El ocaso del paraíso - Guillermo Puente Ordorica | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 20 de Noviembre, 2017
El ocaso del paraíso | La Crónica de Hoy

El ocaso del paraíso

Guillermo Puente Ordorica

Da la impresión de que estamos ante el ocaso de un paradigma de desarrollo que lleva décadas imperante, si bien ello no es nuevo y en varias coyunturas se ha advertido su posible debacle para inmediatamente reponerse y retomar su curso. Sabemos por los aportes del método marxista de las ciencias sociales, que el capitalismo tiene como virtud su capacidad de adaptación y recuperación, lo que ahora llamamos resiliencia, aunque cabe preguntarse si ello no se debe más bien a la ausencia de alternativas reales. La crisis del 2008-2009 parecía apuntar en ese sentido ante el agotamiento del modelo y su inoperancia al amparo de la corrupción extendida en varias latitudes del mundo, asociada a la burbuja inflacionaria y la fácil disposición de dinero líquido y crediticio que fue a parar a todos lados menos a incentivar el aparato productivo. La globalización se agudizó y se extendió facilitando la circulación de bienes y capitales, haciendo de la economía mundial más interdependiente, pero en los ámbitos político y social los efectos resultaron menos alentadores y al movimiento global de las ideas no correspondió el de las personas. Pensemos en el fenómeno de la migración contemporánea y las crisis que ha producido en distintos países ante su falta de receptividad, concretamente en el caso de los desplazados sirios como consecuencia de la agudización de la guerra civil en ese país hacia Europa. Para el profesor Ivan Krastev del Instituto de Ciencias Humanas de Viena, los 1.5 millones de sirios que emigraron a países de la Unión Europea no son en realidad un problema de números, sino de demografía en el sentido de que ciertas migraciones poseen un potencial capaz de alterar la estructura social y cultural, digamos tradicional, de ese país o región en cuestión, lo cual produce en su imaginario un sentimiento de ansiedad y por ello de rechazo, que aunque puede ser injustificado, no deja de ser real por los cambios que puede producir.

Por un lado, el dinamismo del quehacer humano ligado a la economía y el comercio durante los largos años de la globalización de finales del siglo XX y lo que va del presente, fue objeto de fuertes transformaciones, produciendo mayor riqueza en lo general, pero sin una correspondencia similar en otras esferas, acentuando tendencias regresivas que han favorecido la inequidad y aumentado la pobreza, por ejemplo, pero también concentrado aún más los privilegios en pocas manos, sin que los sistemas políticos lo largo del mundo hayan podido crear las capacidades necesarias para conducir adecuadamente dichos procesos (Grexit y Brexit son claros ejemplos de estas contradicciones).  Por el otro lado, la democracia como paradigma político triunfante al término de la guerra fría, ha sufrido diversos descalabros en años recientes, lo que ha preocupado a diversos especialistas que ven riesgos de declive en distintos países, incluyendo a aquellas occidentales consideradas como democracias consolidadas, en las que el sistema de partidos políticos se ha erosionado y los llamados populismos han cobrado terreno y ganado elecciones. El mismo profesor Krastev se pregunta si la democracia puede sobrevivir si no confiamos en nuestros líderes, subrayando el supuesto elemental para el funcionamiento adecuado de cualquier estructura pequeña o grande, que es precisamente la confianza.  No exento de polémica, sugiere que para los países poderosos, a diferencia de los pequeños, la noción entre ganadores y perdedores en lo internacional y en su interior, es no solamente diferente sino esencial para los primeros, y que en esa medida, la sobrevivencia en condiciones tan cambiantes e imprevisibles como las actuales, puede ser una victoria en sí misma. Pensemos al respecto, en el esfuerzo de prevalencia del nacionalismo blanco en una sociedad que se ha caracterizado históricamente por su formación como nación de inmigrantes y sujeta a un fuerte fenómeno de sincretismo cultural y social, como la estadounidense en su etapa actual.

Desde una perspectiva amplia, la coyuntura más allá de su especificidad pudiera estar sobreponiendo distintos tiempos pasados y presentes, haciendo más incierto el futuro, ya que a los grandes avances, por ejemplo, en la ciencias y la tecnología, no se han correspondido cambios igualmente profundos en lo político, económico y social, generándose, por el contrario, espacios para el resurgimiento de viejos fenómenos, aparentemente extintos, para explicar el presente y pretender corregir la marcha de la mano de la intolerancia religiosa, la evocación de los nacionalismos más excluyentes, la desigualdad, la corrupción a gran escala y la regresión al autoritarismo, entre otros varios fenómenos de antiguo cuño. Es claro que el paraíso nunca existió.

gpuenteo@hotmail.com

 

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