Vida de Cuauhtémoc Cárdenas - Edgardo Bermejo Mora | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 04 de Noviembre, 2017
Vida de Cuauhtémoc Cárdenas | La Crónica de Hoy

Vida de Cuauhtémoc Cárdenas

Edgardo Bermejo Mora

(XII y final)

10. Disidencia y fundación

Cuando en 1986 Cuauhtémoc Cárdenas concluye su mandato constitucional en Michoacán, el país ya daba muestras de agotamiento en todos los sentidos: la economía frágil y sometida a un vertiginoso proceso de transformación; el sistema político erosionado e inmóvil; y el viejo discurso de la Revolución Mexicana definitivamente sepultado por una nueva generación de gobernantes que representaban la ruptura con el pasado estatista, frente a personajes como Cárdenas que era un heredero natural de la vieja legitimidad del Estado revolucionario.

En ese sentido aquellos eran los modernizadores, frente a las corrientes nacionalistas como la de Cárdenas que representaban la continuidad conservadora, aunque un capricho de la historia los presentara ante la nación en papeles contrarios.

En verdad ambos proyectos vestían el traje bifronte de Jano: los tecnócratas en el poder blandían la espada de la modernización de la economía pero se escudaban en un inmovilismo político crecientemente autoritario; por su parte, las corrientes “progresistas” exigían democracia política, pero se horrorizaban con palabras como la apertura comercial, la privatización y el libre mercado, dándole la espalda a una nueva agenda temática que el país reclamada en su proceso de reinserción con el mundo del final de la guerra fría y los albores de la globalización.

En este doble diálogo de sorderas y prejuicios se acumulaba la tensión que habría de producir finalmente una fractura en la vieja familia revolucionaria y que propulsarían a Cuauhtémoc Cárdenas la cima de su carrera política y a su consagración como una figura nacional.

Tres décadas después de aquel lanzamiento a las primeras filas de la política nacional, y tras haber competido en tres ocasiones por la presidencia de la República y una por la jefatura de gobierno de la Ciudad de México, Cuauhtémoc Cárdenas se convirtió por largo tiempo en el candidato más votado de la historia del país. 

Sumando los votos que obtuvo en 1976 como candidato a senador por Michoacán y los recabados en 1980 al postularse al gobierno de la entidad aproximadamente un millón entre los dos procesos; los obtenidos en las elecciones presidenciales de 1988, 1994 y el 2000 seis millones en cada una, aproximadamente; así como los sufragios en la elección para jefe de gobierno de la Ciudad de México de 1997 dos millones, el recuento total es que recibió más de 21 millones de votos de respaldo a su figura y trayectoria, una cifra que solo vendría a superar su inopinado sucesor en el liderazgo de la izquierda nacional: Andrés Manuel López Obrador, que suma ya 33 millones de boletas cruzadas con su nombre en tres procesos electorales: 2003, 2006 y 2012.

La fundación de la Corriente Democrática en octubre de 1986; la conformación del Frente Democrático Nacional; la campaña presidencial del 88 y la decisión de mantenerse en la vía institucional a pesar de la elevadísima tensión postelectoral y la evidencias de múltiples irregularidades antes y después de la elección; la creación del Partido de la Revolución Democrática en 1989, con él como su presidente en el primer lustro de vida; la participación electoral ascendente del PRD hasta por lo menos el año de 1997, cuando la izquierda mexicana obtiene el mayor triunfo electoral de su historia al ganar la capital del país y colocarse como segunda fracción parlamentaria en la Cámara de Diputados; representan el momento estelar en la vida política del hijo del presidente Lázaro Cárdenas, con un revés importante en 1994, en el que resultó fallida —por múltiples causas— su segunda intentona presidencial.

Pero lo cierto es que la poco más de una década que media entre 1988, año de su primera campaña presidencial, y el año de 2000, en el que concluye su administración como primer gobernador electo de la ciudad de México y se lanza a su tercera campaña presidencial —de la que saldría derrotado nuevamente sin sobra de duda— representan un periodo edificante en la historia de la democracia mexicana y en el cual su protagonismo es irrefutable.

Siguieron hasta el día de hoy otros tres lustros en que su propia figura política ha sufrido diversas transformaciones.

La saga de los Cárdenas alcanzó tímidamente a la tercera generación, con su hijo Lázaro como senador y gobernador de Michoacán, pero no habría de llegar más lejos. El cardenismo, como fenómeno que conjuga un programa político y una identidad dinástica, habrá de concluir con él.

La izquierda nacionalista y moderada que representó Cárdenas terminó desdibujada primero, marginada después, y finamente desplazada por completo del proyecto que representó el PRD de la etapa fundacional.

Su transición de dirigente político a “líder moral” de la izquierda mexicana tampoco se cumplió en todo sentido.

La fuerza, radicalidad e intensidad del nuevo liderazgo que surgió y se consolidó alrededor de López Obrador, terminaron por cerrarle las puertas hasta disminuir su influencia política a un espacio casi simbólico: la coordinación de los asuntos internacionales en el cuarto gobierno de la izquierda mexicana en la capital que encabeza Miguel Angel Mancera, quien tenía 22 años cuando Cárdenas, en 1988, alcanzó a sus 54 años el clímax político de su vida.

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