Inseguridad, oscura perspectiva - Aurelio Ramos Méndez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 25 de Noviembre, 2017
Inseguridad, oscura perspectiva | La Crónica de Hoy

Inseguridad, oscura perspectiva

Aurelio Ramos Méndez

Decepcionante, por decir lo menos, así resultó el capítulo de seguridad pública contenido en el Plan de Desarrollo 2018-2024 de Morena y su seguro candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador.

El problema número uno del país, representado por los escandalosos niveles de inseguridad y violencia cuyo motor sin duda es el tráfico de drogas, está planteado en ese documento con vaguedades y lugares comunes, sin ninguna propuesta específica para atenderlo.

Tal tratamiento de este trascendental tema, apenas pergeñado y notoriamente desenfocado, causa desazón. Y preocupación. Porque hablamos del partido que --según las encuestas—tiene las mayores posibilidades de llegar al poder.

En momentos en que cifras oficiales muestran el fracaso del gobierno de Enrique Peña Nieto en el campo de la seguridad –“situación muy compleja”, según extemporánea queja de Miguel Osorio Chong– y lo han marcado como el sexenio más violento de la historia reciente, grandes esperanzas estaban cifradas en el puntero de los candidatos para 2018.

Conocida la partitura del tabasqueño, sin embargo, la perspectiva es aterradora.

En lo que va del siglo ya conocimos las cruentas estrategias tanto del PAN como del PRI, con saldo conjunto, hasta ahora, de unos 160 mil muertos. ¡Casi el doble de muertos que dejó la guerra de Bosnia, cuyos artífices acaban de ser sentenciados a cadena perpetua por genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra!

Un eventual triunfo electoral de AMLO no significaría, a juzgar por su plan de gobierno, ninguna otra cosa que más de lo mismo.

El tabasqueño colocó en el primer lugar de sus desvelos la necesidad de eliminar la corrupción. Ni la menor duda cabe respecto a la gravedad y dimensión de este fenómeno. Pero la inseguridad y la violencia ya están convertidas en cáncer que carcome y desangra todo el cuerpo social.

Esta violencia atroz se debe --por mucho que el discurso oficial lo niegue como treta para desvirtuar soluciones de fondo y sacarle el bulto al tema-- a la ilegalidad de las drogas. Medida decretada e impuesta al orbe por los Estados Unidos, lo mismo que la onerosa y fallida guerra contra las substancias ilícitas.

El rico y poderoso narco es el principal combustible de todas las formas de delincuencia. Y el principal agente del mayúsculo deterioro social e institucional y la corrupción rampante en todos los niveles de gobierno, sectores económicos y estratos sociales. Todo ello, a despecho del río de dinero canalizado para tratar de combatirlo.

Frente a esta realidad, ante los más de 90 mil muertos en lo que va de la presente administración, con todos los indicadores delictivos al alza y a razón de ¡cuatro homicidios por hora!, el proyecto de Morena no sólo no propone sino que ni siquiera alude a la única solución posible: la legalización de las drogas.

El documento presentado por el vástago de José Vasconcelos, el embajador Héctor Vasconcelos Cruz, sostiene que el problema de la inseguridad es mucho más profundo que un asunto de policías, narcotraficantes y ladrones.

Afirma que se trata de una crisis de valores y de convivencia, marcada por el resentimiento social a causa de la pobreza y la falta de oportunidades, particularmente para los jóvenes.

Y sostiene, apodíctico, que la solución de fondo pasa por enfrentar desempleo, pobreza y desintegración familiar, y particularmente, “pasa por sustituir al narcotráfico como opción económica para los jóvenes por opciones de educación y trabajo honesto”. Suena bien; pero no explica cómo conseguirlo.

Se entiende que el puntero en las preferencias electorales se cuide de concitar el repudio –si es que no lo tuviera aún —del gobierno de los Estados Unidos mediante provocadoras propuestas de legalización de los estupefacientes. Sobre todo en momentos en que Donald Trump ha declarado emergencia nacional de salud debido a las muertes por sobredosis.

No obstante, del candidato que puede llegar a gobernarnos se esperaba al menos la enunciación de la legalización como una medida para ser evaluada. Si se quiere, remota y selectiva para ciertas substancias; pero, en todo caso, levemente esperanzadora.

Del 2000 a la fecha, de acuerdo con datos oficiales, en la tierra del Tío Sam ha muerto medio millón de adictos; 64 mil de ellos tan sólo el año pasado, con decesos a un ritmo de ¡175 al día!

En la mayoría de los casos se trata de muertes causadas no por drogas llevadas por codiciosos, perversos y deshumanizados narcos mexicanos o de otras latitudes, sino de opiáceos producidos por laboratorios farmacológicos gringos y susceptibles de ser adquiridos en las farmacias.

Si se repara en que la industria farmacéutica hizo archimillonarios donativos a la campaña electoral de Trump, es fácil concluir que este mandatario, que está duro y dale con el muro fronterizo dizque para proteger su sociedad, es en realidad uno de los principales aunque indirectos homicidas. ¡Ni una sola voz se ha alzado dentro del gobierno mexicano para decirlo así, con todas sus letras!

La legalización ha sido recomendada literalmente por medio mundo. En nuestro país incluso por quienes ya ejercieron el cargo que el tabasqueño anhela, Ernesto Zedillo y Vicente Fox.

Y ha sido propuesta también por legisladores y ex altos funcionarios que, lástima, al igual que aquellos ex mandatarios, en su momento no movieron ni un dedo para promover la medida, el ex canciller Jorge Castañeda y el ex vocero presidencial Rubén Aguilar.

El proyecto de Morena sostiene que en las últimas décadas la política exterior ha estado excesivamente enfocada hacia América del Norte y por ello requiere diversificación. Y anticipa que con Estados Unidos este partido buscará “una relación de respeto y colaboración, no de enfrentamiento”.

Y abunda:

“Proponemos una alianza para el desarrollo, en vez de una mera colaboración militar y policiaca contra el crimen organizado. Pensamos firmemente que tal alianza, de beneficios mutuos, sí es posible”. Como puede verse, nada nuevo ni concreto.

Así, mientras el más aventajado de los aspirantes se presenta con las manos vacías y las estadísticas exhiben el desmoronamiento de las actuales políticas, incondicionales de Felipe Calderón ya aprovechan la coyuntura para tratar de reivindicar el calderonato. Intentan hacerlo aparecer no imperceptiblemente menos sanguinario, sino más eficaz que el peñismo.

No nos dejemos engañar. En el saldo de muertos hay virtual empate. Calderón y Peña forman la proverbial yunta se Silao, aquella en la cual era tan malo el pinto como el colorao.

El ex presidente afanoso por repetir en cuerpo ajeno en el cargo fue artífice de la guerra antinarco, que convirtió el país en un inmenso cementerio, con unos 70 mil  homicidios. Y el mandatario cuyo gobierno ya está en con el sol a la espalda resultó un entusiasta del continuismo.

Sin la más mínima esperanza de cambio, preparémonos para experimentar –gane quien gane-- el recrudecimiento de la violencia. Y mayor decadencia como país.

aureramos@cronica.com.mx

 

Imprimir

Comentarios