En la CDMX también se cuecen habas. La Asamblea dividida y el botín en disputa. - Carlos Matute González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 11 de Noviembre, 2017
En la CDMX también se cuecen habas. La Asamblea dividida y el botín en disputa. | La Crónica de Hoy

En la CDMX también se cuecen habas. La Asamblea dividida y el botín en disputa.

Carlos Matute González

Hay muchos análisis de los sucesos en Cataluña y Venezuela. Los medios de comunicación dan cuenta de las posturas irreconciliables entre grupos políticos que no aceptan la razonabilidad del otro, ni las reglas del juego democrático. La intolerancia conduce a callejones sin salida en la que el conflicto es inevitable y la tranquilidad social se pierde. Aparentemente, la división se queda en los órganos de representación política, pero paulatinamente se transfieren a la sociedad e, incluso, a las familias. Los intereses de las élites se simplifican y expresan en ideología que confrontan a los individuos quienes no ganan nada con el enfrentamiento y pueden llegar a perder mucho.

En la CDMX también se cuecen habas. Esta semana, el martes, en la Asamblea Legislativa, una votación polémica acabó en una toma de la tribuna, la terminación anticipada de la sesión, la reanudación de la misma por la mayoría que sustituyó de facto a la Presidenta de la Mesa Directiva y el nombramiento de otro Presidente. Esto ocasionó que el jueves sesionará dividida en dos lugares, por un lado, Morena y sus aliados y, por el otro, el resto de los partidos políticos encabezados por el PRD que gobierna la Ciudad.

La mayoría de la población lo ve con indiferencia o como parte de un “reality show”, otro espectáculo más, que hace evidente la decadencia de la clase política y su desprestigio, pero es más que eso. Son los prolegómenos de la batalla por los cargos públicos en la CDMX, que protagonizarán el año entrante grupos clientelares como: tianguistas, franeleros, movimientos urbanos, taxistas organizados, microbuseros, comerciantes ambulantes, locatarios de mercados públicos y un largo etcétera, en la que el botín son los puestos claves en las alcaldías y el gobierno central. En el más puro “spoil system del Tammany Hall” en el que el ganador reparte entre los activistas políticos los cargos en la administración pública de la Ciudad, cumpliendo así con el mexicanísimo refrán “no me des, pónme donde hay” y el reinicio de los procesos de capacitación y profesionalización –cuando es posible– de los nuevos cuadros que se integran al gobierno, en una permanente renovación de personas y reciclado de autoridades.

La “doble” asamblea alinea a los líderes y sus huestes en bandos diferenciados y contrapuestos, bajo consignas como: no a la privatización del reciclaje de los desechos sólidos, no a la limitación de las marchas, no a la prohibición de la mariguana, no a la sustitución de los microbuseros, no al comercio ambulante, no a los cambios de uso de suelo, no a la construcción de infraestructura que afecta áreas verdes, no al cambio de la vocación urbana de las colonias, no al Uber y Cabify, entre otros. En nada ayuda que comunicadores ampliamente escuchados, como Oscar Mario Beteta, califique de basura a alguno de los bandos, pues sólo abona al conflicto y a la intolerancia.

La mayoría de 34, es decir, uno más del 50% de los integrantes, que destituyó a la mesa directiva, recibió en una sede alterna el informe del Procurador General de la Ciudad y, evidentemente, le ofreció disculpas por las circunstancias tan lamentables en las que fue atendido. Mientras, el resto “acampa” en el salón del pleno exigiendo su derecho a dirigir la Asamblea con base en una línea ideológica no negociable, maniqueísta.

El motivo de la disputa, la gota que derrama un vaso lleno de desencuentros, es la forma de financiamiento y garantía del mismo de la planta generadora de energía a partir de residuos. Sin fijar postura sobre el tema, que no conozco a profundidad, lo preocupante es la dinámica cada vez más conflictiva y de ineficacia de la acción gubernamental en la que han hundido las izquierdas –Ebrard dixit– a la CDMX, cuyo mayor éxito es la emisión de una Constitución Política, cuestionada jurídicamente ante la Suprema Corte, que no ha solucionado ningún problema cotidiano, ni cambiado los equilibrios reales de poder entre la Federación y las autoridades locales, tal y como lo demuestra la actitud suplicante de recursos de Mancera para llevar a cabo la reconstrucción post-sísmica.

En la CDMX, la mayor presencia de grupos de activistas ideologizados en los espacios públicos con agenda propia, de bajo impacto real, con cuestiones específicas que sólo importan a una minoría ilustrada, pueden fortalecer estrategias políticas disruptivas, al más puro estilo de los separatistas catalanes, que dificulten la cooperación entre la Federación y el gobierno de la Ciudad como resultado de las elecciones del 2018. En México también se cuecen habas.

Profesor del INAP

cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

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