Casi a diario nos amanecemos con alguna perturbadora nota acerca de un hecho lamentable de violencia de género. En nuestro país, desafortunadamente los feminicidios parecen ser cosa de todos los días y las alertas que hablan de mujeres desaparecidas proliferan. Algo grave aqueja a nuestra sociedad y es tiempo de prender las luces rojas de alarma, como lo están haciendo ya muchas organizaciones no gubernamentales.

Me parece que muchos de nosotros fuimos educados en un ambiente de intolerancia, en donde desde el grito de ¡Eeeeeeeeee Puto! en los estadios, hasta los memes que llegan a circular en los teléfonos mueven más la risa que la preocupación acerca de lo que denotan. Todavía recuerdo el impacto que me causó aquella convocatoria en las redes sociales a algo que llamaron el “arrimón masivo” para llevarlo a cabo en los vagones del Metro de nuestra ciudad capital. Afortunadamente prevaleció la racionalidad y dicha iniciativa fue rechazada, además de silenciada. Pero no deja de revelar un sentimiento discriminador y una cierta forma de padecimiento cultural de muchos mexicanos.

Entre las formas de discriminación que se observan a diario en nuestra sociedad, se cuenta el acoso a la mujer en las más diversas formas. Según la propia Organización de las Naciones Unidas, dicha práctica es, efectivamente, una de las dinámicas de discriminación. Esta conducta que causa ofensa o humillación a otra persona puede adquirir la forma de la solicitud de favor sexual, conducta verbal, física o gesto de naturaleza sexual. El acoso no sólo está circunscrito al ambiente laboral, sino que ocurre en diferentes aspectos de la convivencia social. Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual.

En México, el INEGI, por medio de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2016, busca trazar cuál es la magnitud de estos comportamientos de violencia de género. Para ello mide la experiencia de las mujeres en las relaciones de pareja en los hogares, así como sus vivencias en la escuela, el trabajo y la comunidad con algún contenido de violencia. Asimismo, la encuesta busca generar información sobre las experiencias de violencia que han enfrentado las mujeres de 15 años y más.

La encuesta revela que 66.1 por ciento de las mujeres han sufrido al menos un incidente de violencia emocional, económica, física, sexual o discriminación a lo largo de su vida en al menos un ámbito. Estos porcentajes se dividen en: 49 por ciento violencia emocional, 41.3 violencia sexual, 34 por ciento violencia física y 29 por ciento violencia económica o patrimonial.

Por otra parte, el porcentaje del total de mujeres que han sufrido algún tipo de violencia aumentó de 62.8 a 66.1 por ciento del año 2011 al año 2016. Y las categorías de violencia emocional, física y sexual también vieron un incremento en estos años. Los estados con mayor porcentaje de violencia son la Ciudad de México, Estado de México, Jalisco, Aguascalientes y Querétaro. Mientras que los estados con menor proporción son San Luis Potosí, Tabasco, Baja California Sur, Campeche y Chiapas.

La violencia comienza a temprana edad, 4.4 millones de mujeres de 15 años y más sufrieron abuso sexual durante su infancia, esto representa cerca del 10 por ciento de las mujeres. También, 43.9 por ciento de las mujeres de 15 años y más han experimentado violencia por parte de su actual o última pareja, esposo o novio, por tipo de violencia según periodo de referencia. Las agresiones se presentaron en 26.6 por ciento en el ámbito laboral, 43.9 por ciento en el ámbito de pareja y el 38.7 por ciento en el ámbito comunitario. Asimismo, 88.4 por ciento de las mujeres que sufrieron violencia física y/o sexual por otro agresor distinto a la pareja, no solicitó apoyo a alguna institución ni presentó una queja o denuncia ante alguna autoridad.

Es inquietante el hecho de que no haya denuncias. Tomemos en cuenta que un 78.6 por ciento de las mujeres que sufrieron violencia física y/o sexual por parte de su pareja actual o última, no solicitaron apoyo o presentaron una querella.

El Banco Mundial señala que atacar este problema depende de combinar varias políticas públicas y acciones en el sector privado. Sin embargo, 80 por ciento de las iniciativas se originan en Europa, Estados Unidos y Canadá, mientras que en América Latina existen pocas políticas públicas para eliminar la violencia de género. Por ejemplo, para 2016, sólo cuatro universidades tenían protocolos contra el acoso sexual; las universidades se encuentran en un proceso de adopción de este problema en el que 25.3 por ciento de las mujeres han sufrido violencia en el ámbito escolar.

Apenas vi el video de TED Talks en TEDWomen 2017, en donde Gretchen Carlson, ex Miss América narra su experiencia en el acoso de que fue objeto y describe la lucha que ha iniciado para lograr revertir esta tendencia que ella misma describe como una epidemia mundial, en donde de lo que se trata no es solo de sexo, sino de quitar el poder a una mujer que tiene la temeridad de alcanzar el éxito. Habiendo recogido miles de testimonios de violencia de género, hoy encabeza un gran movimiento de mujeres que se han decidido a dar el grito de ¡Ya basta!

Y mucho impacta también escuchar su apelación a los hombres a ser aliados de la mujer en esta lucha contra el acoso. Llegó la hora de superar esa malformación cultural a que me refería al inicio, atendiendo ese llamado, y tomando más en serio el tema si de verdad valoramos a nuestras madres, esposas, hermanas, primas, hijas o nietas.


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