El gran escape - Aurelio Ramos Méndez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 28 de Octubre, 2017
El gran escape | La Crónica de Hoy

El gran escape

Aurelio Ramos Méndez

Más claro, ni el agua. Si tan sólo fuese por los desfiguros del gobierno y parte de la clase política, supervinientes a la destitución de Santiago Nieto Castillo, la conclusión es unívoca: se busca sepultar para siempre, sin riesgo alguno de exhumación, el secreto de la recepción y destino de los sobornos entregados por Odebrecht al exdirector de Pemex, Emilio Lozoya Austin.

¿Cómo? A base de enmarañar este episodio hasta hacerlo imposible de desenredar. Y, para ello, ofrecerle a Lozoya, pieza clave en la operación del cochupo, a cambio de su silencio, una ruta de escape seguro hacia la impunidad.

De hecho, la huida puede darse por consumada; Lozoya ya es inalcanzable para la justicia.

¡Cómo que por qué! Por la sencilla razón de que ya cobró carta de naturalización la farsa según la cual, con la divulgación por Nieto Castillo de una misiva del presunto sobornado —con la bicoca de diez millones de dólares— quedó hecho añicos el concepto del debido proceso.

Y con la aniquilación —real o supuesta; pero, en todo caso, así percibida por una opinión pública predispuesta por la estridencia mediática— de tal figura jurídica, el exdirector de la petrolera ha quedado virtualmente purificado, cualquiera que sea la realidad de su situación.

Estamos ante una confabulación. La cual inició no el pasado día 20, sino —al menos en su arista pública— cuatro días antes, el lunes 16, cuando se produjo la aparentemente inopinada renuncia del excoordinador Jurídico del PRI a la PGR, Raúl Cervantes Andrade.

Para los ciudadanos del común no es infrecuente suponer que detrás de cada escándalo político y como si se tratara de una obra de guiñol, una mano omnipotente mueve todos los hilos. En este caso, sin embargo, por descabellado que parezca, hay indicios para suponer que esta presunción es acertada. Y esa mano corresponde al ex titular de la PGR.

La sorpresiva salida de Cervantes del escenario se explica en función de lo impresentable que habría resultado el que hubiese sido él, con sus antecedentes de pieza decisiva en el CEN del PRI, quien despescuezara al titular de la Fepade. Por eso tuvo que hacer la chamba sucia, asumiendo con sorprendente aplomo la exclusiva responsabilidad, Alberto Elías Beltrán.

Lejos de la PGR el ex abogado del tricolor, vinieron —primero en un foro en la UNAM y en seguida al diario Reforma— los dichos de Nieto Castillo, con relación a los cuales todo es misterio. No se sabe si se trató de mera imprudencia, sabotaje deliberado, simple protagonismo o genuino uso de la libertad de expresión.

Conviene, no obstante, ponderar las acciones del suspendido titular de la Fepade a la luz de sus antecedentes. Por ejemplo, la forma cómo, mediante infidencias que violaban el debido proceso, allanó el camino rumbo a la impunidad del ex subsecretario de Gobernación, Arturo Escobar, acusado en su momento de graves delitos electorales.

Añádase ahora la manera tan facilona como Nieto Castillo se salió —o pretende hacerlo— de foco, dejando al

Senado colgado de la brocha con el anuncio de que, aún si los senadores así lo decidiesen, él no regresaría a su puesto en la Fepade. Así nomás. Como si nada. Cuando debería ser imputado, mínimo, de prevaricación, obstrucción de la justicia y asociación delictuosa.

La deslenguada del ahora exfiscal operó como contraescape para Lozoya. En medio de la batahola configurada por sus declaraciones, el presunto sobornado corrió en sentido contrario hasta la mesa del ministerio público. Presentó dos denuncias, quejándose… de violaciones al debido proceso.

Nieto Castillo dijo “ahí está el arpa, ya no toco”; pero el mal ya está hecho. La confabulación —de la cual él es uno de los eslabones más importantes— no buscaba remover a un fiscal incómodo, en previsión de una contienda electoral cerrada en 2018, sino cubrir con un manto de impunidad los comicios de 2012. Complicar el capitulo Odebrecht hasta el punto de hacerlo indescifrable y garantizar impunidad para sus actores estelares.

La cosa no pudo salir mejor para el PRI, sus aliados y sus operadores, empezando por Lozoya y los beneficiarios directos de los supuestos o reales dineros de la constructora brasileña. Además del pasaje hacia la impunidad el caso ha reportado un cúmulo de ganancias.

Ya no se discute si la destitución de Nieto Castillo ha quedado firme o puede tener reversa. Pero, cualquiera que hubiera sido el desenlace en la Cámara Alta, la Fepade habría resultado irremediablemente vulnerada, de hecho acéfala.

Si el fiscal electoral hubiera sido echado a escobazos, ¿alguien podría creer invulnerable a quien lo remplazara? De haber sido repuesto en el cargo, ¿habría salido indemne de este trance el concepto de imparcialidad, imprescindible en ese cargo?

Y, de haberse dejado vencer el plazo senatorial como estratagema para defenestrarlo, ¿a quién o quiénes beneficiaría una Fepade acéfala y en recomposición en pleno proceso electoral?

Mención aparte merece el histrionismo de los más sobresalientes miembros del elenco de este repulsivo espectáculo.

Fingió Cervantes al dizque dejar la PGR para desbrozar el camino de os acuerdos en torno de un fiscal general, cuando lo hizo para borrar las huellas del priismo en la jugada. Y fingió Nieto al buscar hacer aparecer como desinteresadas declaraciones cuya real intención era sentar antecedes de violación al debido proceso.

Y de plano mintió el pelotón de sedicentes rebeldes del PAN al decir, por voz de Javier Lozano, que en modo alguno su voto estaba comprometido. ¡Caramba, es evidente aun para el más desprevenido de los observadores, que esos legisladores constituyen una cantera de votos para ayudar al tricolor en lo que requiera! Así lo dejó entrever Lozano al justificar la actitud del puñado de disidentes del blanquiazul ante la toma de la tribuna senatorial: “No somos sumisos, somos institucionales”.

Como se ve, el desenlace del caso Nieto Castillo ha develado una maquinación con actores de primera línea.

aureramos@cronica.com.mx

 

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