Redes y elecciones

David Gutiérrez Fuentes

1.- Para tratar de entender las tendencias que se avecinan en las redes sociales durante las próximas elecciones, hay que tomar distancia de posturas apocalípticas como las de Enrique Krauze quien el discurso de su insoportable pupilo en el Colegio Nacional se refirió a ellas como: “Esa hidra de banalidad, fugacidad, intolerancia y mentira que se ha apoderado de nuestras mentes y nuestro tiempo”.

2.- Les guste a muchos o no, la batalla política se va a librar en esa enramada. La inyección de recursos en modelos de información y propaganda agónicos como anuncios de prensa, espectaculares, spots de radio y televisión abierta o incluso de cable no va a desaparecer, desde luego, pero servirá para tejer complicidades mediante el sostenimiento de estructuras anquilosadas que despertaron tardíamente al cambio, y cuyos contenidos serán retomados de múltiples maneras en un proceso relativamente horizontal de redistribución y con no poca frecuencia de intervención de contenidos. Gústenos o no, así será. La cultura digital no es de capillas, está configurándose y tiene equivalencia con nuestro nivel de educación, acceso a la tecnología y habilidad en el manejo de la misma. Propalar un rumor a partir de un fragmento de información, hacer un meme desde un videograma o retransmitir una noticia sin alterarla por otros canales diferentes a los de la fuente original para darle contexto a un debate o incluso abrirlo, son posibilidades al alcance de todo aquel que tenga a la mano una pantalla y una conexión a internet.

2.- Cierto, el nivel del debate amenaza con ser cada vez más violento. ¿pero qué podemos esperar cuando el entramado institucional está en ruinas y muchos de sus intelectuales han contribuido de manera omisa o cómplice a derruirlo? Como en Estados Unidos, Venezuela o Argentina, lo que menos se va a atender son los proyectos razonables y los equipos de trabajo de los candidatos. El meme más chistoso se va imponer sobre el artículo de opinión mejor fundamentado o el reportaje que vaya al núcleo de una noticia y la desentrañe.

3.- No es descabellado suponer que buena parte de los recursos de campaña se vayan a la guerra sucia en la que se van a configurar distintos cárteles de la desinformación y la mendacidad. En la recta final es altamente probable que algunos de ellos negocien entre sí con su caudal lodo, sus moches, la negociación de puestos o de premios. Si se espió a periodistas y a defensores de derechos humanos, si gobernadores que quieren ser candidatos tenían redes de espionaje pagados del erario para espiar a otros políticos, si el presidente mismo llegó a sugerir que no le extrañaría que él mismo haya sido objeto de espionaje, sería cándido suponer que todas esas bolas de fango no vayan a tratar de ser utilizadas por los apostadores pluripartidistas del 2018.

4.- El escándalo ruso en la intervención de las elecciones gringas tiene más de un ángulo de mira. De ser cierto que Putin intervino con trolls para propagar noticias falsas en Twitter y Facebook para desbancar a Hillary Clinton y ayudar a alcanzar el poder a un tonto útil al frente de Estados Unidos, habría entonces también que preguntarse por el papel de las megacorporaciones como Facebook y Twitter en este perverso y todavía hipotético juego en un país propenso al escándalo como el nuestro. De acuerdo a una nota de El País, Ann Mettler, del Centro de Estudios de Estrategia Política de la Comisión Europea: “Los contenidos falsos son capaces de desestabilizar completamente los procesos democráticos. Y lo están consiguiendo. Es verdad que ahora somos más avispados y que es más difícil producir contenidos falsos porque van a ser comprobados.” Y tal vez tenga razón, pero la propalación de contenidos falsos o la magnificación de noticias que pueden dañar candidaturas será algo que tendremos que aprender a manejar y desde luego a filtrar individual o colectivamente.

5.-Así como hay lastres en la cultura digital, hay indudables avances. Gracias a ella contamos con acceso a valiosísimos bancos de información, a talentosos escritores, periodistas y críticos que han encontrado en las redes sociales el espacio para difundir opiniones que en medios cooptados difícilmente tendrían cabida. Somos testigos y partícipes de una nueva una época en los canales de información y distribución del conocimiento y nada ganamos con satanizarla.


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