“La Caridad” de Tolsá, una verdadera obra de arte - Carlos Villa Roiz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 12 de Noviembre, 2017
“La Caridad” de Tolsá, una verdadera obra de arte | La Crónica de Hoy

“La Caridad” de Tolsá, una verdadera obra de arte

Carlos Villa Roiz

Cuando “La Caridad” descendió de lo alto de la Catedral de México, y ya de cerca pude contemplar el bloque perfectamente labrado y pulido, tras el asombro por la belleza de la obra, mi primer pensamiento fue que el arquitecto Manuel Tolsá no realizó esta escultura en 1813 para que fuera apreciada a 45 metros de altura, expuesta a las inclemencias del tiempo, sino de cerca.

Muchos son los méritos de Manuel Tolsá, quien como arquitecto nos legó, entre otros edificios, el Palacio de Minería y la terminación de la Catedral Metropolitana, quien diseñó el remate de sus dos torres como campanas, la linternilla y numerosos adornos muy propios de su estilo.

Son famosas las tres esculturas que adornaban la parte alta de la torre del reloj: la Fe, la Esperanza y la Caridad, las tres virtudes teologales, esculpidas un poco más alto del tamaño natural de una persona, y con un peso aproximado de 2.5 toneladas cada una, en un tipo de piedra blanca que los expertos califican de momento como del tipo de las chilucas.

Por desgracia, en el sismo del pasado 19 de septiembre, la Esperanza se vino abajo aunque por fortuna no se pulverizó, lo que permitirá el armado del rompecabezas y su restauración. La Fe se encuentra algo deteriorada, y le falta una mano, y la Caridad, es sin duda, la más bella de todas y se encuentra en mejor estado.

Durante 204 años, las tres esculturas enfrentaron la erosión por vientos, la lluvia acida producto de la contaminación, el excremento de las palomas que es altamente corrosivo, y los bruscos cambios climáticos.

Al ser la Catedral un inmueble federal, las autoridades de la Secretaría de Cultura deberán decidir si después de la restauración de las tres obras de arte, vuelven a ser colocadas en su sitio con mayores medidas de seguridad, o si se sacan réplicas en fibra de vidrio y estas serán el remplazo de las originales, cuyo destino, pudiera ser el Museo de la Catedral, un proyecto que ya lleva años en espera y que no se ha concretado.

La razón por la cual se desplomó la Esperanza es que ninguna de las tres esculturas fue anclada sobre la superficie, como se acostumbraba en la época, con una varilla de bronce. Esto posiblemente no fue un descuido si se toma en cuenta que la Catedral fue terminada en plena lucha por la Independencia.

El movimiento telúrico hizo que las tres esculturas se deslizaran hacia el abismo, razón por la que fueron retiradas con el apoyo de una grúa con capacidad de carga de 150 toneladas que fue colocada a 35 metros de distancia de las torres, y un brazo de 60 metros de largo; además se usó un montacargas que la transportó a la zona de la curia que la resguarda bajo techo.

El tiempo que se invirtió para bajar las dos esculturas fue de 11 horas, y es que se tomaron todas las precauciones en el amarrado valiéndose de largas tiras de poliéster y fibra de carbono.

Quienes presenciamos todo el desplante tecnológico, no pasamos por alto el tema de cómo fueron levantadas esas grandes rocas en el siglo XIX, necesariamente con el uso de poleas tan grandes que una persona podía caminar dentro de las ruedas.

No en balde la Catedral de México es considerada como la más importante obra arquitectónica de arte sacro en América Latina, y patrimonio cultural de la humanidad.

 

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