Día de Muertos: la tradición más viva

Jesús Casillas Romero

El Día de Muertos es una celebración de origen mesoamericano que honra a los difuntos el 2 de noviembre. Se celebra en México, en algunos países de América Central y en comunidades de los Estados Unidos, principalmente con gran población mexicana y centroamericana.  
Sus orígenes son milenarios, pues hay registros de rituales que celebraban la vida de los antepasados de por lo menos tres mil años de antigüedad.
Cuando los españoles llegaron a América trajeron sus propias celebraciones cristianas y europeas del Día de Muertos. Al fusionarse con los nativos del “Nuevo Mundo” se dio una mezcla de tradiciones europeas y prehispánicas que originaron la especial, peculiar y actual celebración del Día de Muertos, sin duda, la tradición más representativa de la cultura mexicana.
Sus festividades cuentan con emblemáticos símbolos que dan un exquisito folclor y un toque muy especial a la mexicanidad en esta celebración:
El altar de muertos y sus ofrendas, con la convicción de que las ánimas de los muertos regresarán a disfrutar los platillos y obsequios ofrecidos. Significa compartir con los difuntos el pan, la sal, las frutas, los manjares culinarios, el agua y el vino.
Las calaveras, singulares composiciones en verso que se escriben en la víspera de la celebración, nacieron a manera de epitafio burlesco en el siglo XIX.
El pan de muertos, es un ofrecimiento que no puede faltar en el altar, pero que finalmente lo comen los vivos.
Las calaveras de dulce, a las que se acostumbra inscribir el nombre del difunto en la frente, incluso de los vivos, como broma inofensiva.
Los petates, que simbolizan el elemento de descanso de las almas y los manteles para colocar las ofrendas.
Las frases alusivas, como expresiones populares sobre la conmemoración, muchas de ellas a manera de refranes que han alcanzado gran notoriedad entre los mexicanos, como “el muerto al pozo y el vivo al gozo”, “de muertos y tragones están llenos los panteones, o aquel de “no estaba muerto, andaba de parranda”.
La visita a los cementerios y la decoración de tumbas con flores y velas, como una forma de iluminar el camino de las almas de regreso a casa para la convivencia en la festividad, algunos, con música y las canciones preferidas de los difuntos en su sepulcro.
Aunque una de las características más emblemáticas es el humor de los mexicanos ante la muerte, utilizando la sátira para burlarse de ella, como la popular “catrina”, ideada por José Guadalupe Posadas, célebre ilustrador y caricaturista mexicano. Es claro  que los refranes “calaveras” y las frases populares también son parte de este humor único de nuestro país.
En fin, detallar las actividades, símbolos y elementos que integran las festividades del Día de Muertos es muy amplio, pero las mencionadas nos recuerdan su importancia y trascendencia, al constituirlas como la tradición más significativa de México, que muestra nuestra admiración al emblemático paso de la vida a la muerte.
Una fecha oportuna para honrar la memoria de nuestros difuntos en el marco de una muy especial tradición mexicana, producto de la cultura hispanoamericana que surgió del encuentro de los pueblos de América y el español.
Hoy día, la tradición más viva de México.
Desde el 7 de noviembre de 2003, forma parte del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO (Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), que de acuerdo a dicho organismo, “revela una sinergia cultural entre el pensamiento indígena y el sistema ideológico importado en el siglo XVI por los europeos”.

Senador por Jalisco

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