Albert Camus: el absurdo y el rebelde - José Carlos Castañeda | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Noviembre, 2017
Albert Camus: el absurdo y el rebelde | La Crónica de Hoy

Albert Camus: el absurdo y el rebelde

José Carlos Castañeda

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el escenario cultural se encuentra contagiado de las pasiones políticas. En gran medida, la guerra obligó a todos a alinearse en alguna región del espectro de las ideologías. La liberación de París anunció el tiempo del ajuste de cuentas. En los juicios contra los colaboracionistas, muchas incógnitas flotaban en el aire: ¿de qué lado estás?, ¿qué valores reivindicaste?, ¿por quién peleabas? Una atmósfera de inquisición enrareció el estado del tiempo político. Las discusiones literarias se leyeron entrelíneas para captar su alcance culpable. Todo era político. Ser intelectual era defender una posición en la plaza pública. Después de los juicios sumarios contra los escritores colaboracionistas, la discrepancia intelectual se abandonó a favor de una enemistad radical. El arco iris ideológico se restringió a dos bandos. La URSS y Estados Unidos era todo lo que había. Capitalismo y comunismo nada más. Una engañosa disyuntiva que se apodera de la mala conciencia de los intelectuales ahogando las disputas culturales en un foso de ambigüedades morales y argucias retóricas.

Albert Camus nunca fue un filósofo. Era escritor. De la novela a la dramaturgia, con breves incursiones en el periodismo. Nunca hubiera caído en la tentación de redactar un tratado casi metafísico como El Ser y la nada de Jean Paul Sartre. Sin embargo, su mirada literaria creó dos ensayos de corte filosófico, en el cuales retrató a su época. Esos libros son un fiel reflejo de las dudas de sus contemporáneos. Tiempo de crisis y metamorfosis: El mito de Sísifo reflexiona sobre el sentimiento del absurdo, daño colateral de una experiencia aterradora en las guerras mundiales; en cambio, El hombre rebelde testifica el fracaso del delirio revolucionario y busca rescatar la rebeldía como una condición humana.

A finales de 1945, Albert Camus anticipó su retirada del clan existencialista. Nunca se sintió parte de ellos, aunque para muchos él era el segundo de a abordo. A diferencia de los seguidores de esa moda intelectual, Camus consideraba que en lugar de un manifiesto existencial, había escrito una crítica contra esa corriente nihilista. En una entrevista, publicada en Les Nouvelles Littéraires, el 15 de noviembre de ese año, aclaró su concepción del absurdo, nada semejante a la náusea sartreana:

“Aceptar lo absurdo de todo lo que nos rodea es una etapa, una experiencia necesaria: no debe convertirse en un callejón sin salida. Suscita una rebeldía que puede ser fecunda. Un análisis del concepto de rebeldía podría ayudar a descubrir nociones capaces de devolver a la existencia un sentido relativo”.

Camus tiende un puente entre el abismo de absurdo y la experiencia de la rebelión. Reconocer el sinsentido de la vida no invita al desánimo o el desencanto. Frente al silencio del mundo, la paradoja del suicida es desear que la vida tenga sentido, reclamarlo. Protestar. Rebelarse ante ese silencio. La experiencia absurda es la rebelión.

Ante ese continente en ruinas, Albert Camus no hace una denuncia literaria. Indaga en las razones profundas del fracaso de la revolución y busca rescatar al espíritu de la rebelión el valor de la vida: su carácter de afirmación de la alegría de vivir en contra del absurdo, en contra del asesinato. Frente al odio de los revolucionarios, reivindicó la mesura como una condición ética. En una conversación con su maestro y amigo Jean Grenier, Camus expresó el estado de ánimo de una nueva generación desencantada de las utopías ideológicas:

“En 1950, la desmesura es una comodidad siempre, y una carrera, a veces. La mesura, por el contrario, es una pura tensión. Sonríe, sin duda, y nuestros convulsionarios, dedicados a laboriosos apocalipsis, la desprecian”.

La lección de la historia del siglo XX fue un drama histórico: “se comienza amando a la justicia y se acaba organizando una nueva policía”. ¿Cómo sucedió que aquellos militantes amantes de la justicia se hicieron revolucionarios profesionales para terminar sus días como  esclavos en los Estados totalitarios?


@ccastnedaf4

 

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