Xavier Villaurrutia se convirtió en la figura central del arte nacional: Pedro Ángel Palou | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 01 de Noviembre, 2017

Xavier Villaurrutia se convirtió en la figura central del arte nacional: Pedro Ángel Palou

Para él, al igual que estos tres personajes, la palabra fue su modo de existencia, señala Pedro Ángel Palou. Se convirtió en la figura central del arte nacional y del grupo Los Contemporáneos

Xavier Villaurrutia se convirtió en la figura central del arte nacional: Pedro Ángel Palou | La Crónica de Hoy
Xavier Villaurrutia y su generación buscaban que a través de la cultura hubiera una libertad de pensamiento.

Xavier Villaurrutia (1903 – 1950)  fue un hombre de letras, gran poeta y el escritor que incursionó por todas las expresiones culturales para convertirse en la figura central del arte nacional y del grupo Los Contemporáneos, dice Pedro Ángel Palou.

En entrevista para hablar de la tercera edición de su novela En la alcoba de un mundo – Seix Barral, 221pp-,  señala que también es necesario mostrar que hemos tenido una lectura parcial de Los Contemporáneos: “No son ese grupo de élite intelectual, cosmopolita, ajeno al país, ¡ésa es una absoluta mentira! Ellos tenían un alto grado de acercamiento a la cultura popular, particularmente Villaurrutia, pero además fue un grupo que estaba buscando una salida frente a un nacionalismo de cartón o como decía Salvador Novo: “De exportación made in México”, por una cultura auténtica de la gente y no la que imponía la Secretaría de Educación a través del muralismo y nacionalismo rampante.

“Villaurrutia comparte con Alfonso Reyes, Octavio Paz y José Emilio Pacheco el ser un hombre de letras, para quien la palabra fue su modo de existencia, pero a diferencia de estos tres personajes, él trunca su existencia a los 47 años y no supimos hasta dónde podía llegar, aunque sí es uno de los titanes de la literatura mexicana”.

INTIMIDAD. El también autor de El dinero del diablo explica que no sólo en el caso de Villaurrutia, sino también en los escritores mexicanos hay poco asomo a sus intimidades. “De muchos personajes  como Jorge Cuesta o Salvador Novo se sabe poco, además existe un resguardo de su vida por parte de sus familias, lo que impide tener una visión más cercana de ellos”.

Sobre la vida de Villaurrutia, cuenta que el libro que publicó Novo con las cartas que le mandó Xavier cuando estaba en New Haven, Conneticut, estudiando teatro, lo catapultó. “Leerlas me llevó a conocer la personalidad tan atrayente de Villaurrutia, que por un lado es la figura moral y ética más interesante de Los Contemporáneos, y paralelamente se está desarrollando en todas las artes: crítico de cine y de artes plásticas, dramaturgo, poeta y novelista. Esos textos muestran que cuando regresaba de Estados Unidos, escribe ese poema durísimo  “Nocturno de Los Angeles”, en el cual revela que su libertad terminó, que retorna a una sociedad en la que no puede existir ni como escritor libre ni como homosexual”.

Esta novela, agrega, la escribo como si compilara cosas: las cartas y  los documentos que un ficticio novelista estuvo trabajando  y no pudo entregar a la imprenta porque murió en el terremoto de 1985. Un pretexto narrativo que permitió contar esa intimidad lacerante de un hombre que no puede terminar de ser él mismo, porque la sociedad se lo impide a pesar de la enorme libertad que siente en su creación. “Se va sintiendo cada vez asfixiado. La muerte de Jorge Cuesta, por otro lado, es un llamado de atención de que él no va a poder volver a sentir esa libertad de la inteligencia, esa inteligencia y soledad en llamas que decía otro de los contemporáneos: José Gorostiza, autor del monumental poema “Muerte sin fin”.

Esta atadura impidió a Villaurrutia poder amar a Agustín Lazo, por eso buscaba encuentros sexuales ocasionales y amantes pagados, por ejemplo los boleritos de la ciudad. “Uno de ellos, que narro en el libro, le pega con el cajón en la frente, un hecho que termina en una querella judicial”.

Lo anterior, indica Pedro Ángel, dota a la novela de una sensación casi claustrofóbica en la vida de Villaurrutia, porque no encuentra salidas y al mismo tiempo busca una interpretación de la posrevolución, de la situación de México en los treinta, la enfermedad, el amor a Lazo. “Es una especie de antinovela, en lugar de ser épica”.

Pero Villaurrutia y Los Contemporáneos buscaban un cambio social, cultural, político.

Esto es muy  importante, porque el grupo de Los Contemporáneos, en lo general y particular, les tenemos una lectura exclusiva en la historia de México como una élite intelectual, cosmopolita, ajena al país, ¡esa es una absoluta mentira! Ellos tenían un alto grado de acercamiento a la cultura popular, particularmente Villaurrutia, quien escribe guiones de cine para Fu ­Manchú, para directores como Roberto Gavaldón e Ignacio de Fuentes y el de Vámonos con Pancho Villa. Por otro lado, era uno de los grandes bailarines de danzón. Conocía la vida nocturna de la Ciudad de México mejor que nadie, al grado de que las ficheras le pagaban a él, porque si alguna de ellas bailaba con Villaurrutia al principio de la noche, seguramente tendría la mejor jornada de la semana. Además conocía el teatro de carpa, a sus cómicos y a toreros.

Entonces, la novela, acota Pedro Ángel, también plantea un México distinto al que nos contado de esa época. Así como hay esta cercanía a lo popular, también el grupo estaba buscando una salida frente a un nacionalismo de cartón o como decía Novo: “De exportación made in México”, por una cultura auténtica de la gente y no la que imponía la Secretaría de Educación a través del muralismo y nacionalismo rampante. Villaurrutia y su generación buscaban que a través de la cultura hubiera una libertad de pensamiento, por eso quizás el suicidio de Jorge Cuesta,  el más inteligente de los alquimistas, como lo definía Villaurrutia, fue desastroso. Fue el suicidio de la inteligencia que se ahoga en sus propias llamas y afectó mucho a Xavier.

“Cuando entrevisté a Elías Nandino, Rubén Salazar Mallén y Luis Cardoza y Aragón, antes de publicar el libro en 1992, ellos tenían la hipótesis del suicidio, a diferencia de Octavio Paz,  que no la creía. Sostengo que ese 25 de diciembre de 1950, fue el suicidio de  Villaurrutia, o por lo menos la salida ante la imposibilidad de encontrarse frente al amor”.

En este lado del amor, añade Pedro Ángel, también me interesa la pasión. “El amor puede entenderse en muchos sentidos, pero la pasión sólo se puede padecer en la misma etimología, es una especie de enfermedad que se tiene que vivir con absoluta intensidad, como con la que Villaurrutia vivió su vida.

Porque, explica el autor de Tierra roja. La novela de Lázaro Cárdenas, Villaurrutia no tenía miedo de vivir en su grupo privado, pero sabía que el entorno lo dañaba. “Una prueba fue la polémica, en El Universal Ilustrado, sobre el afeminamiento de la literatura mexicana, (donde) autores como Julio Jiménez Rueda, acusaban a Los Contemporáneos de afeminados”.

En estos momentos que el contrato social de México es complicado, deberíamos buscar en Villaurrutia y en Los Contemporáneos una salida sensible con la cultura a las grandes crisis y violencia.

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