Rapiña en la catástrofe: los abusos de unos cuantos no habrán de opacar la gran solidaridad mostrada por los mexicanos - Jesús Casillas Romero | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 11 de Octubre, 2017
Rapiña en la catástrofe: los abusos de unos cuantos no habrán de opacar la gran solidaridad mostrada por los mexicanos | La Crónica de Hoy

Rapiña en la catástrofe: los abusos de unos cuantos no habrán de opacar la gran solidaridad mostrada por los mexicanos

Jesús Casillas Romero

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, rapiña es sinónimo de robo, pillaje, expoliación o saqueo, esto es, el despojo y apoderamiento de cuanto se halla en un lugar, con la más grande de las injusticias.

Una de las formas más aberrantes de apoderarse de lo ajeno, aprovechando la gran vulnerabilidad de las personas, principalmente cuando es abusando del estado de emergencia y la catástrofe, como la recientemente ocurrida en nuestro país con los sismos de los días 7 y 19 de septiembre pasados.

A partir de estos días, como hace 32 años con el “terremoto del 85”, los mexicanos nos mostramos al máximo la solidaridad y el apoyo de que somos capaces.

Inmediatamente se integraron grupos espontáneos para prestar auxilio al prójimo, conocido o desconocido, eso no importaba, aún a riesgo de sus propias vidas.

Enormes cadenas humanas apoyando, brigadas de voluntarios que buscando rescatar aún con vida a las más personas posibles de entre toneladas de escombros, hombres y mujeres aportando su esfuerzo y ayuda generosa, sus bienes y posesiones con entusiasmo desbordado hacia los afectados, invocando desde luego a la esperanza.

Sin duda, una de las más grandes muestras de la capacidad de participación social y solidaria entre los mexicanos, ejemplos de heroísmo anónimo que nos debemos reconocer.

Sin embargo, mientras esto ocurría, no faltó la sombra de la podredumbre de la que son capaces algunas mentes, porque no se le puede llamar personas.

Me refiero a aquellos que se atrevieron a aprovechar una de las más graves desgracias que nos puede ocurrir, para emprender una jornada de robos y saqueos.

Era doloroso dar cuenta de cómo los damnificados, que habiéndolo perdido todo, se aferraban a lo poco rescatable haciendo guardias en lo que quedaba de sus hogares, ante las acciones de rapiña que se reportaban.

Las noticias daban cuenta de ladrones que se hacían pasar por brigadistas y atacaban zonas en desastre, centros de acopio y hasta los mismos vehículos que trasladaban ayuda humanitaria, como el sabido caso en el que un grupo de voluntarios fueron atacados por delincuentes armados al dirigirse a apoyar al lastimado estado de Oaxaca, con el lamentable saldo de una mujer violada, dos hombres heridos y tres camionetas arrasadas por esta rapiña.

Otro caso muy sonado fue el de la joven Alejandra Vicente, una estudiante que murió en el derrumbe del edificio en el Viaducto Miguel Alemán, a quien le “vaciaron” su cuenta bancaria seis días después de su fallecimiento, a través del uso de su tarjeta magnética robada el día de la catástrofe, con la que según se informó, se realizaron diversas compras.

Estos ultrajes en medio del dolor y la tragedia, constituyen el absoluto lado opuesto al que los humanos debemos mostrarnos, y por ende, merecedores de las más graves consecuencias.

La cárcel y el repudio social son poco para lo que en verdad merecen.

Sin embargo, estos abusos no habrán de opacar la gran solidaridad que nos mostramos los mexicanos, pero indignan, hieren y enojan a un país dolido en medio de la catástrofe.

 

Senador por Jalisco.

 

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