Botón de pánico o el choque definitivo - Marcel Sanromà | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 10 de Octubre, 2017
Botón de pánico o el choque definitivo | La Crónica de Hoy

Botón de pánico o el choque definitivo

Marcel Sanromà

Durante meses anunciamos el choque de trenes entre Barcelona y Madrid. Durante años hablamos del proceso de independencia de Catalunya (Cataluña en catalán). Durante décadas discutimos sobre el difícil encaje de nuestra tierra dentro de España. Hoy llegó el día de la verdad. Hoy asistimos al ‘season finale’ de este thriller político sin parangón que es la política catalana, al que ya quisieran parecerse El ala oeste de la Casa Blanca, House of Cards o Borgen. Nada, nada, lo de Carles Puigdemont (pronunciado Puchdamón) es mucho más trepidante.

Si todo sigue el guión previsto, esta mañana, hora mexicana, o tarde, hora española, el presidente catalán declarará de manera unilateral la independencia de Catalunya en el Parlament, la Cámara baja catalana. El gobierno español ya ha adelantado en multitud de ocasiones que hará “lo que haga falta” para impedir que la declaración unilateral de independencia sea efectiva.

Y lo que haga falta es, de verdad, lo que haga falta. Que les pregunten si no a las casi 900 personas que tuvieron que ser atendidas el domingo pasado tras la brutal intervención de la policía y la guardia civil en los colegios electorales en el referéndum unilateral de independencia. Por si quedaba alguna duda de que el ejecutivo de Mariano Rajoy va en serio, ayer, Pablo Casado, un alto cargo del gobernante Partido Popular, dijo que Puigdemont no debería declarar hoy la independencia si no quiere “acabar como el que hizo lo mismo hace 83 años”.

El año era 1934, y el mandatario catalán era Lluís Companys (pronunciado Cumpáñs), democráticamente elegido durante la Segunda República española. Com­panys fue arrestado por la república y acabó fusilado, años después, por el régimen fascista de Franco. Es el único mandatario democráticamente elegido en toda la historia de Europa que fue ejecutado.

Casado trató luego de excusarse asegurando que él sólo se refería a lo de acabar en prisión, como si lo de la ejecución pudiera quitarse de la ecuación como quien se sacude una mota de polvo en la camisa. Es una versión de aquello tan típico de “no hombre, no te estoy amenazando, sólo es un consejo”.

Esta salvaje beligerancia no es más que un estudiado guión de cara a la galería. Un gesto hacia los suyos, ésos que comparten manifestaciones en Madrid y Barcelona con neofranquistas varios y gritan pidiendo cárcel para Puigdemont. Y es también fruto del monopolio del uso de la fuerza que le confiere el estatus de Estado-nación, claro.

Y el gobierno catalán, pese a su obligado tono político de un pacifismo casi ghandiano, hace en el fondo lo mismo. Gestos de cara a la galería, como la lectura de los resultados de un referéndum de independencia unilateral con pocas garantías o la aprobación exprés de la propia ley del referéndum en el parlamento catalán.

Porque el diálogo entre ambas partes está completamente roto desde hace no meses, años, y los supuestos movimientos de pasillos de este fin de semana para evitar la ruptura de hoy parece que en realidad nunca existieron. El gobierno catalán ha aceptado todos los ofrecimientos de mediación internacional, mientras que el español los ha rechazado hasta la extenuación. No porque fueran malos; estos últimos días ¡incluso Suiza! se ofreció para mediar entre Barcelona y Madrid; sino porque el ejecutivo de Rajoy se entesta en ignorar que esto es un problema político y no judicial, y por ello considera, erróneamente, que como tiene la fuerza de su parte, puede limitarse a usarla.

Y es lo que hará hoy: Si Puigdemont declara la independencia unilateral, Madrid usará toda la fuerza a su alcance para evitar que tenga efecto. Aplicará el Artículo 155 de la Constitución española para usurpar el autogobierno catalán y, si puede, arrestará a Puigdemont. Está por ver que pueda, porque diversas organizaciones independentistas ya han llamado a la ciudadanía a rodear el ‘Parlament’ para proteger la declaración. Una declaración de secesión que, según citan algunas fuentes, podría ser a las seis de la tarde (once de la mañana, hora mexicana).

Consiga o no Rajoy arrestar a Puigdemont, es difícil pensar que la declaración pueda ser algo más que otro gesto de cara a su galería. Permitirá que catalanes alrededor del mundo, incluyendo México, descorchen botellas de champaña (o de mezcal), y celebren un hito. Porque no se trata necesariamente de obtener mañana una independencia real, sino, por encima de todo, de dejar claro a Madrid que, le guste o no, muchos ya nos fuimos y no vamos a descansar hasta lograr una independencia real y con plenas garantías.

marcelsanroma@gmail.com

 

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