Vida de Cuauhtémoc Cárdenas (IX) - Edgardo Bermejo Mora | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 03 de Noviembre, 2017
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Vida de Cuauhtémoc Cárdenas (IX)

Edgardo Bermejo Mora

Las novatadas de la política

En sus evocaciones autobiográficas Cárdenas refiere con cierto orgullo que no se salvó de las “novatadas” cuando ingresó al bachillerato en el Colegio michoacano de San Nicolás, y cuando se inscribió en la Escuela de Ingeniería de la UNAM. Su descripción incluye rapado obligatorio, toques eléctricos, baños de chapopote y la expedición de un certificado de “perro” que le garantizaba inmunidad.
Al referirse con insistencia a estos hechos, Cárdenas se muestra seducido por la idea de haber sido, al menos por una vez en la vida, como todos los demás, sin diferencias ni privilegios. En aquellos rituales de la barbarie estudiantil le dieron trato de iguales y ese hecho lo marcó de tal forma que sigue formando parte de su memoria afectiva tal y como lo refiere en su conversación con Paco Ignacio Taibo II, así como en la que sostuvo con el periodista James Fortson, ambas publicadas como libros.
No serían éstas, sin embargo, las únicas veces que debió sufrir los rigores de la novatez. En 1973, tres años después de la muerte de su padre y cuando decide por fin lanzarse a la brega política, recibe un desplante mayor del presidente  Luis Echeverría y siente acaso por primera vez el peso temible de la orfandad.
Desde muy joven Cárdenas comprendió que no podría profesionalizarse en la política a la sombra de un padre como el suyo que todo lo abarcaba con su figura. Pero lo cierto es que más tarde fue víctima de una terrible paradoja: la ausencia de su padre lo desprotegía y lo dejaba al amparo de esa otra encarnación omnisciente de la paternidad  nacional que era el presidente de la República. De esta manera, pasó de cargar el peso mitológico de su padre, a sufrir el peso ontológico del presidencialismo mexicano.
Cuauhtémoc Cárdenas colaboró con Luis Echeverría en proyectos de consultoría técnica durante la campaña presidencial de 1970. Ya antes lo había encontrado en diversas ceremonias oficiales y convites de la familia revolucionaria a la que ambos pertenecían.
Una vez terminada la campaña, la relación entre ambos se limitó a las giras de trabajo del ahora presidente por la entidad, en las cuales solía incluirse una visita a la Siderúrgica Las Truchas y al proyecto urbano de ciudad Lázaro Cárdenas en el que trabajaba Cuauhtémoc.
A lo largo de 1973 Cárdenas viajó con frecuencia a la ciudad de México para solicitar una entrevista con el presidente, pero no la consiguió. Le dieron largas y evasivas y al final comprendió que no habría respuesta positiva a su intención de competir por la candidatura del PRI al gobierno de Michoacán.
Sus sospechas se confirmaron en 1974 tras el destape del secretario de Industria y Comercio, Carlos Torres Manzo, compadre del presidente y beneficiario directo de sus atribuciones digitales.
Cárdenas recuerda haber hecho público  un manifiesto en el que se quejó por la forma de seleccionar al candidato, que constituía una crítica velada a Luis Echeverría. El antecedente de su renuncia al Consejo Consultivo de la CNC, y esta nueva protesta, aunque tímida, anticipan la que será  una relación compleja y delicada con el partido en el que sólo hasta entonces se reconoce como su militante en activo.
Con Luis Echeverría, le recuerda Cárdenas a James Fortson, “tuve oportunidades que yo agradezco y reconozco como técnico. (Pero) Cuando busqué una participación política no encontré las puertas abiertas”.  
Asumía Cárdenas, sin ningún miramiento, que su ingreso a la política debía contar con el aval presidencial. Si no Echeverría, José López Portillo habría de ofrecerle la plataforma necesaria para su lanzamiento a la política nacional bajo el canon tradicional de la participación priista.

 


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