero mire dónde está exactamente el núcleo del asunto. Lea esta perla del filósofo rumano Emil Cioran:Nuestro rencor proviene del hecho de haber quedado por debajo de nuestras posibilidades sin haber podido alcanzarnos a nosotros mismos. Y eso nunca se lo perdonaremos a los demás”.

Exactamente, nos resentimos principalmente con nosotros mismos. Por eso cuando le damos vueltas en la cabeza a la ofensa vienen tantos pensamientos de “le hubiera dicho”, “hubiera reaccionado de tal o cual manera”. No nos perdonamos no haber estado a la altura de nuestras expectativas. Ya no recordamos el dolor, sino la humillación.

¿Cómo podemos darnos cuenta? El dolor da tristeza, la humillación rabia. Ante desastres naturales, como los recientes terremotos, todos sentimos tristeza, porque podemos sentir el dolor tal cual es. No hay manera de resentirse con el planeta. Se trata siempre de otro.

Como cualquiera de nuestros sentimientos negativos, el resentimiento puede convertirse en una patología, llamada rencor, y ésta manifestarse en venganza fuera de objetivo, es decir, aquella capaz de masacrar multitudes indefensas, matar a golpes a mujeres, ancianos, niños o animales. Y si a esas vamos, construir un muro o lanzar una bomba atómica.

Debido al rencor, hoy vivimos como dijera la psicoanalista Amelia Musacchio de Zan, en un mundo de “coleccionistas de injusticias. Primero, construyen o imaginan una situación en la que alguien es injusto y los rechaza. Luego se solazan con la cólera de un arsenal de justa indignación aparentemente en defensa propia. Y por último se compadecen de sí mismos disfrutando de un placer psíquico masoquista”.

(Militante del PRI)

delasfuentesopina@gmail.com

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