México y la desnuclearización mundial - Leopoldo Mendívil | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 10 de Octubre, 2017
México y la desnuclearización mundial | La Crónica de Hoy

México y la desnuclearización mundial

Leopoldo Mendívil

DR. LUIS VIDEGARAY CASO,

CANCILLER DE MÉXICO:

+Alfonso García Robles

desarmó al mundo

Iván E. Saldaña

En octubre de 1962 México vivió las angustias que hoy sufren Corea del Sur, Japón y otros países asiáticos amenazados por una crisis nuclear que Trump semblanteó como el único camino para frenar a Corea del Norte. Pero gracias a aquellos días, México propició la desnuclearización de las tres cuartas partes de la esfera terrestre ocupadas por 115 países, luego de iniciar con los de Latinoamérica y el Caribe.

Estaba usted, canciller Videgaray, a unos cuatro años de nacer cuando ocurrió la “crisis de los misiles”, que provocó Moscú al intentar convertir a Cuba en su vanguardia para un ataque nuclear a los Estados Unidos. Seguro que conoce la historia, pero aún habemos muchos que la vivimos y durante varios días sudamos y temblamos por la fría amenaza de la que pudimos haber resultado “daños colaterales” y usted quizá no hubiera nacido…

Pero aquello abrió la inquietud del diplomático mexicano Alfonso García Robles para que México iniciara una cruzada por la desnuclearización del mundo y convenció al presidente Adolfo López Mateos de lograr un gran bloque de países para proponer a la ONU el cierre de todo este subcontinente a cualquier sugerencia de admitir esos pedazos de infierno en su suelo. Así nació el Tratado de Tlateloco “para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe”.

Esto sucedió hace algo más de 50 años y si aquel tratado convenció a todos cuando la Fundación Nobel otorgara la semana pasada su premio anual de la paz a la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares, a México le tocó un pedacito de gloria cuando la semana pasada se reconoció el papel que ha jugado durante todo este medio siglo para restarle posibilidades de expansión a la estúpida actitud de gobiernos de países como Corea del Norte, cuyo dictador se está peleando a mentadas de madre, como diríamos aquí, con otro enfermo mental que además es el presidente de la primera potencia mundial.., mientras en el resto del planeta nos miramos desde lejos unos a otros, incapaces de defendernos de esos trogloditas… Beatriz Fihn la directora ejecutiva del ICAN, dijo la semana pasada:

“México ha jugado un rol clave en esto. Fueron fundamentales para iniciar el proceso. Hemos trabajado codo a codo con el personal de la misión en Ginebra, en Nueva York, en la Cancillería, en la Ciudad de México… México nos ayudó a articular el Tratado desde un principio, nos ayudó a delimitar qué es lo que debía incluir, el tipo de lenguaje, el fraseo. Ha sido una fuerza motora e intelectual para impulsarlo.”

Lo anterior, canciller Videgaray, debe significar –me gustaría mucho sí así fuera- que la desnuclearización se volvió una política pública del área diplomática del gobierno mexicano que ha durado ya más de medio siglo, desde que don Alfonso García Robles comenzó a trabajar su idea y obtuvo el apoyo de don Manuel Tello, su jefe, el canciller; y luego de ser adoptada por la Organización de las Naciones Unidas, supongo que como participante en la estrategia de esta última para diseminar la semilla por el planeta, de ir agregando un país hoy, otro mañana, uno más la siguiente semana y así sucesivamente…

Qué grato se siente cuando a México se le reconocen méritos como éste; y qué rabia provoca recordar la pésima fama que otros mexicanos le han provocado. Qué hermosa experiencia fue la de volver a ver a la población capitalina y de las otras entidades volcarse a las calles de la ciudad en donde ocurrieron derrumbes por los sismos de septiembre pasado, para salvar a cuantos pudieran; pero cómo dolió el bofetón de saber que tres exgobernadores priistas se levantaron más de 30 mil millones de pesos al terminar sus respectivas gestiones, cantidad más o menos similar al costó que tendrá la reconstrucción de esos daños.

Como la luciérnaga a la que le cayó encima un sapo y ella le preguntó:

—Sapo, ¿por qué me aplastas?

—¡¿Luciérnaga –aventó el pestilente hocico del sapo–, por qué brillas?!  

 

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