¿Por qué persiste la corrupción? - Maria Elena Álvarez de Vicencio | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 28 de Octubre, 2017
¿Por qué persiste la corrupción? | La Crónica de Hoy

¿Por qué persiste la corrupción?

Maria Elena Álvarez de Vicencio

La corrupción es la causa principal de los problemas nacionales, permea todos los ámbitos y estratos de la vida del país y sus consecuencias se agravan por la impunidad.

La impartición de justicia es selectiva, un robo menor puede dejar en la cárcel por varios años a un ciudadano sin defensor y puede no pisarla un defraudador que cometió graves delitos de peculado o sobornos millonarios, si cuenta con influencias o astutos abogados. Criminales de todo tipo, si tienen dinero, encuentran la forma de disminuir o eliminar las penas de una sentencia.

En el ámbito gubernamental el peculado, la ficción en las licitaciones y el desvío de los recursos, que además de afectar la calidad de las obras, aumenta la pobreza y priva de los servicios, especialmente educativos y de comunicación, a muchas comunidades, pasan inadvertidas para los Órganos Fiscalizadores si son del mismo Partido, o comparten con ellos los beneficios.

Pero la corrupción más dañina, porque afecta, ofende y causa cinismo en la sociedad, se da en los trámites ante la Administración Pública. Esta corrupción es doblemente perniciosa porque crea hábito y convierte en cómplices a los ciudadanos que al beneficiarse con sus resultados la consideran positiva.

Un ciudadano que solicita un trámite, si quiere que éste avance, deberá dar una mordida (gratificación), aunque su petición esté dentro de la ley y si no está, también la puede obtener, pero en este caso la gratificación aumenta. También funciona para evitar ser sancionado por el incumplimiento de alguna norma y aquí la práctica se multiplica al infinito: Usar la vía pública para comerciar, (paga derecho de piso al líder); no dar de alta a los trabajadores en Hacienda  o en el Seguro Social, o hacerlo con salarios falsos; construir casas o vender bebidas embriagantes sin licencia; no contar con las medidas de seguridad e higiene en oficinas o comercios y las infracciones de tránsito que todos conocemos. Casi nadie se escapa de caer en estos vicios.

Hay otra corrupción que afecta la base de la estructura democrática de la nación, es la corrupción en las campañas electorales, las cuales no se dirigen a promover la  reflexión y a analizar las plataformas de gobierno  y a los candidatos. Se gastan en espectaculares y propaganda alienante, con recursos que se  debieran destinar a servicios públicos: educación, salud, comunicaciones, etc. Y lo más grave, se pervierte el sentido del voto al venderlo por una cantidad, por camisetas, despensas, materiales de construcción, o por promesas de empleo o vivienda. Esto no forma demócratas y menos personas con ética.

La falta de ética en la política y en lo general no es nueva, Sócrates, admirador de Platón (436-338 a. C.) creó una escuela para  formar hombres políticos que sembraran la ética en los ciudadanos: Se propuso la regeneración de la juventud. Estaba convencido del valor de obrar rectamente y esta era su afirmación más repetida:  Lo que más influye en el avance de los pueblos, no es que los pórticos estén cubiertos de decretos, sino que la justicia habite en el alma de los hombres.

Hoy tenemos exceso de leyes y normas para “controlar la corrupción.; se han creado instituciones fiscalizadoras y se han nombrado a personas; impuestas para que las presidan. Se han establecido equipos para supervisar a los supervisores, pero la corrupción aparece como la humedad, surge donde menos se esperaba; se corrigen las Leyes que se acaban de aprobar porque no se previó que ayudan a la impunidad. Se intenta cambiar a las personas que recientemente se nombraron porque se les encontró algo que no se tomó en cuenta. ¿No será que, en el fondo, no se quiere acabar con la corrupción y por eso persiste?

Doctora en Ciencias Políticas

melenavicencio@hotmail.com

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