Heberto Castillo y la ciudad de México - René Arce | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 01 de Noviembre, 2017
Heberto Castillo y la ciudad de México | La Crónica de Hoy

Heberto Castillo y la ciudad de México

René Arce

La generosidad de Heberto con su país se vio manifestada una vez más cuando declinó su candidatura a la Presidencia  de la República en favor de la de Cuauhtémoc Cárdenas en 1988. Su humildad también la demostró cuando aceptó ser Presidente del PRD en el entonces Distrito Federal. En esos años el Partido no contaba con recursos económicos y las sesiones del Comité Directivo se realizaban en una lúgubre casona que se encontraba por los rumbos de San Cosme,  recuerdo a los compañeros; entre otros, a Pedro Peñaloza, Ramón Sosamontes y Ciro Mayén. La cooperación económica se tenía que realizar en cada sesión para contar con cafetería, papelería y hasta papel higiénico; no había personal secretarial, auxiliares o choferes, menos aún, gastos de representación, todo se hacía por voluntad y convicciones.

Heberto y un servidor, quien fungía como Secretario de Organización, nos reuníamos una vez por semana para estructurar la agenda de las actividades y el orden del día del Comité Ejecutivo. En su domicilio en la delegación Coyoacán desayúnabamos muy temprano y ahí comentábamos lo que estaba sucediendo en la capital. Heberto tenía en su casa una sala donde había unas maquetas que tenían las diferentes capas geológicas del Valle de México; una de sus principales preocupaciones como científico era encontrar soluciones a los graveas problemas de la contaminación ambiental, la falta de agua y la vulnerabilidad sísmica de la ciudad.

En varias de esas reuniones me fue explicando la gravedad que representaba la extracción de más del 60% del agua consumida en la capital mediante el sistema de pozos, y que no hubiera recarga de los mantos acuíferos con la lluvia, ya que ésta era enviada al drenaje mezclándose con las aguas negras, para después expulsarla mediante bombero al estado de Hidalgo. Esta acción ha provocado que en el subsuelo se formen grandes oquedades, por las cuales los efectos de las ondas sísmicas se vuelven más peligrosas, donde el agua podría jugar un papel de amortiguamiento. Su propuesta era que mediante pozos de absorción se canalizara el vital líquido de la lluvia a la recarga de los acuíferos, consideraba que también habría que modificarse los reglamentos de construcción para que existieran dos tipos de tubería hidráulica, una para las aguas jabonosas y otra para la lluvia, obligando a los constructores de edificios privados y públicos a captar y recargar.

Otra de sus propuestas fue la expulsión del aire contaminado a través de grandes túneles por donde se canalizara la contaminación atmosférica, propuestas que fueron descalificadas en su momento por “supuestos” expertos, seguramente alentados más por intereses políticos que técnicos.

Siendo sincero, en varias ocasiones ante las explicaciones y propuestas del ingeniero Castillo, yo hubiera preferido conversaciones de índole político o escuchar anécdotas de las experiencias vividas por él en su larga actividad cono disidente y líder político. No imaginé que diez años después me tocaría ser elegido para ocupar del cargo de Primer Jefe Delegacional de Iztapalapa, donde dos millones de habitantes sufren, en su mayoría la falta de agua, con un territorio atravesado por fracturas que constantemente provocan socavones y grietas, donde en épocas de lluvia muchas colonias se inundan. Las enseñanzas del científico fueron mucho más importantes que las anécdotas del político para poder realizar un adecuado ejercicio de gobierno. Iztapalapa inauguró la construcción de pozos de absorción de agua de lluvia, represas de contención de la misma y cambio de miles de kilómetros de tubería para disminuir las fugas de agua potable. Se suspendieron por nueve años la criminal política de construir unidades habitacionales por empresarios que no les importaba si había factibilidad de servicios urbanos; se paró de tajo la actividad depredadora de grupos clientelares que invadían zonas de conservación ecológica, tanto en la Sierra de Santa Catarina como en el Cerro de la Estrella que son espacios de recarga natural de agua de lluvia y generación de oxígeno para la ciudad.

Lo anterior fue posible gracias a los conocimientos de quien tanto amó a su ciudad y puso su energía y conocimientos al servicio de ella, lástima que hoy la izquierda no esté a la altura de Heberto Castillo.

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