AMLO, el encubridor - Leopoldo Mendívil | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 06 de Noviembre, 2017
AMLO, el encubridor | La Crónica de Hoy

AMLO, el encubridor

Leopoldo Mendívil

LIC. ALBERTO ELÍAS BELTRÁN,

ENCARGADO DEL DESPACHO DE LA PGR:

+El cómplice ejecuta una ayuda

a la acción del autor de un delito

José Roque Albín Huerta

 

Quizás ya usted conoce una coincidencia que hace ya tiempo encontré entre Fidel Velázquez y Andrés López:

En su tiempo, cada uno se ha clasificado honesto por no ser autores materiales de delitos que otros han cometido y a quienes ellos han protegido; y como son muchos, entre todos les han resultado política y económicamente útiles.

Fidel se llevó la corona del caudillismo proletario mexicano del siglo XX y Andrés Manuel busca tozudamente el caudillismo total de una redención mexicana.

Lo anterior cabe perfectamente en el concepto de complicidad, igual honesta y trascendente que delincuencial y mezquina. Política, pues… Fidel, afectado de grandeza, se hizo del liderazgo suficiente para arropar a líderes, dirigentes y activistas obreros menores, pero que con su batuta integraron el conjunto de gran poder que, al otro lado del Atlántico, la Revolución rusa impulsó en una extensa franja del planeta a partir del proletariado nacional de cada país. Así constituyeron un importante poder para el sistema político que la Revolución de 1910 impulsó hasta que, a fuerza de corrupción y los desvaríos que ésta obligaba a cometer, llegó el momento del ocaso revolucionario y de su sustitución…

Pero para entonces, México sufría ya un serio déficit de liderazgos individuales, imposibles de permitir en el sistema duro, cerrado que desgajó la docena trágica de LEA y JLP. Ése fue el nido en donde nació López Obrador y que no ha dado ni uno más…

Luego de haberle cedido el turno para gobernar en la capital del país, Marcelo Ebrard aún intenta promoverse como el único sucesor posible de AMLO y por ello se sometió a un autoexilio en jaula dorada mediante algún cómodo acuerdo con alguna autoridad, para no hacer olas mientras sus sinvergüenzadas se disipaban entre la permanente nata de mugre política.

Se supone que ya López Obrador ha vuelto a aceptar alguna colaboración de Ebrard en apoyo a su tercer intento presidencial; pero alejadito, claro, pues aún le sería peligroso cerca, como tantos leales, ciertos o falsos, que le han cortejado. Sin duda don Andrés es un especialista empedernido en desvalijamiento del erario público. Conoce todos los caminos presupuestales y todas las veredas de las partidas para llegar a los billetes. No roba esos dineros, pero no es un beneficiario legítimo de ellos aunque diga que los usa para hacer mexicanos felices, pues por delante está su proyecto del poder, quizá no tiránico sino simplemente dictatorial de gobernar, aunque mal, por su exigua preparación y verdadera incapacidad.

Y regresando a Ebrard, a quien le ha negado su presencia personal por lo menos en la última cita que presuntamente le iba a conceder, pero llegó su heraldo, uno de sus hijos con el recado y ya.

¿Lo volverá a acercar como parece que quiere hacer con Ricardo Monreal? Reconozcámosle también su enorme expertiz en convertir a las personas en pañuelos de papel, húmedos y arrugados, que ya para nada más le sirven.

Odió también a Roberto Madrazo, más por el asunto económico ya que aquel otro tabasqueño vio resuelto de por vida su problema económico desde chiquito; y cuando se está en el otro extremo, eso duele. Pero en cuestión mecánica política mental, coinciden como dos trácalas irredentos, polos iguales que por ello se repelen.

Y aunque siempre es bueno aprender las lecciones que la vida le depara a uno, AMLO tiene costales de experiencia desperdiciados, porque como nada puede tronar más en la vida que sus propios chicharrones, regresa y regresa a la misma dirección de los yerros anteriores, cuando por llevar la delantera en las encuestas de opinión sobre las etapas tempranas de la lucha electoral le da por fidelear y sentirse todopoderoso hasta ser derrotado al pie del triunfo.

Hacia allá va de nuevo, sin excusa ni pretexto para su inmenso ego.

Ya dijo que su disyuntiva está decidida: O llega a Palacio Nacional o se va al rancho paterno de sonorísimo nombre en tanto que usted, don Alberto Elías, está frente a la oportunidad de hacer historia. Dios los hizo y Andrés y Marcelo se juntaron con ganas de realizar su propia docena trágica capitalina.

Tiene usted las pruebas a la mano, ponga en marcha a la justicia.

La Patria, le juro, se lo agradecerá…

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