Una revolución inconclusa - Isidro H. Cisneros | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 19 de Noviembre, 2017
Una revolución inconclusa | La Crónica de Hoy

Una revolución inconclusa

Isidro H. Cisneros

La revolución social que dio vida al país complejo y contradictorio que es México cumple un aniversario más. Sin duda, representa el acontecimiento más importante del siglo XX en nuestro país, y aunque generalmente se establece el 20 de noviembre como el inicio del movimiento revolucionario, no existe acuerdo respecto a su conclusión. Aún se discute si fue con la promulgación de la Constitución de 1917 o con la fundación del partido hegemónico en 1929, no falta incluso, quien afirma que se prolonga hasta mediados del siglo pasado, cuando se consolidó el desarrollo estabilizador. Cualquiera que sea la respuesta es necesario reconocer que la Revolución Mexicana no logró concluir con su ciclo histórico de renovación social y política. De las grandes transformaciones que marcan el inicio de la modernidad destacan las revoluciones inglesa y francesa. Esta última es considerada la más profunda porque puso en discusión la totalidad del orden existente. El antiguo régimen no era solamente una institución política, era también una compleja estructura social. En México la revolución creó sus instituciones, liderazgos y cultura política, pero éstas dejaron inconcluso el proyecto de cambios radicales que exigía el movimiento social.

La obra de Alexis de Tocqueville, El Antiguo Régimen y la Revolución, es considerada central en la historiografía revolucionaria. Lo es porque representa un caso único que descompone el objeto “revolución” y hace un esfuerzo por conceptualizarlo. Rompe el relato cronológico, aborda un problema y no un período. La revolución deja de hablar por su propia boca, en un sentido o en otro, como si su significado hubiera sido siempre claro y explícito. Por el contrario, se transforma en el campo de una interpretación sistemática en la que se aíslan el proceso de centralización administrativa bajo el antiguo régimen y su influencia sobre la democratización de la sociedad. Sostiene que la revolución se ha consolidado cuando desplaza a las clases dominantes y cuando el nuevo orden establece ciertos valores para regenerar a la sociedad. En este juego de espejos donde el historiador y la revolución confían mutuamente en su palabra, Tocqueville introduce la duda en el nivel más profundo al preguntarse: ¿y si en este discurso de la ruptura sólo existiese la ilusión del cambio? Para el historiador francés la revolución continuó en línea recta al antiguo régimen. Algo similar ocurrió en nuestro país.

Debemos afirmar que en el México actual, la única revolución posible tiene un carácter democrático. La revolución de los derechos que requerimos implica abrir una nueva época, caracterizada por el reconocimiento de la autonomía de cada individuo, la expansión de sus libertades y la afirmación de iguales oportunidades para todos. La prueba de fuego del Estado democrático consiste en no dejarse envolver en una situación de conflicto con sus ciudadanos, sino en la capacidad de responder a las declaraciones de guerra reafirmando, una y otra vez, la legalidad. La fidelidad obstinada a la ley es el único baluarte contra los males extremos del despotismo y la guerra civil. En tal contexto, la tarea de la política democrática consiste en promover una revolución de los derechos que sea compatible con la sociedad moderna y su conciencia de libertad y justicia. En esto consiste nuestro proyecto inconcluso.

isidroh.cisneros@gmail.com

@isidrohcisneros

agitadoresdeideas.com

Imprimir

Comentarios