La muerte de Arnulfo R. Gómez, el otro contrincante de Álvaro Obregón - Bertha Hernández | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 05 de Noviembre, 2017
La muerte de Arnulfo R. Gómez, el otro contrincante de Álvaro Obregón | La Crónica de Hoy

La muerte de Arnulfo R. Gómez, el otro contrincante de Álvaro Obregón

Bertha Hernández

Ya no había camino de regreso para el general Arnulfo R. Gómez. Lo que empezó el primer día de octubre de 1927 en su casa de la calle de los Arquitectos, en lo que hoy es la colonia San Rafael de la Ciudad de México, era ya el paso decisivo. Atardecía y todo era movimiento. El general preparaba, con José Villagómez, su asistente, el equipaje que enviaría a diferentes domicilios de gente leal. Dejó a sus seguidores más cercanos con el encargo de pasear y dejarse ver por las avenidas importantes de la capital. Él, entretanto, salió hacia Perote, donde se reuniría con su amigo y compadre, el general Lucero.

En auto, se dirigió al Estado de México. Allí tomaría el tren interoceánico para llegar a Veracruz. La crisis política había estallado: Gómez era ya como su otrora compañero, el fallecido  general Francisco R. Serrano, abierto enemigo del general Álvaro Obregón en la brutal lucha electoral. Quedaban atrás las expectativas de una contienda política de caballeros, como correspondía a antiguos compañeros de armas, que habían compartido, durante años, lo mejor y lo peor de la vida militar. Todo era ya muerte y violencia. Francisco R. Serrano tenía 28 días de asesinado en Huitzilac, y Arnulfo R. Gómez sabía que corrían horas muy oscuras: “¡Yo no volveré de esta aventura!” le dijo a sus colaboradores. No sólo era una despedida, era la certeza de su destino.

DE CANANEA AL GENERALATO. ¿Quién era este hombre que apenas unos pocos años antes era orgullo y modelo del Ejército mexicano, el general más joven del grupo sonorense? Arnulfo R. Gómez había nacido en Navojoa en 1890, y la tradición cuenta que Plutarco Elías Calles fue su maestro de primeras letras. Huérfano de padre a temprana edad, tenía 16 años cuando trabajaba ya de mecánico en la mina de Cananea y participó en la célebre huelga.  Se uniría primero al Partido Liberal Mexicano y, después, a la revolución maderista, en abril de 1911, como soldado raso. Fue ascendiendo el escalafón militar en los años azarosos de la revolución. A las órdenes de Calles, en 1913 combatió al huertismo y apoyó en 1915 a Venustiano Carranza. Ese año llegaría a general de brigada. En 1920, sería uno de los sonorenses que secundaron el Plan de Agua Prieta. Entre diciembre de 1922 y julio de 1924, tuvo el mando militar de la Ciudad de México,

No cabía duda de que era uno de los hombres cercanos a Calles y a Obregón. Se le sabía eficaz y confiable. En 1921 recibió el encargo de reorganizar al Ejército mexicano y diseñar mecanismos de disciplina.

Gómez, hasta donde se sabe, se aplicó a conciencia al encargo. Llegó a fundar una revista militar, Marte, que circularía durante años, financiada por la entonces Secretaría de Guerra y Marina, y con la que se intentaba llevar a los soldados mexicanos, textos breves de carácter formativo. Su desempeño fue reconocido en 1923 por el entonces presidente Obregón, quien, incluso, dio instrucciones para que se creara la “Copa General Arnulfo R. Gómez” como premio de excelencia para los triunfadores de concursos de ejercicios de Infantería y Artillería. Todo indicaba que el general Gómez era uno de los personajes señalados como un fuerte candidato a la Presidencia de la República, para así  suceder a Calles, quien, afirmaban los rumores, se había decepcionado del otro sonorense importante, el general Francisco R. Serrano, y empezaba a mirar a Gómez como una buena alternativa.

