Democracia y resultados - Sergio González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 22 de Noviembre, 2017
Democracia y resultados | La Crónica de Hoy

Democracia y resultados

Sergio González

En el altar más elevado de nuestra democracia, hemos entronizado el procedimiento electoral en una especie de fundamentalismo en el que rendimos un culto exacerbado a la boleta, la urna y el recuento.

La verdad es que estamos viendo el “descentramiento” de las elecciones del núcleo de nuestro régimen político; ante esa emergencia, no es casual que les hayamos agregado el calificativo de “íntegras”, como para hacerlas más interesantes o auténticas.

Los comicios ya no son el único clasificador de un sistema político como constitucional y democrático. Son apenas uno de los fundamentos, pero la sociedad demanda eficacia y rendición de cuentas de los funcionarios electos, de los que ellos designan y exige resultados de los programas, políticas y presupuestos que diseñan y ejecutan.

En efecto, en el renovado y amplísimo circuito de rendición de cuentas mexicano, los comicios son solo uno más de los métodos para “hacer comparecer” al funcionario o al gobierno entero para que explique su gestión y resultados y, en su caso, aplicarles sanciones por incumplimiento. Recordemos que el circuito incluye también las normas e instituciones de la fiscalización superior, el combate a la corrupción, la transparencia, la justicia administrativa, los archivos, los ombudsperson y la defensa jurisdiccional de los derechos humanos.

La clase política, en todas sus expresiones partidistas, lo olfatea y empieza a reaccionar. Las candidaturas independientes y el nuevo sistema nacional anticorrupción (que debió llamarse “de integridad pública”) son apenas dos de las manifestaciones de sus buenos reflejos, pero no han logrado revertir el desencanto social con la democracia ni la indignación ciudadana por la pobreza de resultados de los gobiernos recientes.

Dos estudios novedosos, ambos de 2016, denotan el arrancadero de una fase superior de la ominosa “desconsolidación” democrática, que ya he abordado en estas páginas; ambos ofrecen ingentes cantidades de datos históricos, sociales, económicos, políticos y electorales, son escritos por autores serios y publicados por editoriales de prestigio, por lo que no podemos ignorarlos.

El primero es de Van Reyboruck, filósofo y politólogo belga: “Contra las elecciones, cómo salvar la democracia” en el que, esencialmente, propone que dejemos de resistirnos a la selección por sorteo de nuestros representantes. El segundo es de mayor alcance, escrito por Jason Brenan, Profesor de la Universidad de Georgetown, denominado “Contra la Democracia”, publicado por la editorial de la Universidad de Princeton, en el que con toda claridad denuncia la ineficacia del mecanismo comicial en su expresión actual y propone sustituirlo de plano por una “epistocracia”, el gobierno de los más preparados.

En estos días de borrasca pre electoral, de nubes negras que se ciernen sobre la boleta, la urna y el recuento, debemos hacernos cargo de que es hora de aceptar que, como dice Nohlen, la legitimidad política de entrada, la del proceso electoral, está ya muy bien, (aunque un poco sobrevaluada) mientras que la legitimidad política de salida, la de resultados sociales útiles y oportunos, está muy desmejorada y sobre ella es la que hay que insistir. Democracia sin resultados no es democracia.

gsergioj@gmail.com

@El_Consultor_

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