¿Podemos vernos en el espejo argentino? - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 29 de Octubre, 2017
¿Podemos vernos en el espejo argentino? | La Crónica de Hoy

¿Podemos vernos en el espejo argentino?

Manuel Gómez Granados

Este fin de semana pasado se celebraron elecciones legislativas en Argentina. El resultado cayó como una sorpresa en el ánimo del kirchnerismo, que esperaba regresar por sus fueros al tener a la mismísima Cristina Kirchner, dos veces presidenta y viuda del expresidente Néstor Kirchner, como candidata al Senado en la provincia de Buenos Aires, el equivalente mexicano al Estado de México, no sólo porque rodea a la capital argentina; también porque es la más poblada de las entidades argentinas.

No fue así. Cristina Kirchner perdió en uno de los territorios que le fue más fiel durante los doce años que junto a su marido o por sí ocupó el vértice de la política. Ella será senadora gracias a que Argentina tiene un sistema muy parecido al mexicano, que da a la primera minoría de cada provincia un senador, pero cualquier sueño de hacer de 2017 el momento de la revancha por la derrota que Mauricio Macri le infligió en 2015, tendrá que esperar a otro momento.

Y no sólo fue en la provincia de Buenos Aires. En casi todas las provincias en las que hubo elecciones a la cámara de diputados o la de senadores, la señora Kirchner y sus incondicionales fueron derrotados. En algunos casos por Macri y cambiemos, en otros por las alas no kirchneristas del peronismo, que ya desde finales del mandato de Kirchner le sugerían soltar el control, no perpetuarse en el poder. La arrogancia, que es siempre mala consejera de los políticos (y sus esposas), le impidió ver la magnitud del rechazo, de modo que mientras en la cámara baja, cambiemos de Macri conservó las 40 curules que estaban en juego y ganó 21 adicionales, el grupo político de Kirchner se jugaba 35 de sus curules y quedó con 25.

La elección no le da un mandato absoluto a Macri, pues ambas cámaras sólo se renuevan parcialmente en cada ciclo electoral, pero la ganancia le ha dado al actual presidente lo necesario para emprender algunas reformas en materia económica, pero, sobre todo, para lanzar una de las operaciones contra la corrupción y la impunidad más notorias en la historia reciente de Argentina.

El primer blanco de esa operación ha sido el exministro de Obras de Néstor Kirchner, hombre leal si los ha habido a los Kirchner, Julio de Vido, quien apenas se conoció el resultado de la elección, fue detenido para iniciar el barroquísimo desafuero que eventualmente permitiría encontrar la hebra de una trama de corrupción compleja, que parece copiada de las que conocemos en México. La operación iniciada por Macri con el arresto de De Vido podría evidenciar la manera en que, desde el poder, doña Cristina evadió declarar—al menos—dos y medio millones de pesos argentinos, además de las notables variaciones en su patrimonio, pues pasó de ser de 400 mil a 39 millones de pesos, fruto de la herencia que recibió de su esposo, que sería—a su vez—resultado de las operaciones de blanqueo y peculado que De Vido perpetró desde distintos cargos y que involucran a otro prohombre del kirchnerismo, el empresario Lázaro Báez, quien—junto con De Vido y otros—operaba como testaferro de Néstor, al ser beneficiario de todo tipo de contratos de obra pública.

Es admirable que Macri, lejos de pactar con los Kirchner, se comprometa con un programa anticorrupción. Eso da a la democracia argentina algo que la mexicana no tuvo ni en 2000 ni en 2006: hacer que la política sea vista como instrumento para castigar la corrupción y la impunidad, los peores cánceres de las democracias.

manuelggranados@gmail.com

 

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