LA TORMENTA POLÍTICA Y ELECTORAL. Así era el panorama en 1923, cuando estalló la revolución delahuertista. Una versión oral refiere que Gómez recibió la instrucción de asesinar al general Adolfo de la Huerta, a lo cual se rehusó. De ahí en adelante, de­saparecería la buena voluntad de Álvaro Obregón para con el joven general. Corrieron los meses. Gómez llegó a escribir un libro, El Centinela, en 1924, en el cual plasmó sus ideas acerca de la capacitación y formación del soldado mexicano. En 1925, bajo la presidencia de Calles y nombrado comandante de operaciones militares en Veracruz, acaso porque su prestigio y su peso en el mundo militar mexicano era notable, fue enviado a Europa. Gómez convirtió aquel alejamiento en un viaje en el cual estudió los sistemas de las academias militares más importantes. Produciría un libro más, Estudios Militares, publicado en 1926.

Se acababa la gestión de Calles. La sucesión presidencial se volvió un tema fundamental que se convirtió en una potencial bomba, cuando los leales a Álvaro Obregón comenzaron a promover, en el Congreso de la Unión, la iniciativa para modificar la Constitución y permitir que un expresidente pudiese volver a ocupar el poder. Todo el panorama político se trastocó. El 26 de junio de 1927, Obregón hizo pública su candidatura a la Presidencia, cuando Gómez y Serrano ya tenían rato de ser competidores en la contienda electoral.

Gómez había sido designado, en enero de 1927, candidato del Partido Nacional Antirreeleccionista, y había desarrollado una campaña que, además de su propia plataforma de propuestas, había sido una dura crítica a las ambiciones políticas de Álvaro Obregón. Sin dudarlo, Gómez acusó al general manco de traicionar todo lo que los había empujado, tiempo atrás, al campo de batalla. Obregón tenía entonces 51 años. Su joven contrincante tenía solamente 36 años.

LA VIOLENCIA Y LA TRAGEDIA. El 28 de junio, Gómez lanzó una propuesta: si Obregón renunciaba a sus ambiciones reeleccionistas y retiraba su candidatura, él y Serrano harían otro tanto. Pero Obregón nunca respondió a la oferta. Gómez se reunió con Serrano, y acordaron mantener una defensa común del principio de no relección. Pero sus acuerdos ya no importaban, porque Obregón y Calles ya habían decidido frenar cualquier oposición.

Empezaron a correr rumores de que Gómez encabezaría una rebelión. Era factible: tenía peso y prestigio entre los generales mexicanos. Pero el choque de fuerzas enrareció el ambiente: Francisco R. Serrano ya navegaba hacia la muerte, y, consumado el asesinato de su antiguo compañero de armas, Arnulfo Gómez optó por trasladarse a Veracruz, por su propia seguridad. Había pedido licencia y vestía de civil. Así lo apresarían.

Tenía razón: las tropas del gobierno lo persiguieron. Gómez, débil y enfermo —se asegura que había sido envenenado por gente de Obregón— fue cercado el 4 de noviembre en las cercanías de Teocelo y trasladado a Coatepec, donde fue objeto de un juicio sumario y fusilado en el cementerio de esa población veracruzana.

EL GENERAL “MALDITO”. Trajeron a la Ciudad de México el cadáver de Gómez. Su familia estaba refugiada en Los Ángeles y solamente Vito Alessio Robles ofreció su casa de la colonia Roma para velar el cuerpo, que fue sepultado en el Panteón Francés de la Piedad, donde poco antes habían enterrado a Francisco R. Serrano.

Durante años, se mencionó a las víctimas de la matanza de Huitzilac como ejemplo de la brutalidad que conlleva la ambición política. De Arnulfo R. Gómez se habló poco, casi nada, hasta que, en el pasado reciente, sus descendientes comenzaron a rescatar su memoria y volvieron a circular los detalles de los terribles verano y otoño de 1927, cuando la muerte llevó la voz cantante de aquel proceso electoral en el que nadie resultó vencedor, porque, a final de cuentas, tampoco Álvaro Obregón volvió a despachar en Palacio Nacional.

historiaenvivomx@gmail.com

Imprimir

Comentarios