Cultura

Los mitos de origen, una de las peores creaciones del hombre: Martín Caparrós

Entrevista. La Historia con relación a esos mitos fundacionales es una ironía sobre el hecho de que toda la cultura de la sociedad busca inventarse mitos de origen que se supone les permita sentirse legitimados. Son totalmente innecesarias esas búsquedas de historias legendarias que hacen sentir que su sociedad tiene un propósito, un destino, una función, añade el escritor

Los puntos de origen suelen ser muy necesarios para fundar patrias y no hay nada más deleznable que la patria, señala Martín Caparrós.

Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) creó hace 18 años una nueva sociedad en donde cada soberano debía decidir cuál era la forma del tiempo en la que vivirán sus habitantes y ahora esa novela titulada La Historia es reeditada por Anagrama, proceso que implicó que el cronista argentino releyera su libro y que encontrara a un Caparrós raro e irónico.

En el marco de la 37 Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), Crónica conversó con Martín Caparrós sobre los mitos fundacionales, las revoluciones del siglo pasado y del tiempo cíclico que concibieron culturas precolombinas.

— ¿Le interesan los mitos fundacionales?

La Historia con relación a esos mitos fundacionales es una ironía sobre el hecho de que toda la cultura de la sociedad busca inventarse mitos de origen que se supone les permita sentirse legitimados. Son totalmente innecesarias esas búsquedas de historias legendarias que hacen sentir que su sociedad tiene un propósito, un destino, una función.

“Los puntos de origen suelen ser muy necesarios para fundar patrias y no hay nada más deleznable que la patria, entonces si algo tengo que decir sobre el punto de origen es que son la condición de una de las peores creaciones del ser humano. La Historia es una gran risotada sobre los mitos de origen, hice el intento de armar uno poniendo en evidencia cómo se arma esa construcción”, responde.

La Ciudad y las Tierras es el mundo en donde Caparrós inventa el origen de los valles argentinos calchaquíes, pero ese mito es contado por un historiador que descubre en una biblioteca francesa un libro que narra aspectos básicos de esa sociedad en donde hubo una revolución por conseguir la vida en el más allá. Pero en la novela, Caparrós también inventa un léxico.

— Menciona que la lengua debe inventar lo que no hay ¿qué faltaba para que creara esta historia?

— No creo que hiciera falta nada. Lo bueno de la literatura es que se puede construir sin que sea necesaria, simplemente se necesita la voluntad de hacerlo. Quería inventar un mundo, tenía ganas de eso y me pasé 10 años inventando esta sociedad de La Ciudad y Tierras.

“Para inventar un mundo también necesitaba una forma de contarlo y ese es el desafío literario del libro: tratar de encontrar una prosa distinta, una estructura distinta, una serie de características que se relacionen con esa sociedad que estaba inventando y no contarla como si estuviera contando un partido de futbol en 2017”.

— ¿Las revoluciones y guerras siempre dejan historias de lo que se destruyó?

— O de lo que se construyó. La historia de los últimos 200 años, es la historia de lo que inventaron ciertas revoluciones, desde la Revolución Francesa hasta todas las revoluciones nacionales que inventaron a nuestros países, llegando a la Revolución Rusa que inventó un mundo muy distinto al que existía hasta entonces.

“En La Historia lo que hay es un intento de revolución o revuelta que sigue un modelo demasiado leninista, de pequeñas células organizadas —esa era la manera en que solían organizarse las revoluciones socialistas del siglo XX— pero cuyo objetivo es conquistar la vida después de la muerte, la vida larga, lo cual es otra puesta en risa de todo ese proceso, porque lo patético del asunto es que lo que quieren obtener es algo que nunca se ha obtenido más allá de la fe. El sarcasmo está ahí, pelear tanto en lo que sólo se puede creer sin poder nunca comprobarlo”.

— La novela habla del tiempo ¿le preocupa cómo ocupa su tiempo?

— Me importa mucho el tiempo. Soy muy consciente del paso del tiempo tanto que casi siempre puedo decir la hora en posición de minutos sin mirar el reloj. Uso reloj sólo para no tener que cargar la hora en la cabeza.

“Lo que hay en la novela es que el tiempo como lo pensamos es una de las numerosas formas en que lo podemos pensar. Cada uno de los nuevos soberanos de esa sociedad —los Padres—, tienen una gran prerrogativa al sumir el mando: decidir cuál es la forma que va a tener el tiempo durante su mandato”.

Caparrós añade que estamos acostumbrados a pensar que el tiempo sólo puede ser sucesivo, lineal y avanzando hacia alguna parte porque es la noción en la que vivimos, pero hay otras posibilidades como el eterno retorno que concebían las culturas prehispánicas de México.

“La más común de todas es el eterno retorno, el hecho de que vivimos en ciclos que se terminan para volver a empezar es algo bastante intuitivo porque uno ve que cada día el Sol se pone, oculta y vuelve a salir, la Luna y las estaciones del año hacen lo mismo, van y regresan. Muchas culturas pensaron su tiempo no como el que avanza indefinidamente, sino como el que vuelve sobre sí mismo y no va a ninguna parte”, explica.

Más de la mitad de las páginas de La Historia están dedicadas a notas, ¿por qué hacer esas anotaciones tan extensas?, se le pregunta al autor.

“Las notas son decisivas dentro del libro, son avances de libros enteros de la cultura calchaquí o manuales de gastronomía, de formas de hacer la guerra, de masturbarse, de poemas… es el espacio donde esa cultura realmente se construye. Quizá esas notas hacen que el libro sea difícil de leer, pero no es mi problema, yo ya lo leí y me la pasé muy bien”, precisa.

— ¿Tuvo que releer su libro?

— Sí aunque no lo acostumbro. Me dio mucho placer hacerlo y me dio dos grados muy fuertes de extrañeza porque, primero, me pareció un libro muy raro, el más raro que he leído en las últimas décadas. Esta novela no se parece a ninguna por muchas cosas: por la estructura, prosa e intención. Por otro lado es ¡qué raro que yo hubiera escrito esto! Fue interesante, muy curioso.

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