Paul Auster: el taller de la escritura - José Carlos Castañeda | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 23 de Noviembre, 2017
Paul Auster: el taller de la escritura | La Crónica de Hoy

Paul Auster: el taller de la escritura

José Carlos Castañeda

Con motivo de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, estará en México el escritor norteamericano Paul Auster. Durante el primer fin de semana recibirá la medalla Carlos Fuentes y presentará su más reciente novela, titulada con una serie de números: 4 3 2 1. Después de siete años de silencio literario, Auster regresa a la narrativa con su obra más ambiciosa, no sólo por su extensión de casi mil páginas, sino por su incursión en un género más realista. En sus propias palabras: “Todo es directo e inmediato, no hay trucos ni ilusiones. La única audacia es la estructura. Se me ocurrió de repente, un día que estaba leyendo el periódico en el estudio: en lugar del viaje de una persona desde que nace hasta que se asoma a la edad adulta, contaría cuatro trayectorias distintas con variaciones sobre un trasfondo común”. Una pregunta está detrás de todas las tramas que entretejen la historia central como si fuera un laberinto de relatos que retorna al punto de inicio: ¿Recuerdas el día en que cambió tu vida?

Hace algunos años, Paul Auster publicó un conjunto de piezas literarias, donde reunía artículos periodísticos, ensayos y narraciones breves. Experimentos con la verdad es título de esas divagaciones sobre el arte de la escritura. En este libro incluye una entrevista realizada por Mark Irwin. A manera de homenaje a este gran autor de novelas entrañables como Leviatán, El libro de las ilusiones, La noche del oráculo, La trilogía de Nueva York y Brooklyn Follies, ofrezco una selección de sus reflexiones sobre el taller del escrito. En palabras de Paul Auster:

“En el fondo, creo que mi obra procede de una situación de intensa desesperación personal, de una manera profundamente pesimista y nihilista de ver el mundo, del hecho de que seamos mortales y efímeros, de la insuficiencia del lenguaje, de lo aislados que vivimos de los demás. Y sin embargo, al mismo tiempo, he querido expresar la belleza y extraordinaria felicidad de sentirse vivo, de respirar, la alegría de estar vivo dentro de tu propia piel. Conseguir arrancar palabras de todo esto, por insuficientes que puedan ser, es la esencia de todo lo que he hecho. Lo que quiero decir es que eso tiene importancia. Y los personajes que aparecen en mis libros luchan por cosas que les importan. Nunca he sido capaz de escribir acerca de lo que parece interesar a la mayor parte de novelistas: lo que podríamos denominar el factor sociológico, el mundo de cosas que nos rodean, el mundo de gustos y modas. Mi literatura es más simple que eso, es más profunda, es, probablemente, mucho más ingenua. Trata de vivir y morir y hallarle un sentido a lo que hacemos en este mundo. Todas las preguntas fundamentales que te haces cuando tienes quince años, intentar aceptar el hecho de que vives en este planeta, encontrar alguna razón para existir. Éstas son las preguntas que impulsan a mis personajes. De alguna manera, creo que es el elemento de mis novelas que les vincula con mi obra poética, y el motivo por el que pienso en mi obra como un todo continuo y no como dos movimientos diferenciados. Por eso a veces me cuesta considerarme novelista. Cuando leo a otros novelistas, por mucho que admire su obra, por mucho que me impresione lo que son capaces de expresar, me sorprende lo poco que tienen que ver con lo que yo intento hacer. Supongo que con el tiempo he acabado considerándome, más que un novelista, alguien que cuenta historias. Creo que las historias son el alimento básico del alma. No podemos vivir sin historias. De una manera u otra, toda persona se alimenta de ellas desde que tiene dos años hasta que muere. La gente no tiene por qué leer necesariamente novelas para satisfacer su ansia de historias. Ve la tele o lee tebeos o va al cine. Les lleguen como les lleguen, estas historias son cruciales. A través de las historias luchamos por hallarle sentido al mundo. Eso es lo que me hace seguir adelante: lo que justifica que me pase la vida encerrado en una pequeña habitación, poniendo palabras sobre el papel. El mundo no se derrumbaría si no volviera a escribir otro libro. Pero a fin de cuentas, no creo que sea una actividad completamente inútil. Formo parte de la gran empresa humana que intenta encontrar sentido a lo que hacemos en este mundo. En el proceso de escribir hay muchos momentos de desolación, muchos momentos en que te preguntas por qué lo haces y qué sentido tiene: a veces es importante recordar que no lo haces en vano. Ésta es la única cosa que he encontrado que para mí tiene sentido”.


@ccastanedaf4

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