El INE en su soledad - Francisco Báez Rodríguez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 14 de Noviembre, 2017
El INE en su soledad | La Crónica de Hoy

El INE en su soledad

Francisco Báez Rodríguez

Uno de los puntos centrales de la conversación que sostuvo Lorenzo Córdova, consejero presidente del INE, con el Comité Editorial de Crónica, fue el relativo a la narrativa que construyen en México los partidos en torno a cada proceso electoral, una narrativa que habla de lo poco arraigadas que están las costumbres democráticas en nuestra clase política.

Con los partidos mexicanos no se parte del hecho, que debería ser incontrovertible, de que en unas elecciones hay ganadores y perdedores porque así lo decidieron los ciudadanos en las urnas. Se parte, por conveniencia, del supuesto de que la derrota no se debe a las decisiones ciudadanas, sino a un proceso que ha sido ensuciado por distintas causas. Nadie pierde porque no tuvo los suficientes votos: perdió porque el otro hizo trampa y la autoridad fue incapaz de evitarlo —o, peor, fue cómplice.

Como existe una democracia lo suficientemente fuerte, plural y competitiva como para que, en el día de la elección no se sepa de antemano quién va a ganar, se vuelve necesario para todos los participantes de esta subcultura ir construyendo una historia en la que se van acumulando agravios de todo tipo: que si la participación de Fulanito en tal programa de televisión equivale a hacer campaña anticipada, que si cualquier apoyo social también lo es, que si salió en el spot y no debería, que si los fiscales son a modo y un largo etcétera. Sólo de esa forma podrán decir que les robaron una elección que tenían ganada. No importa si la diferencia son unos cuantos votos o varios millones. Lo hemos visto.

Si vemos el comportamiento en los medios y en las redes sociales de los diferentes actores políticos, encontramos que esa narrativa es una constante. Cada quien denuncia las trapacerías reales o presuntas del otro y califica de campaña sucia las denuncias de los adversarios. La paja y la viga en los ojos de todos.

Nos quejamos, y con razón, que nuestra democracia es muy cara. Que hay exceso de regulaciones y candados, exceso de financiamiento público a los partidos y exceso de tiempos de campaña. Lo cierto es que, como dijo el propio Córdova, la democracia es tan cara como la desconfianza. Y en México se ha sembrado la desconfianza por doquier.

En 2006 hubo en la actuación del IFE, claramente, graves errores. Los datos venían muy cerrados, y se eludió la responsabilidad de comunicarlo con datos. Tampoco se explicó la situación de las llamadas “actas inconsistentes” del PREP. Y se prefirió una política de “discreción”, aun mientras los manifestantes pro-AMLO sacaron, desde el mismísimo primer día, pósters con el rostro de Luis Carlos Ugalde —entonces Consejero Presidente— con la leyenda de “Se Busca”. Ugalde y sus colegas optaron por hacer mutis, a pesar de que se estaba gestando en los medios y en la sociedad —es algo mensurable en las encuestas de aquellos meses— la concepción de que había habido un fraude monumental. En su silencio, los árbitros dejaron el país a la deriva y le hicieron un flaquísimo favor a la democracia mexicana.

Lo que quiere evitar Lorenzo Córdova —y creo que es lo más lógico: aprender de los errores institucionales— es evitar que algo parecido se repita en 2018. Por eso declara que dará los datos que tenga el Instituto y que no permitirá que ningún candidato quiera pasárselos por el arco de triunfo y declarar una victoria inexistente. Es simple racionalidad. Es también entender —como lo entendieron quienes encabezaron el IFE en 2000 y 2012— que el suyo es un puesto político, no meramente técnico.

El problema es, y lo constatamos con las reacciones iniciales de los partidos, que la clase política no está dispuesta a acompañar al INE en esta defensa del proceso electoral democrático. Dan a entender que todo apoyo es condicionado a lo que determine el INE a lo largo del proceso. O de plano, todo dependerá de los resultados. Por lo tanto, el proceso terminará en pleito judicial, porque ganar esta elección, cualquier elección, es más importante que aceptar las reglas de la democracia.

Córdova también sugiere —al menos así lo interpreté yo— que, detrás de esta actitud partidista hay un claro menosprecio a las capacidades del ciudadano. Siempre flota la idea de que los votos son comprables en masa, de que la aparición reiterada en spots de televisión equivale a una suerte de hipnotismo que vuelca al votante a favor de ese candidato, de que el ciudadano es persuadido con facilidad extrema (con un Frutsi y una torta, lo clásico). Y que el ejército de vigilancia y fiscalización del INE, o la participación de millones de ciudadanos en las elecciones son tan útiles como la carabina de Ambrosio.

Lo interesante es que, con el piso básico de equidad en las campañas que ha garantizado el instituto electoral, a lo largo de estos años hemos visto alternancias muy claras, en las que los electores premian y castigan a partidos y gobiernos, con un electorado que es considerado en otros países como “sofisticado”, que tiende a dividir su voto y cuyas decisiones colectivas resultan a menudo en los equilibrios políticos buscados.

A nadie se le pide un cheque en blanco. El INE no necesita complicidades ni condescendencia. Requiere, como toda institución, de atenta vigilancia social. Pero lo que no se puede es utilizarlo como blanco móvil, y como pretexto para no reconocer la auténtica fuerza electoral que se tiene. Sucede, nada más, que es uno de los mejores valladares que tiene nuestra inmadura democracia y uno de los pocos diques existentes para garantizar una mínima paz social.   

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Twitter: @franciscobaezr

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