Será una campaña diferente - Francisco Báez Rodríguez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 20 de Noviembre, 2017
Será una campaña diferente | La Crónica de Hoy

Será una campaña diferente

Francisco Báez Rodríguez

La campaña electoral ya se viene sobre nosotros y hay varias razones para preguntarse si será distinta de las otras y responder que sí.

Algunas de estas razones son obvias. Aparecerá, por primera vez, un frente partidista (que se dice “ciudadano”, pero todavía no lo es) cuya integración implica un corte transversal en las ideologías de antaño, y que se presenta como opción ante la búsqueda del PRI por repetir y ante el tercer intento de López Obrador por llegar.

Este frente, además, trae como uno de sus elementos consustanciales la existencia de un gobierno de coalición, si llegara a ganar, que sería una novedad. Tampoco está dicho que si gana el PRI, no buscaría un gobierno de coalición. Eso dependerá del candidato y la campaña.

Otra novedad son las candidaturas independientes. Es seguro que habrá varias para las diputaciones federales, muy probable que también para algunas senadurías, y posible –de acuerdo con los ritmos de recolección de firmas– que haya una o dos para la Presidencia de la República.

En el proceso de recolección de firmas, llama la atención la participación de Marichuy Patricio, la aspirante impulsada por el EZLN. Es casi seguro que no alcance la cuota exigida, pero abre la posibilidad de que una expresión política importante, que no había sondeado la vía electoral, opte en el futuro por hacerlo. 

De darse el caso, la candidatura de Margarita Zavala apelará al voto panista más tradicional y más renuente a cualquier cosa que huela a izquierda. El de Jaime Rodríguez, El Bronco, pugnará por ver si logra algo más allá del voto regional. No se ven, por ahora, posibilidades de que alguno de ellos llegue a contender en serio, pero sí le pueden quitar votos a los partidos tradicionales, favoreciendo, en los hechos, a López Obrador.

También tendremos –al menos eso promete el INE– tres debates que se alejarán del formato tradicional, que al menos darán más tela de dónde cortar a la hora del chisme político y que encierran la posibilidad –sólo eso, una posibilidad– de que haya un poco más de confrontación de ideas y proyectos que en las otras ocasiones.

Pero lo más relevante, me parece, es que el proceso electoral se va a llevar a cabo en un ambiente social crispado. Con mucho enojo acumulado y con los partidos políticos en la lona en cuanto al aprecio popular. Pensar que esto va a llevar a una abstención inédita sería, sin embargo, una conclusión simplista. La tendencia de los ciudadanos ha sido siempre la de expresarse en las urnas.   

Sin embargo, ese ambiente debería llevarnos a suponer que la lógica de las ofertas que suelen manejarse en los procesos electorales mexicanos no va a tener los mismos efectos que en otras ocasiones. Para decirlo rápido: es posible que esta vez la economía no sea el tema central.

La economía nacional no va bien. Crece lentamente y con salarios demasiado bajos. Pero tampoco va mal, dado el contexto internacional. Se mantiene la estabilidad macroeconómica, hay creación de empleos formales (y formalización de algunos informales). El norte del país, especialmente, crece a tasas más que razonables. Además, está en proceso la renegociación del TLCAN, en donde la parte mexicana puede decir, sin sonrojarse, que se ha defendido decentemente.

Está muy claro que el mantenimiento de la estabilidad económica será uno de los temas centrales en la campaña del PRI. De ahí el interés por subrayar la cantidad de inversiones que han llegado al país, como muestra de confianza. De ahí la obsesión por las evaluaciones de las empresas calificadoras del extranjero. De ahí la reiteración machacona de los empleos formales que han sido creados.

La pregunta es si ése va a ser el tema que defina hacia dónde se inclinan las boletas. Porque uno lee las encuestas a lo largo del tiempo y ve que no hay cambios en la percepción de lo económico, pero sí los hay en la percepción del gobierno y de los gobernantes. Eso quiere decir que el tema está en otro lado.

No hace falta ir muy lejos para entender en dónde está. Basta ir a las elecciones de 2016, en las que los electores de estados con altas tasas de crecimiento y de formalización decidieron cambiar de partido. La gente no votó con sus bolsillos. Entonces, ¿cuáles son los elementos comunes? La percepción de inseguridad y de altos niveles de corrupción en la clase política.

Es seguro que las propuestas económicas son fundamentales para imaginar el futuro de país que queremos, y para decidir de acuerdo con ello. Es probable que los candidatos y las coaliciones partidarias centren mucho de su esfuerzo de campaña en ello. Es posible que, a final de cuentas, eso termine importando menos de lo que suponen.

El problema es que, para lo otro, la lucha contra la violencia desatada y contra la corrupción, las propuestas que hemos visto son vagas o inatendibles. No hay partido que se salve del salpicadero (aunque haya quien cree que cruza los pantanos sin mancharse). Habrá qué ver si alguien se atreve a hablar de temas tan poco atractivos como el estado de derecho, la importancia de tener instituciones funcionales y la necesidad de destinar más eficientemente los recursos en la lucha contra el crimen organizado y de cuello blanco, cuando es más fácil ofrecer tarjetas, becas y bonos varios, menos impuestos y la felicidad en este mundo.

Quiero pensar que si ese alguien se atreve, y delinea un proyecto mínimamente creíble, va a sorprender a muchos. (Creo que la palabra clave es “creíble”, y la clase política entera tiene un grave déficit de credibilidad).

En cualquier caso, en la campaña habrá muchos brincos, y harto lodo, pero la gente votará más por temas de moral pública y de seguridad, que por lo que diga su flaco bolsillo.

fabaez@gmail.com

www.panchobaez@blogspot.com

Twitter: @franciscobaezr

Imprimir

Comentarios