La verdadera falsa realidad - Fernando de las Fuentes | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 27 de Noviembre, 2017
La verdadera falsa realidad | La Crónica de Hoy

La verdadera falsa realidad

Fernando de las Fuentes

La realidad no es otra cosa que la capacidad que tienen de engañarse nuestros sentidos.

Albert Einstein

 

A la mayoría de la gente no le interesa desarrollar la conciencia porque no cree que podrá encontrar en ella remedio a sus preocupaciones, solución a sus problemas ni satisfacción a sus apetitos. 

No le encuentra sentido al autodescubrimiento, y ha reducido la búsqueda a Google, donde halla cualquier “verdad” prefabricada que le haga falta, filosófica, religiosa o ideológica, para reforzar sus paradigmas o creencias.

Todos, en algún momento, depositamos nuestra identidad en esos paradigmas, porque nadie nos dijo que hay más yo fuera de lo que creemos que somos y que la experiencia de vida sin tiempo, sitio, ni pensamiento, es decir, transpersonal, es lo trascendental.

Nadie nos enseñó a experimentarnos como energía y conciencia pura. Estamos tan desconectados de nosotros mismos, que la connatural actividad de la meditación --la forma en se conecta nuestra alma con el espíritu--, se ha convertido en una técnica que hay que aprender y practicar durante años para “iluminarse”.

Nos convencieron de que la conciencia es el paradigma, esa verdad prefabricada que reforzamos con información y raciocinio, o a la que sobreponemos otra verdad prefabricada cuando ya no nos sirve. “Pienso, luego existo” se convirtió en el fundamento de una falsa conciencia: lo que interpreto sobre lo que percibo es real y verdadero, y eso, en el mundo moderno, privilegia el saber sobre el conocer, el tener y hacer sobre el ser y el razonar antes de experimentar.

Tenemos vida exterior, pero no interior. El ruido mental nos guía. Pensamientos raudos, dispersos, desatendidos, nos distraen de lo fundamental y, como lupas, enfocan solo el detalle, mientras ignoran la función y el sistema.

Ahí tiene usted el paradigma aspiracional del american dream: no hay limitantes ni límites, todos podemos lograr lo que queramos solo con nuestro esfuerzo. Lo único que necesitamos es mucho crédito y todavía más trabajo para pagar el crédito.

Somos esclavos del sistema financiero, que puede apretar la soga que ha puesto alrededor de nuestro cuello y ahorcarnos cuando quiera, pero eso no se ve ni se siente, distraídos como estamos en procurarnos todos los bienes, servicios, baratijas, chucherías, placeres, logros intelectuales, físicos o profesionales, ventajas sociales y demás que creemos necesitar para alcanzar nuestros sueños y colmar nuestros apetitos, que ni siquiera son nuestros, sino los que nos han dicho que deben ser.

No aceptamos nada que nos contradiga, porque entonces lo que pensamos y creemos dejaría de ser verdadero; nos sentiríamos extraviados. No queremos desarrollar la conciencia porque no queremos renunciar a las preocupaciones, los problemas y los apetitos que conlleva el paradigma, y que necesariamente se vuelven intrascendentes cuando “despertamos”.

Sin embargo, la conciencia, la verdadera, está siempre ahí, sin que la reconozcamos ni, por tanto, accedamos a ella.  La primera distinción que hay que hacer entre ambas es que la falsa es estática, solo se mueve cuando se mueve el paradigma, la real es independiente, evolutiva, autocorrectora, abarcante y personalísima.

La verdadera conciencia depende del error visto como el paso obligado para mejorar. Artistas, inventores y científicos tienen una relación transpersonal con la vida, inspiración sin pensamiento ni razonamiento, ensayo y error, autocorrección y evolución.

 

La conciencia es ese experimentarse más allá del yo egoico, del ruido mental, en un tiempo que no es un tiempo y un sitio que no es un sitio, donde se conoce de primera mano, y luego, al utilizar las herramientas de la mente para manifestarlo, se accede al saber qué y cómo. Así le sucedía a Einstein.

Eso y no otra cosa es la espiritualidad al fin y al cabo: habitarse uno mismo, tener vida interior, observarse, experimentarse y conocerse. Es la manera de existir plenamente y no en un sueño. Es la única forma real de ser el centro del universo, porque exploramos el microcosmos que somos para conocer el macrocosmos.

(Militante del PRI)

delasfuentesopina@gmail.com

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