Los científicos pueden cambiar la economía del país | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 14 de Noviembre, 2017

Los científicos pueden cambiar la economía del país

Su desenvolvimiento en actividades empresariales de base tecnológica repercutiría de manera importante en el desarrollo nacional, señala Enrique Galindo, del Ibt

Los científicos pueden cambiar la economía del país | La Crónica de Hoy
Enrique Galindo es investigador del Ibt y ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes.

De acuerdo con datos recientes de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) —elaborada por el Inegi y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social— alrededor del 45 por ciento de la población sin empleo cuentan con estudios de nivel medio superior o superior, es decir, los más educados del país se encuentran desempleados.

“Esta administración dice ser la ‘del empleo’, pero esos tres millones que se presumen son de apenas uno o dos salarios mínimos”, señala Enrique Galindo, investigador del Instituto de Biotecnología (Ibt) de la UNAM y Premio Nacional de Ciencias y Artes. “Entonces, cómo le explicamos a nuestros alumnos que en México, mientras más estudien menos posibilidades tienen de conseguir un empleo bien remunerado. Es algo muy triste”.

Si la ciencia que se produce en el país se aprovechara en la industria y economía, esos datos de desempleo ni siquiera existirían, apunta, no obstante, la clave para lograrlo no sólo recae en industria o gobierno, sino también en los investigadores. El secretario de Vinculación del Ibt y desarrollador de un biofungicida que ha sido comercializado con éxito y ganado premios internacionales, expuso el por qué y cómo de tal aseveración, durante la Tercera Jornada de Innovación y Emprendimiento, realizada en el instituto.

NÚMEROS. Primero, contexto y perspectiva. Israel (nación invitada al encuentro) es uno de los países con mayor desarrollo científico y tecnológico plasmado en innovación (lugar 17 en el mundo, en tanto que México tiene la posición 58) y es uno de los países de la OCDE que más invierte en el sector (4.3 por ciento de su PIB, en tanto que México el 0.6 por ciento).

Tan sólo la Universidad Hebrea de Jerusalén, refirió, ha generado 10 mil patentes y alrededor de dos mil 700 invenciones por año en la última década. También 600 productos que se encuentran en el mercado, licenciando 880 tecnologías y generado 120 compañías spin off. “No encontré el número de papers que publican, quizá porque les importa más qué generan con ese conocimiento”.

Y para quienes aún están peleados entre los conceptos de investigación básica e investigación aplicada, enfatizó, la universidad tiene entre sus filas ocho premios Nobel. Todo eso lo han logrado con una plantilla de alrededor de mil investigadores.

“Eso significa que en México tan sólo con los 30 mil miembros el Sistema Nacional de Investigadores (SNI) podríamos generar 30 veces esos números…”. Pero ya más en las posibilidades reales, el biotecnólogo pone en contexto las oportunidades del país.

Datos del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), recordó, ha registrado en promedio alrededor de 16 mil solicitudes de patentes al año, de las cuales menos de mil 500 han sido mexicanas. “Podemos presumir que la UNAM es la universidad que más patenta en el país, entre 2006 y 2016 obtuvo 146 patentes,  61 de ellas fueron del Ibt, el instituto que más patenta esta casa de estudios. No obstante, aún así patentamos muy poco”. Una razón por la cual ocurre esto, dijo, es porque los investigadores en México “hacemos ciencia aplicable no aplicada”.

Ahora bien, muchos investigadores señalan que su trabajo se termina en el laboratorio o en la redacción de un artículo científico arbitrado (paper), y que el resto del camino para que se comercialice o aplique su conocimiento es tarea de la industria y las empresas. Serán ellas quienes patenten, escalen a nivel industrial, realicen las pruebas de campo o clínicas… No obstante, las empresas existentes en México son inmaduras e incipientes y desconocen la potencialidad de la ciencia y tecnología para mejorar sus procesos, por ello no invierten en el sector y dejan los números de la inversión en 0.6 por ciento del PIB (en los países desarrollados la mayor parte de los montos vienen del sector productivo).

¿Quiénes serán las empresas que demanden el personal calificado al que se refiere la ENOE en materia de desempleo? “No será Slim ni la industria manufacturera, como tampoco la petrolera o la automotriz, que son nuestros emblemas, pero tampoco serán las exportadoras de alimentos ni las maquiladoras de la frontera norte, nadie… por ello, tenemos que crear esas empresas, sólo quedamos los investigadores: las universidades públicas son las que encabezan la innovación científica y tecnológica en el país con sus 30 mil miembros del SNI”.

CIENTÍFICO EMPRENDEDOR. Antes de los cambios a la Ley de Ciencia y Tecnología de 2015, pensar lo anterior era imposible, puesto que se consideraba a los investigadores del sistema funcionarios públicos, impedidos a utilizar recursos de sus instituciones (y hacer investigación) con fines empresariales, puesto que incurrían en conflicto de interés.

Después del cabildeo legislativo encabezado por Luis Herrera Estrella, del Cinvestav, se logró convencer a diputados y senadores para que los investigadores desarrollaran nuevas empresas privadas de base tecnológica, de las cuales podrán obtener hasta un 70 por ciento de las ganancias.

No obstante, surgió un problema. Galindo señala que el decreto de ley estableció un plazo de seis meses, que venció en junio de 2016, para que las instituciones emitieran sus propios lineamientos. “No obstante, la mayor parte de los centros públicos de investigación y universidades no han emitido éstos y peor aún, las muy pocas que los establecieron fue con un espíritu contrario a lo que busca la reforma. Por primera vez en la historia se promovió un cambio legislativo que nuestras instituciones están haciendo imposible de cumplir”.

El científico enfatizó que hay muchos retos y áreas de oportunidad para los tecnólogos y científicos mexicanos y que mientras se aterrizan las leyes para promover su actividad empresarial, es vital que se informen sobre lo que deben hacer para poner en marcha esas empresas. “Requerimos empresas de base tecnológica y emprendedores de alto impacto, no paleterías, salones de belleza ni consultorios médicos, que seguirán, sino aquellas que cambiarán la economía de este país”. 


➣ Desde el Consejo Consultivo de Ciencias, Galindo y otros científicos difunden la información que requieren los científicos emprendedores, para lo cual también han redactado el siguiente artículo en las páginas de Crónica: http://bit.ly/2mnVccn

 

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