La incongruencia y la falta de línea: ¿política ecológica? - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 28 de Octubre, 2017
La incongruencia y la falta de línea: ¿política ecológica? | La Crónica de Hoy

La incongruencia y la falta de línea: ¿política ecológica?

Carlos Matute González

El Presidente Zedillo, que es un liberal confeso, a una pregunta expresa sobre la política industrial nacional contestó: la política es que no hay política. Lo mismo sucedió cuando alguien quiso saber sobre el proceso de sucesión: la línea es que no hay línea. Dejar hacer, dejar pasar. La mano invisible del mercado o la fuerza del electorado son los determinantes de la economía o la política.

Dependiendo de la forma de ver la vida, se puede estar de acuerdo con el presidente Zedillo u oponerse. El resultado fue la apertura del país a la globalización económica y la creación de las condiciones propicias para la alternancia en el poder, con las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas (FODA) que estos dos fenómenos provocaron, que se analizan por lo menos desde dos perspectivas: los impulsores y los detractores.

Sin embargo, proponer la misma estrategia con las políticas públicas de equilibrio ecológico y protección de medio ambiente del Valle de México parecería absurdo si tomamos en cuenta que los principales actores son entidades públicas, que aparentemente compiten por satisfacer a una clientela política con intereses opuestos e irreconciliables, como pueden ser: los desarrolladores urbanos, los vecinos, los transportistas, los peatones, los automovilistas, los ciclistas, el comercio ambulante, los mercados sobre ruedas, los marchistas y un largo etcétera. Esto se complica aún más en la medida que un individuo puede pertenecer a varios de estos grupos y ver el asunto desde visiones diferenciadas o, incluso, contradictorias. El programa general de ordenamiento ecológico del Distrito Federal fue emitido en el 2000, en 2008-2010 se actualizó, y hoy en la página de la Sedema se informa que está en proceso de revisión.

Entonces, en esta materia, con intenso contenido regulatorio por la importancia de imponer límites precisos a los intereses económicos de un mercado que no le importa dañar al medio ambiente, sino maximizar la utilidad, es inconcebible que no haya una línea clara. Sin tomar en cuenta que siete entidades federativas integran la megalópolis de la Ciudad de México y que debiera haber una mayor coordinación entre ellas, es preocupante que el gobierno de la ciudad no marque una línea precisa a las dependencias relacionadas con la materia: las secretarías del Medio Ambiente, Movilidad, Desarrollo Urbano Y Vivienda, Desarrollo Social, y Finanzas, entre otras, no tienen una agenda compartida y compiten por dar resultados con indicadores fijados unilateralmente.

La regulación es una maraña con las lagunas y contradicciones suficientes para que siempre haya una interpretación y aplicación distintas en los gobiernos central o de las demarcaciones territoriales, una ciudadanía confundida, empresarios “abusados” e inspectores dispuestos a entender a conveniencia la reglamentación. La mayoría de los programas son genéricos, normatividad o reglas de operación, sin acciones específicas (www.sedema.cdmx/programas/programas), salvo movilidad sustentable, acción climática y residuos sólidos.

Avenidas principales, como 20 de Noviembre y Patriotismo con mesas, macetones o espacios verdes descuidados ocupando un carril del arroyo, disminuyendo la circulación vehicular y creando largos cuellos de botella; proyectos del Metrobús inconclusos y crecimiento insuficiente de la red del Metro; carriles de ciclistas sin conectividad entre colonias (ver base cartográfica); política de parquímetros inconsistentes y poco transparentes respecto al destino de los recursos recaudados; centros de transferencia modal (Cetram) improvisados; aplicación arbitraria del reglamento de tránsito, basada fundamentalmente en fotomultas, y laxitud en su aplicación a microbuseros y automovilistas que suelen dar vueltas prohibidas y obstruir vialidades; políticas de verificación vehicular inconsistentes; reglamentos de construcción orientados ecológicamente, pero no aplicados en las zonas de asentamientos irregulares, como el Cerro del Judío, los Dínamos, Ajusco, el pueblo de Santa Fe o los canales de Xochimilco y Tláhuac, entre muchas más; desarrollos inmobiliarios desordenados en las barrancas al poniente del valle y los pedregales; comercio en vía pública caótico e invasión de banquetas por los restaurantes y bares en toda la ciudad, especialmente en las delegaciones Cuauhtémoc y Benito Juárez; una estrategia de ampliación de espacios para los peatones sin sentido de integración a la funcionalidad de la Ciudad; falta de un plan maestro de transporte público; obras de infraestructura vial aisladas sin integralidad, como en su momento fueron los ejes viales o el trazo del circuito interior; inexistencia de una política global de creación, mantenimiento y conservación de espacios verdes y parques; falta de reparación a la red de agua potable —problema agravado por el temblor— que genera socavones sorpresivos; y muchos más.

Las acciones de gobierno en estas materias deben incorporar la participación ciudadana —ciertamente— pero no es correcto que sean sólo un conjunto de ocurrencias que dan respuesta inmediata a demandas aisladas de grupos que pueden tener motivaciones ocultas, buenas intenciones imprácticas o visiones elitistas de la vida comunitaria. Basta recordar el fracaso del proyecto del corredor Chapultepec-Glorieta de Insurgentes.

Cada dependencia atiende su “clientela política”, en una especie de balcanización —división excesiva de las autoridades territoriales— o escuelita Montessori en la que los funcionarios dejan volar su imaginación a la vista de un maestro que no establece un orden mínimo de acción colectiva y permite el caos como estrategia de trabajo. Esto es evidente en el manejo de las barrancas del poniente, que siendo importantes para el equilibrio ecológico de la Ciudad, son las más afectadas por los desarrolladores urbanos y nuevas vialidades. Hay que estar atentos.

Profesor del INAP

cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

Imprimir

Comentarios