La valoración de científicos. Una opinión - Voces de la UAM | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 18 de Octubre, 2017
La valoración de científicos. Una opinión | La Crónica de Hoy

La valoración de científicos. Una opinión

Voces de la UAM

 

Francisco Flores Pedroche*

 

¿Cuál es la figura ideal de un científico? Los que nos dedicamos de tiempo completo a esta labor, nos hemos formado una idea, no necesariamente compartida, de lo que es o debería ser nuestro perfil. Esta idea ha sido modulada, influenciada o manipulada, en muchos casos, por diversos sistemas, que desde afuera imponen modelos preestablecidos, por modas internacionales o bien por la concepción de un grupo de notables que favorecen algunos de los elementos que constituyen el quehacer de un profesional de la Ciencia.

En general, los profesionales de la ciencia trabajamos en Instituciones de Educación Superior (IES) que privilegian tres actividades sustantivas: investigación, docencia y difusión. Algunos otros se desarrollan en espacios dedicados exclusivamente a la investigación o a la docencia.

En general estas actividades son objeto de una valoración, por parte de comisiones constituidas ad hoc de entre los representantes más destacados de la comunidad científica. Como marco de referencia me permito citar algunos sistemas que miden o evalúan el trabajo de los científicos. A manera simplemente de ejemplo, utilizaré un modelo local que es mi institución, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), uno nacional que es el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y uno mundial que es el ResearchGate.

En la (UAM) nos jactamos de poseer un instrumento que contempla las actividades a realizar por todo profesor contratado. Se denomina, TIPPA (tabulador para ingreso y promoción del personal académico) (http://www.uam.mx/legislacion/tippa/tippa/assets/basic-html/page-1.html#) y que no permite, en teoría, la supuesta subjetividad de los evaluadores. Este instrumento es empleado para el ingreso, promoción y marco de referencia para los estímulos que el personal académico recibe durante su estancia en la Institución. El instrumento se basa en puntajes y limites por actividad. Las actividades con un mayor puntaje son las relacionadas con la investigación: libro científico 6,600 puntos máx.; artículo de investigación 3,300 máx. Contrasta la docencia, por ejemplo ¡la elaboración de un plan de estudios a nivel licenciatura! 1,500, no se refiere a una materia o programa como le llamamos en la UAM, sino a todo el plan. La difusión, la más castigada, reconoce un artículo de divulgación con 330 puntos, la participación en comités editoriales 110 y un artículo periodístico 20 puntos.

Por su parte el SNI, que como su nombre lo indica, privilegia la actividad de investigación, aunque es considerada la docencia (como formación de recursos) y la participación como requisitos complementarios, posee comisiones dictaminadoras por área de conocimiento y cada una de ellas posee criterios específicos de evaluación (http://www.conacyt.gob.mx/index.php/sni/convocatorias-conacyt/convocatorias-sistema-nacional-de-investigadores-sni/marco-legal-sni/criterios-sni) y aunque en general, se considera que la promoción entre niveles tiene que ver con el prestigio y reconocimiento nacional o internacional, el fundamento central y definitorio sigue siendo cuánto se produce y dónde se publica. El criterio que prevalece, ante la ausencia de un tabulador explícito, es el del impacto de las publicaciones, según los índices internacionales como el Journal Citation Reports (JCR).

ResearchGate (https://www.researchgate.net/), sitio independiente e internacional que ha propuesto, desde 2008, una visión diferente de cómo ponderar el trabajo de los investigadores. Aunque la columna vertebral de este sitio es la colaboración entre científicos, la investigación, de ahí su nombre, sigue siendo la actividad preponderante. Proyectos de investigación, participación en preguntas y respuestas, contabilidad de vistas al perfil y citas de los trabajos son algunos de los factores que complementan la evaluación per se de la investigación para brindar un “RG score” para cada participante.

Como se puede apreciar en los modelos citados, la publicación de artículos sigue ponderándose como un criterio casi exclusivo para el reconocimiento de la labor de un científico. Es bien sabido que esta tendencia ha creado muchos vicios y no buenas prácticas entre el gremio, aspectos que no son material del presente escrito pero que es importante regresar a ellos cada vez que se puede.

Varias voces se han alzado para criticar ciertos esquemas de evaluación, sobretodo los que privilegian el factor de impacto de las revistas donde se publica. Algunos buenos ejemplos son la declaración de San Francisco 2012 y la opinión de Premios Nobel (www.youtube.com/watch?v=6MQ8R0OyvyQ).

Una de las alternativas viables, a estos esquemas de reconocimiento, sería considerar la trayectoria global del científico, reconociendo como fundamental su participación en actividades diversas, en un balance que contemple la investigación, la docencia a nivel superior (incluyendo licenciatura, postgrado y educación continua), la gestión (administrativa y académica), la participación (Foros, Sociedades, Comités), la colaboración (intra e interinstitucional) y la difusión (comunicaciones dirigidas a público en general), entre otras. El reconocimiento por entidades internas y externas, nacionales o extranjeras al “expertise” del trabajador son elementos a considerar también. Esto es a lo que llamo Científico Integral, un profesional de la ciencia preocupado no solamente por publicar resultados sino en compartir experiencia, formar nuevos profesionales, intercambiar opiniones de manera interdisciplinaria e informar y formar opinión pública en asuntos de interés diverso para la Sociedad.

Tres elementos impiden una visión como la antes expuesta: El primerotiene que ver con un gran reto, que es la independencia de criterio. Esto necesariamente considera el rechazo o cuando menos la duda, de los sistemas actuales de evaluación. Ante la credibilidad o falta de prestigio, acudir a sistemas que prometen evaluar objetivamente el impacto de los trabajos transfiere la responsabilidad de los evaluadores a un limbo de posibilidades.

El segundo se encuentra precisamente en los cuerpos de pares que evalúan el desempeño de otros colegas. ¿Cómo se integran? ¿Quiénes participan? ¿Cuál es el perfil adecuado para esta tarea? ¿Quién los elije? ¿Cuánto tiempo ejercen su labor? ¿Se garantiza su independencia y objetividad?

El tercero es la ausencia de una visión de actualización periódica o permanente, en los instrumentos de evaluación, que sea sensible a los cambios institucionales, personales y mundiales en la ciencia y que permitan reconocer caminos y momentos por los que transita la vida del científico.

La condición de científico integral no está necesariamente relacionada con la edad, ni con el tiempo de ejercicio de la profesión. Está fincada en un compromiso de interacción y en una declaración de participación plural. En esta visión, la formación de nuevos científicos conlleva un cambio en el paradigma de la producción científica.

 

*
Profesor-investigador del Departamento de Ciencias Ambientales de la Unidad Lerma de la Universidad Autónoma Metropolitana.

 

 

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