TRUMP: Doble rasero frente a la violencia - José Fernández Santillán | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 09 de Noviembre, 2017
TRUMP: Doble rasero frente a la violencia | La Crónica de Hoy

TRUMP: Doble rasero frente a la violencia

José Fernández Santillán

Llama la atención el contraste de las reacciones que Donald Trump manifiesta delante de hechos violentos. Veamos: en el reciente caso del asesinato masivo perpetrado por Davin Kelley (un veterano de guerra) el domingo 5 de noviembre en la iglesia bautista de Sutherland Spring, al sur de San Antonio, Texas. En el ataque murieron 26 personas y 20 más resultaron heridas. El homicida rodeó el templo activando un fusil de asalto semiautomático. Luego entró para seguir disparando indiscriminadamente. La víctima de mayor edad tenía 77 años la de menor edad tenía apenas un año y medio. La matanza no continuó porque un vecino, Stephen Willeford, le disparó dos veces a Kelley. El multihomicida se subió a su coche y salió huyendo. Stephen Willeford y Johnnie Clay Langendorff, a bordo de un auto, persiguieron a Kelley, dando informes a la policía de su ubicación. Herido y sin escapatoria el exmilitar decidió quitarse la vida.

Trump se pronunció inmediatamente a favor de la portación de armas argumentando que si hubiese restricciones a la venta de armas las masacres serían peores: “Afortunadamente—dijo el Mandatario—alguien más tenía un arma que disparar en la dirección contraria, de otra manera hubiera sido mucho peor.” En el mismo sentido fue la declaración de Ken Paxton, Fiscal General del Estado de Texas: la gente debe portar armas para defenderse de eventuales ataques  (Mimi Swartz, “Sutherland Spring Only Happens to Be in Texas”, The New York Times, 7-XI-2017).

Para Donald Trump, el mejor medio para evitar a este tipo de hechos es el tratamiento siquiátrico, no el control de armas: “Pienso que la salud mental es aquí el problema” dijo el Presidente norteamericano en una conferencia de prensa en Tokio. “Esta no es una situación que involucre a las armas.” (USA Today, 6-XI-2017).

En contraste, el expresidente Barack Obama tuiteó el mismo día en que ocurrió la tragedia de Texas: “Nos sentimos afligidos por el dolor que sienten las familias de Sutherland Spring por esta expresión de odio, y estamos al lado de los sobrevivientes y su pronta recuperación. Quiera Dios que tengamos la sabiduría acerca de cuáles son los pasos concretos que debemos dar para reducir la violencia y las armas en nuestro medio.”

El punto de discusión en Estados Unidos es cómo asumir el problema de los asesinatos masivos cuando los perpetradores han sido hombres de raza blanca: como un asunto de salud mental (Trump) o como una cuestión que involucra el control de la venta de armas (Obama).

Hay lucrativos intereses de por medio. Está el negocio de la venta de armas que se ampara en la Segunda Enmienda; pero también están organizaciones como la Asociación Nacional del Rifle (National Rifle Association) que ejerce una gran influencia en el mundo empresarial y en los lobbies políticos de Washington.

La posición de Trump, en los casos de masacres perpetradas por “verdaderos americanos”, ha sido de condescendencia; de no involucrar el tema del control de armas sino de salirse por la tangente.

Muy distinta ha sido su postura respecto de los ataques llevados a cabo por fanáticos islamistas como fue el caso registrado pocos días antes, el martes 1 de noviembre, en una ciclopista de Nueva York cuando un yihadista uzbeko (Sayfullo Saipov) montado en un camión atropelló a varias personas, ocho de las cuales perdieron la vida y once quedaron heridas. Cinco de las victimas mortales eran de nacionalidad argentina. Un grupo que celebraba los treinta años de haberse graduado de la secundaria.

Saipov no pudo seguir su camino de destrucción mortal porque chocó contra un camión de transporte escolar. Se bajó gritando el clásico “Allahu akbar” (“Dios es grande”) como consigna de batalla. Le dispararon y hoy está detenido (The Washington Post, 1-XI-2017).

Ante este hecho Trump reaccionó endureciendo las medidas contra los inmigrantes. Lo curioso es que Uzbekistán no estaba en la lista de naciones que Trump había puesto como sujetas a prohibición de que sus ciudadanos pudiesen viajar a Estados Unidos.

El magnate neoyorkino tuiteó: “No vamos a permitir que el Estado Islámico regrese o entre en nuestra nación luego de que lo hemos derrotado en el Medio Oriente y en otras partes. ¡Es suficiente!” El 31 de octubre agregó lo que ya se preveía: “He ordenado a la Agencia de Seguridad Interna que refuerce el Programa de Veto Extremo.”

¿Y nosotros qué tenemos que ver con estos líos? Pues, tenemos que ver y mucho: Trump ha entrelazado el tema de la emigración con el de la violencia. Recientemente dijo que en México se había incrementado la inseguridad y que era necesario acelerar la construcción del muro fronterizo. Tal es la mentalidad de este mandatario ultraconservador: por un lado, defiende el uso de las armas; por otro lado, confunde, conscientemente, la emigración con la violencia. El sentido común diría que se debe restringir la venta de armas y distinguir lo que es la migración frente a lo que significa la violencia criminal y, sobre todo, el terrorismo. Pero en Trump la lógica no opera. Procede impulsiva e irracionalmente.

jfsantillan@itesml.mx
@jfsantillan

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