La inclusión social en América Latina - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 26 de Noviembre, 2017
La inclusión social en América Latina | La Crónica de Hoy

La inclusión social en América Latina

Manuel Gómez Granados

En estos días de noviembre en que ya todo huele a sucesión presidencial, de París llegó un texto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos titulado Mejorando la inclusión social en América Latina que, a pesar de los muchos errores de edición y traducción que le caracterizan, vale la pena leer para entender qué está pasando en México y otros países de nuestra región que, por más que sus presidentes pronuncien encendidos discursos, nomás no pueden hacer realidad las promesas de mejora económica para sus habitantes.

La utilidad del documento, que está disponible en http://bit.ly/InclusiónLAOCDE2017, se desprende tanto del acceso a las bases de datos de la OCDE, como de la disposición que ese organismo tiene para dejar de lado la ideología y atenerse al análisis de la información disponible. En lo que hace a México, uno de los hallazgos más importantes es que la política social del gobierno de México es simplemente inútil.

Lo que se redistribuye vía programas sociales no alcanza más que para administrar la miseria. Es cierto, se eliminan algunos de los rasgos más perniciosos del subdesarrollo, como los pisos de tierra y la falta de drenaje, pero lo que ofrecen los cientos de programas no tiene un efecto importante en la distribución del ingreso. Quien tenga acceso al texto podrá ver la gráfica 5, que ocupa la parte baja de la página 25, que demuestra cómo mientras en Irlanda, Alemania o Austria, las transferencias a los grupos más vulnerables reducen hasta más del 25 por ciento de la desigualdad, medida a partir del índice Gini, en países como México, Brasil o Chile, esa cifra no representa ni cinco por ciento, y específicamente en México no representa ni siquiera 2.5 por ciento.

Ello está íntimamente vinculado a tres factores. El primero: en la mayoría de los países de América Latina, los ingresos fiscales, es decir, lo que se recauda por medio de impuestos, no llega a ser ni siquiera 30 por ciento del total del PIB. Gracias a ello, la capacidad del Estado para redistribuir el ingreso está limitada a lo que se obtenga por medio de otros ingresos fiscales (concesiones, impuestos a materias primas, etc.). En segundo lugar, buena parte de lo poco que está disponible para remediar problemas, se pierde como resultado de complejos mecanismos de corrupción, como los que usaron Javier Duarte y otros exgobernadores mexicanos en los últimos años, por medio de empresas fantasma y otros recursos similares.

En tercer lugar, está el problema de la informalidad. El documento de la OCDE presenta a México con un contingente de trabajadores informales, superior al promedio de América Latina, básicamente de igual proporción a los de Nicaragua o Paraguay, que son países que ni de lejos podrían compararse con México en términos de su capacidad exportadora. México, sin embargo, ha logrado dar forma a un perverso equilibrio en el que coexiste un sector formal de la economía, integrado a cadenas productivas globales, con un sector informal en el que subsiste casi 60 por ciento de su población económica activa.

Encontrar una solución a esta realidad debería ser la prioridad de las propuestas de los partidos políticos de cara a la elección de 2018. El documento de la OCDE ofrece algunas soluciones a los problemas que describe. Sin embargo, algo en el aire nos dice que, más bien, la elección será una época para hacer promesas que luego no se cumplirán, agravando la otra crisis que vive México: la crisis de confianza en sus instituciones y en los mecanismos de participación democrática.

manuelggranados@gmail.com

 

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